INTRODUCCIÓN

El  dolor   es  una  experiencia   vital   muy   presente,   quizás   más   de  lo  deseado,   que   nos   acompaña,  cuidándonos,  en  la   previsión  del   peligro; brinda  la  opción   de  aprender  a   ponernos   en  el   lugar   del prójimo y favorece el surgimiento de ideales tales  como la solidaridad y  la cooperación.  Este  se  vuelve  un enemigo   cuando  nos aísla,  nos   margina,   cuando   él   mismo   se   transforma   en  un  intruso  cotidiano; constituyendo  además una  vivencia que  hace  que  el  que  lo  padece,  en  algún   momento   pida   ayuda a un  familiar, al  médico,  al psicólogo, recibiendo diferentes y dispares respuestas.

El   dolor   ha   sido   definido   por   la    Asociación    Internacional   para   el    Estudio  del  Dolor  como  una experiencia   sensorial   y  emocional  desagradable   asociada   con  un  daño   real   o   potencial,  o descrita  en  términos    de  tal   daño (1)(2);  sin  embargo,  además   de   los  componentes   sensoriales   y  afectivos  de   la   experiencia   dolorosa,   existen  también  distintas  alteraciones   de  la  conducta   que  la  acompañan.  El sufrimiento  individual puede suponer hipervigilancia, dependencia, desconfianza, hostilidad, irritación.  Es  por  esto,  y  para  conseguir  un  manejo efectivo del dolor, que  deben  tenerse en cuenta cada uno de los niveles de la experiencia  dolorosa: sensorial, afectivo y conductual.
La  humanidad  desde  antaño  ha  tratado  de acallar  al dolor,  de  ahogarlo; otras  veces  de enmudecerlo o negarlo  siendo  su  tratamiento  y  alivio un  derecho  humano  básico  que  existe  independientemente de la edad, el sexo, la raza o grupo social de pertenencia.
Por  otra  parte  este  constituye  el   síntoma  más  frecuente   por  el  cual  los  pacientes  solicitan  valoración médica, resultando un verdadero problema de salud dado su impacto negativo  sobre  el estado funcional y la calidad de vida de los aquejados.
La  tarea  terapéutica  del médico es doble: descubrir y tratar  la causa del  dolor,  y tratar el dolor en sí, sea o no   tratable  la   causa   fundamental.  Se  plantea  que  en  la  actualidad se  pueden apreciar deficiencias  en su  manejo  dadas   por  diversos  motivos  entre   los  cuales  tenemos :  una  escasa  información  clínica,   la persistencia  de   errores  de  información   y   la  existencia  de  actitudes que dificultan su manejo(1);  es  por esto  que  deben  constituir  objetivos   por  parte  del  profesional  de  la  salud  el  hecho  de  ser conscientes de  las deficiencias  actuales  y  por  tanto  de la necesidad de búsqueda de conocimiento adecuado,  ya sea desde el  punto de vista fisiopatológico,  clínico, terapéutico o farmacológico, siendo precisamente éstas  las razones   que  nos han  motivado  a  realizar   la   revisión  bibliográfica  del   tema,  la   cual  a  partir   de este momento queda a  su consideración. Esperamos sinceramente le sea útil lo que aquí se expone.

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