HOSPITAL UNIVERSITARIO CLINICO QUIRURGICO “COMANDANTE MANUEL FAJARDO”

 

 

“EDUCACION SEXUAL EN LA ADOLESCENCIA”

 

Autores:

 Dra. Mayra R. Hernández Peterssen

Especialista de 1er. Grado de Psiquiatría.

Profesor Asistente

Dr. Felipe B. Gonzalez Vega

Especialista de 2do. Grado en Medicina Interna

Profesor Auxiliar

 

 

“En la vida sexual se manifiesta no sólo lo que al hombre le ha dado la naturaleza, sino también lo que- elevado o ruin- le ha reportado la cultura”.

 

Lenin.

 

 

 

INTRODUCCION

 

La sexualidad es una fuerza positiva y enriquecedora de la personalidad y de la vida, sin embargo no es nada nuevo para ningún médico en general ni psiquiatra en particular la frecuencia con que hombres y mujeres,  solicitan ayuda a causa de trastornos derivados de ella, y que no se limitan a disfunciones de esta esfera, sino que incluyen conflictos de la relación de pareja y afecciones psíquicas, sobre todo de índole afectiva, con sus consecuentes repercusiones negativas en el ámbito social (3, 16, 25, 28 y 31), Enfermedades de Transmisión Sexual, embarazos precoces y/o  no deseados, solicitudes de interrupción de los mismos, temores o inhibiciones sexuales por falsos conceptos luego de haber sufrido enfermedades o intervenciones quirúrgicas, sentimientos de inferioridad provocados por  auto valoración del propio desarrollo físico o de sus capacidades de respuesta sexual, por sólo mencionar algunas (3, 10, 13 y 15).

 

Al preguntarnos si podemos considerar sana a una persona sometida a las tensiones derivadas de estas preocupaciones y dificultades sexuales, resulta evidente que no podemos valorarla así, puesto que consideramos la salud sexual como una  categoría singular con peculiaridades que la distinguen, pero con rasgos que son comunes a los inherentes a la salud mental en lo particular, y que se manifiestan en forma general como parte imprescindible y enriquecedora  de la salud como lo universal, formando una conexión indisoluble, cual si fueran una unidad.

 

Sin embargo, lejos estamos de alcanzar la meta y  el hecho en sí representa un reto abierto a todos los que profesionalmente estamos llamados a garantizar la salud de la población.

 

Con independencia de que resulta imprescindible hacer un análisis integral del proceso de formación del individuo como ser social en sus múltiples interacciones y esferas como un todo único, para comprender la génesis de los síntomas, disfunciones y conductas patológicas que son objeto de nuestra especialidad, no se puede obviar el proceso de investigación de lo particular como paso necesario para su integración posterior, por lo que decidimos trabajar sobre un factor que consideramos básico en ello: el de la Educación Sexual.

 

Desde nuestro punto de vista el problema, importante en cualquier etapa de la vida, cobra mayor interés en la adolescencia por ser un grupo muy vulnerable a riesgos de salud sexual y a sus consecuencias sociales, a lo cual se suma  que este grupo se encuentra en franco incremento demográfico, dándose el caso que hoy más de la mitad de los habitantes del planeta son menores de 25 años y 1/3 de ellos adolescentes de entre 10 y 19 años  esperándose que en el 2020 cerca del 15% de la población mundial pertenezca a ese  grupo, alcanzando la cifra de más de 120 millones de habitantes en América Latina solamente. (29 y 30)

 

Además, el incremento de esta población y "sus problemas" son un fenómeno asociado al mundo actual, el cual, como casi siempre sucede, se presenta en toda su magnitud y dimensión antes que la sociedad esté preparada para ofrecerle soluciones efectivas, por lo que se constituye en un problema social cuyo reconocimiento e importancia demográfica, cultural, sicosocial y económica es relativamente reciente.

 

Por último, y no por ello menos importante, también creemos que el trabajo sobre este grupo poblacional nos permite un reflejo más amplio desde el punto de vista social, ya que los adolescentes reflejan en sus manifestaciones ideas que le han sido trasmitidas por sus padres y otros adultos, a la vez que incorporan sus propias valoraciones y razonamientos que los diferencian y ubican en la avanzada social reflejando el futuro inmediato.  Por ello consideramos que el trabajo educativo en este sector puede potenciar a la sociedad para que sea más auténtica y saludable en cuanto a la vida sexual. (14)

 

En este punto de nuestras reflexiones cabe preguntarse cómo intervienen las influencias biológicas y sociales y los valores materiales y espirituales obtenidos y trasmitidos por el hombre en el desarrollo histórico social para la adquisición de una expresión sexual plena y saludable y en específico sobre el papel de la Educación Sexual concebida en los cánones de nuestra moral socialista sobre dicha adquisición.

