Los factores de riesgo vienen definidos como cualquier característica hereditaria o congénita, a cualquier situación ambiental, o a cualquier comportamiento personal que aumenta la probabilidad de que un individuo concreto padezca una determinada enfermedad. Su conocimiento facilita el cálculo del riesgo individual de sufrir una enfermedad y al mismo tiempo proporcionan información fundamental a la hora de diagnosticar y tratar esa enfermedad en ese paciente.

En el glaucoma existen importantes limitaciones derivadas del hecho del desconocimiento del papel real que desempeñan los factores conocidos hasta el momento y de la falta de demostración de relación causa-efecto en muchos de ellos.

Los factores de riesgo actualmente conocidos son:

1 Sexo

2 Raza

3 Edad

4 Antecedentes familiares

5 Diabetes

6 Presión arterial

7 Miopía

8 Presión Intraocular

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 Sexo

No existe unanimidad en cuanto a la prevalencia por sexos y hay estudios que indican una afectación mayor en las mujeres (relación 2/1), aunque nuestra experiencia clínica y la de la mayoría de los autores consultados no parece mostrar diferencias entre ambos sexos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 Raza

Existe una mayor prevalencia e incidencia del glaucoma primario de ángulo abierto en las razas más pigmentadas. Estudios realizados sobre la prevalencia del glaucoma demostraron una frecuencia 4.7 veces mayor del glaucoma primario de ángulo abierto en la población de raza negra que entre la raza caucásica de la misma región estudiada, demostrando también que la enfermedad afecta a individuos más jóvenes y su curso es más grave. Hay otros estudios que muestran una frecuencia de ceguera en la raza negra 8 veces superior a la caucásica, aunque aquí habría que valorar cuidadosamente los factores socio-económicos y sanitarios.

 

 

 

 

 

 

 

3 Edad

La incidencia y prevalencia del glaucoma primario de ángulo abierto aumenta de forma considerable a partir de los 45 años, siendo muy poco frecuente el diagnóstico de la enfermedad en la raza caucásica por debajo de esa edad. Esta incidencia es 7 veces mayor a partir dEn este aumento de la incidencia podría estar involucrado el aumento de la presión intraocular con la edad, aunque los estudios de progresión de las lesiones glaucomatosas a partir de hipertensión ocular en la población indican la importancia de la edad como factor de riesgo en el desarrollo del glaucoma.

 

 

 

 

 

 

4 Antecedentes familiares

Este es uno de los factores de riesgo más conocidos y aceptados. El riesgo de diagnóstico de glaucoma en individuos con familiares glaucomatosos en primer grado oscila entre un 5 y un 15%, aunque el riesgo hereditario genérico se cifra en torno a un 20%.

Los factores genéticos también afectan de forma significativa a otros parámetros involucrados en la patogenia del glaucoma, tales como la presión intraocular, la facilidad de salida del humor acuoso y la relación E/P de la papila.
El mecanismo exacto de transmisión todavía es desconocido y se habla de forma genérica de herencia multifactorial.

 

 

 

 

 

 

5 Diabetes

La relación entre diabetes y glaucoma, que clásicamente se ha establecido, actualmente está en revisión. Se ha demostrado una relación directa y significativa entre diabetes y presión intraocular, pero no así entre diabetes y glaucoma.

Hay una serie de hallazgos clínicos que sugieren algún tipo de relación: los diabéticos tienen una mayor probabilidad de tener glaucoma que los no diabéticos y los diabéticos también presentan unas cifras de presión intraocular más elevadas y una mayor relación E/P.

 

 

 

 

 

6 Presión arterial

Se intuye una relación entre la presión arterial sistémica y el glaucoma aunque es compleja y a veces contradictoria. La hipotensión arterial condiciona una reducción en el flujo sanguíneo de la papila por disminución de la presión arterial de los vasos sanguíneos del nervio óptico, agravándose por el aumento de la presión intraocular y dando lugar a la lesión glaucomatosa. En este caso una hipertensión arterial debería mejorar la situación anterior, sin embargo hay estudios que demuestran una progresión de los defectos glaucomatosos en relación directa con la hipertensión arterial.

