Introducción

Las enfermedades cerebrovasculares (ECV) son todos los procesos patológicos del Sistema Nervioso Central (SNC) debido a la afectación primaria de sus vasos sanguíneos (1). Ellas constituyen el problema actual más importante de la neurología y la neurocirugía contemporánea y unas de las causas fundamentales de morbilidad en la mayoría de los países, con una prevalencia mundial estimada entre 500 y 700 casos por cada 100 000 habitantes (2).

Dichas enfermedades son responsables de un gran número de ingresos hospitalarios; representan del 50-60% de los efectuados en los servicios neurológicos, provocando a los pacientes que la padecen un alto grado de discapacidad y enormes gastos a las instituciones sanitarias nacionales e internacionales, lo que determina su importancia desde el punto de vista médico, económico y social (1).

En los países desarrollados las ECV ocupan la tercera causa de muerte en la población adulta, por detrás solamente de las cardiopatías isquémicas (3). La incidencia de éstas oscila alrededor de 200 casos por cada 100 000 habitantes por años (4,5). Las ECV se clasifican en dos grandes grupos: isquémicas y hemorrágicas, y todos los estudios consultados ofrecen resultados similares en cuanto a la frecuencia relativa de cada tipo. Expresados en valores médicos, los infartos cerebrales de un 80% (el 20% es de origen embólico y el 60%, aterotrombótico) y las hemorragias del 20% de un 12-15% aproximadamente son intracerebrales, y de un 5-7%, subaracnoidea (3,4). En los Estados Unidos, por poner un ejemplo, las ECV causan 200 000 muertes cada año y un número considerado de discapacidad (6).

·       Específicamente en Cuba afectan el 1% de la población adulta 15 y más años de edad, del 4-5% de los mayores de 50 años y entre el 8 y 10% de las personas mayores de 65 años (7)

Constituyen la tercera causa de muerte con un índice de mortalidad de 61.5% por 100 000 habitantes; fueron responsables de 6112 defunciones en el año 1984 y constituyen el 12,4% del total de fallecidos cada año(1).

Las Enfermedades Cerebrovasculares Isquémicas (ECVI), que fueron el objeto de estudio de nuestra investigación, se clasifican atendiendo a diferentes criterios; así tenemos los que dividen atendiendo a la evolución clínica del paciente y el perfil temporal de los mismos en:

·       Ataques Transitorios de Isquemia (A.T.I): Son todos los defectos de la función neurológicas de carácter focal y naturaleza vascular, de comienzo súbito y breve duración, generalmente minutos y nunca mayor de 24 horas, con recuperación total de las funciones neurológicas.

·       Defecto Neurológico Isquémico Reversible (D.N.I.R): Es un defecto de la función neurológica que dura más de 24 horas, pero que desaparece completamente antes de los 21 días.

·       Infarto Cerebral en Progresión o Evolución: También es un defecto neurológico con iguales características a la anterior, pero que pasado el tiempo correspondiente a cada subsistema arterial, continúan apareciendo nuevos signos y síntomas.

Múltiples son las causas de ECVI, pero es la ateroesclerosis la que juega el papel fundamental en la génesis de la misma (1). Hasta hace poco, apenas nada se podía hacer para prevenir o tratar esta enfermedad y desgraciadamente esta continúa siendo el sentimiento general en gran parte de los ambientes sanitarios internacionales; sin embargo, los avances realizados en conocimiento de la fisiopatología y la patogenia de estos procesos durante las dos últimas décadas, han permitido establecer pautas efectivas para la prevención, así como bases para el tratamiento de la misma (8-10).

Las medidas profilácticas han disminuidos de forma importante la incidencia de las ECV desde 1970 (3,4); ellas son:

·       Reconocimiento y control de los factores de riesgo vasculares, en especial, el tratamiento de la HTA (3, 4,11).

·       Identificación y potenciación de factores protectivos como dieta, ejercicios físicos moderados y posiblemente la terapia estrogénica en mujeres postmenospausicas (11).

·       Utilización de antiagregantes plaquetarios para la prevención de la Isquemia Cerebral en pacientes con riesgos (12,13,14).

Tratándose de una afección que predomina en las personas de 50 años y más, y teniendo en cuenta que este grupo etáreo crece continuamente en el mundo con el aumento de las expectativas de vida de la población adulta, es de suponer que tanto la incidencia, prevalencia, mortalidad y morbilidad de las ECVI aumente considerablemente en el mundo en los próximos años (7).

Se toma como norma la búsqueda de los factores de riesgo de padecer esta enfermedad y con el ánimo de modificarlos siempre que sea posible, para aplicar consecuentemente el único pilar de tratamiento con resultados verdaderamente espectaculares: la prevención, motivo más que suficiente para sentirse atraído hacia la investigación del comportamiento epidemiológico en la población atendida en nuestro hospital.

Por todo lo anterior y por ser una de las líneas priorizadas por el Minsap, es que nos motivamos a realizar nuestra investigación.