 

La búsqueda de las respuestas nos llevó a la conclusión de que nunca podríamos encontrarlas en el marco de una ciencia en particular y que la naturaleza específica del conocimiento de estos temas sólo puede analizarse en el marco de la relación dialéctica de la Filosofía, las ciencias particulares y los Valores y responderse en los límites de las teorías marxista-leninistas que exigen la cientificidad y objetividad como premisas indispensables.

 

 

OBJETIVO

 

Analizar el papel que juega el factor educacional dentro de la actividad cognoscitiva práctica para alcanzar una plena salud sexual en la adolescencia en forma tal que manifieste su riqueza en el plano de la Salud en general.

 

DESARROLLO-

 

 La sexualidad como manifestación de la personalidad es un fenómeno complejo y multivariado, con tantas formas de expresión como diversos somos los seres humanos portadores de ella, pero tradicionalmente se ha tendido a esquematizarla en fuertes estereotipos sociales o a supeditarla a poderosas fuerzas biológicas ocultas.

El peligro de la sociologización del hombre no es menos real que el de la biologización, pues al materializarse en enfoques y prácticas educativas impiden el crecimiento pleno de esa importante esfera de la vida. (12)

Por suerte últimamente un grupo cada vez más numeroso de teóricos se adhiere al criterio integracionista que considera el carácter biosicosocial del hombre, con el cual nos identificamos, pero antes de abordar el tema, creemos imprescindible dejar por sentadas algunas de nuestras posiciones conceptuales:

 

Ø   Todo fenómeno psicológico es, desde su génesis, resultado de la acción dinámica de los procesos externos e internos que actúan sobre el individuo a lo largo de toda su vida y entre ellos los de naturaleza biológica y social juegan un papel decisivo.

Ø   Lo interno y lo externo interactúan como un sistema donde cada uno mediatiza al otro y a la vez ambos son mediatizados por la actividad psíquica propia o, si se prefiere, por la personalidad según el nivel de desarrollo alcanzado en cada etapa.

Ø   El producto final de este interjuego dialéctico tiene un carácter único, irrepetible e indivisible en cada ser humano y es imposible fraccionarlo para saber hasta dónde cada cualidad psicológica es resultado de una u otra de sus premisas, por cuanto conforma en sí misma un fenómeno nuevo y cualitativamente diferente.

 

Sobre este basamento teórico podemos argumentar que los procesos anatomofisiológicos inherentes al sexo tales como los sexos cromosómico, genético, gonadal, endocrino e hipotálamo-hipofisario, constituyen el fundamento de las especies sexuadas, incluyendo al hombre, siendo el principio básico para la diferenciación física entre hombre y mujer y también, indirectamente, para su diferenciación psicológica.

En el momento del nacimiento, la determinación y asignación del sexo del bebé a partir de sus genitales, desencadena un sistema de influencias socioeducativas muy fuertes sobre este, que condicionarán en gran medida el fenómeno de sexualización psicológica.

Entre el 1er. y 3er. año de vida, teniendo por fundamento la imagen corporal, y como parte esencial de la formación del Yo (de la autoconciencia y la autovaloración), se comienza el complejo proceso de diferenciación sexual sociopsicológico que da lugar al sentimiento y la conciencia de sí mismo como un ser masculino o femenino, fenómeno de carácter permanente y estable denominado "identidad de género". (2, 12 y 24)

Sobre esta base se despliegan un conjunto de procesos psíquicos: necesidades, sentimientos, valores, actitudes, conceptos, capacidades y aspiraciones hacia el propio sexo y hacia el otro, que conforman el núcleo de la sexualidad sobre el que se comienza, consciente e inconscientemente a construir, de forma personalizada la sexualidad, según la forma en que se interpretan los modelos y valores sociales que adquieren significado para él.

La llegada de la pubertad, con sus cambios corporales que la anuncian y que marcan el inicio de la adolescencia, determina una nueva etapa de aprendizaje que provoca desconcierto tanto en los púberes como en los adultos cercanos.

 

Nosotros realizamos un estudio estadístico que abarcó al 49.6% de la población adolescente estudiantil del Municipio Plaza de la Revolución, en el cual exploramos diversos aspectos que nos permitieron valorar el Nivel de Información Sexual que posee, así como también obtuvimos datos referentes al nivel de maduración y algunos aspectos relacionados con la conducta sexual.

De los resultados de dicho estudio haremos referencia en el desarrollo de la exposición que sigue a continuación:

 

Caracterización Biosicososcial del Adolescente.