 

 

 

 

 

 

 

 

7 Miopía

La presión intraocular se encuentra en cifras más elevadas en pacientes miopes que en los emétropes e hipermétropes. Sin embargo, la dificultad que presenta la miopía a la hora de evaluar las lesiones papilares y los defectos campimétricos hace que sea difícil establecer una relación causa-efecto clara entre ambos.

 

 

 

 

 

 

 

 

8 Presión Intraocular

El factor de riesgo con el que se ha podido establecer una más sólida relación causa-efecto con el desarrollo del glaucoma en la cifra de presión intraocular. Esta relación es tan antigua como el glaucoma.
Sin embargo, desde hace tiempo se ha excluido de la definición de glaucoma, ya que cuando coexiste una hipertensión ocular con lesiones características de la papila y defectos campimétricos específicos, el diagnóstico de glaucoma no ofrece duda. El problema surge al aplicar criterios diagnósticos más estrictos donde un porcentaje elevado de pacientes diagnosticados previamente de glaucoma que serían excluidos del grupo.

La relación de la presión intraocular con el glaucoma es evidente: los ojos con valores basales elevados de presión intraocular tienen un mayor riesgo de desarrollar lesiones glaucomatosas en la papila que los ojos con valores basales más bajos. Dicho de otra forma, el riesgo de padecer glaucoma aumenta de forma exponencial con el valor de la presión intraocular. En una población de más de 40 años la probabilidad de tener una lesión glaucomatosa con cifras de presión intraocular de 15 mmHg es muy bajo o insignificante, con valores por encima de 20 mmHg el riesgo es 13 veces mayor, y con cifras superiores a 30 mmHg la probabilidad aumenta hasta 40 veces. A la vista de estos datos, uno se puede preguntar cuál es el problema que presenta la determinación de la presión intraocular para detectar aquellos pacientes susceptibles de sufrir glaucoma.

Los problemas surgen de las propias características que tiene este parámetro ya que se trata de una variable compleja que cambia en función de múltiples factores como:

a) La edad: la presión intraocular aumenta desde el momento de nacer hasta la edad adulta, manteniéndose en valores estables hasta los 70 años y a partir de este momento disminuye.
b) El horario diurno: Existe una fluctuación a lo largo del día, que se cifra entre 3 y 6 mmHg en ojos normales y aumenta de forma significativa en ojos glaucomatosos. En las primeras horas del día los valores son más elevados lo que hace imprescindible hacer una curva tensional diurna para conocer de forma precisa las cifras tensionales de un paciente.
c) La postura: la posición de decúbito-supino modifica la presión intraocular en 3-6 mmHg y la inversión total de la cabeza durante un tiempo superior a 5 minutos da lugar a duplicar la presión intraocular en individuos normales y glaucomatosos.
d) El ejercicio físico: puede dar lugar a disminuciones de hasta un 25% de la presión intraocular, excepto en glaucomas pigmentarios donde la dispersión de pigmento puede condicionar una hipertensión ocular transitoria.

La presión intraocular se distribuye de forma continua entre la población y el riesgo de padecer un glaucoma aumenta con la hipertensión ocular, pero se trata de un valor tan inestable que impide obtener valores absolutos de normalidad y de patología. Al mismo tiempo, no hay una cifra de presión intraocular que permita diferenciar a las personas sanas de aquellas con riesgo elevado de tener una lesión papilar glaucomatosa.

A pesar de estas consideraciones, y de la certeza de que existen otros factores involucrados en la patogenia del glaucoma, la presión intraocular es por el momento el único parámetro que podemos modificar en el proceso glaucomatoso y toda la terapéutica va dirigida a reducir la cifra de presión intraocular hasta un rango de valores que constituyan la presión intraocular ideal para ese nervio óptico y en ese momento de la vida de forma que pueda considerarse segura para el paciente. Y si después de alcanzado este valor la lesión del nervio óptico progresara, es evidente que esta presión intraocular es excesiva y hay que reducirla más.

El concepto de presión intraocular alta y baja, con ser tenido en cuenta, no es suficiente y actualmente la dirección adecuada en la actuación frente al glaucoma está orientada hacia la detección precoz de los cambios patológicos en el nervio óptico (alteración anatómica) y la aparición de defectos campimétricos (alteración funcional), que son las verdaderas manifestaciones de la enfermedad glaucomatosa y adecuar la estrategia terapéutica a detener la progresión de estas alteraciones.