 En este proceso ocurren acelerados cambios anatómicos, fisiológicos y psicológicos, siendo de gran importancia la aparición de los caracteres sexuales secundarios y la menarquía en la hembra y la primera eyaculación o eyacularquía en el varón.

Estos cambios puberales ocurren cada vez más temprano según investigaciones de varios países (1, 10, 11, 13, 19 y 24). En nuestro entorno la menarquía se sitúa en edades de 13.01 años, siendo la encontrada en nuestro estudio de 12.1 años. En cuanto a la eyacularquía no se tienen datos exactos, pero se estima ocurre entre los 14 y 15 años, lo que también es más precoz que en pasadas generaciones. Nuestra población reportó este evento en los 13.2 años.

Sin embargo, la maduración biológica no se complementa con la simple adquisición de la capacidad de fecundar. El resto de los cambios endocrinos y osteomioarticulares van produciéndose más lentamente.

En el plano psicológico se adquiere una mayor autoconciencia, cambian los intereses, hay rebeldía, se establece un deseo creciente de independencia y hay predominio de la afectividad en la conducta: mucha alegría-tristeza, miedo, vergüenza, inseguridad, inconformidad, y fascinación.  Se experimentan con fuerza sentimientos amorosos y atracción por el otro sexo sin que aún exista la capacidad de constancia para mantener vínculos estables y duraderos.

Paralelamente se van desarrollando los sentimientos superiores, cobran importancia los valores de grupo y colectivo, y se desarrolla la preparación ideológica y técnico-profesional.

Las sociedades clasistas han tendido a establecer, desde la antigüedad hasta nuestros días, rígidos y esquemáticos estereotipos sobre lo considerado como femenino o masculino  reglamentando todas las manifestaciones del sujeto. El modelo social de sexualidad se ha convertido, por tanto, en un fuerte mandato cultural que refuerza toda conducta que lo reproduzca y sanciona lo que se le aparta.

En consecuencia en el proceso de sociabilización se le enseña al niño desde muy pequeño a actuar  conforme a las expectativas del medio, llegándose al extremo, como resultado de esta educación sexista, a conformar diferencias, supuestamente de género, en términos de polarización y contraposición en las relaciones de poder y fuerza, que tiene más relación con los elementos socioculturales y, por tanto opcionales, que con el propio sexo. A la niña se le enseña a inhibir su sexualidad y a resaltar rasgos de personalidad como la fragilidad, la sumisión y la pasividad, lo que lleva a que el instinto sexual en la adolescencia sea canalizado hacia la afectividad y el romanticismo, y a que sus vivencias sexuales dependan más de factores socio-emocionales que de los puramente biológicos. Su conducta va más dirigida a la búsqueda de prestigio y aceptación social que a la acción de impulsos sexuales.

En cambio los varones, frecuentemente educados en concepciones machistas, en la adolescencia intentan demostrar su pujante virilidad impulsados tanto por factores biológicos como sociales, buscando constantemente fuentes de estimulación y llegando a despreciar los vínculos sentimentales al verlos como "una debilidad femenina".

En el marco de la sociedad este mismo proceso se vive de manera diferente por parte de los adultos, principalmente por los padres, los cuales sienten confusiones  y necesitan tiempo para reconocer a su hijo, relacionarse con sus cambios, respetarlo y ayudarlo. (6 y 16)

El desconocimiento y el miedo a la adolescencia es tan grande que se tiende a descalificarla y a verla como una simple etapa de tránsito. Para la sociedad no son niños ni adultos, y al no entenderlos, o se les ponen "grilletes" al desarrollo, con la fantasía de evitar el cambio, o se les abandona no prestándoles la atención debida.

Aunque en otros medios sociales no ocurre así puesto que la pubertad trae consigo obligaciones y responsabilidades, en el nuestro es evidente que la maduración social se va haciendo más compleja por la voluntad de aumentar la escolaridad de la población y porque los avances científico-técnicos y el desarrollo de la tecnología obligan a prolongar el período de instrucción técnico profesional, con lo que el inicio de la vida laboral y la independencia económica se alcanzan más tarde.

A pesar de ello el adolescente empieza a jugar un papel en la sociedad y adquiere responsabilidades y por tanto deberes y derechos, por lo que deben establecerse nuevos tipos de relación basados en el respeto, la colaboración y la confianza mutuas.

 

 Manifestaciones derivadas de la conducta sexual de los adolescentes en la actualidad.

 Tanto en Cuba como en otros países se observa un incremento en las relaciones sexuales extramatrimoniales entre adolescentes, con altos porcentajes de los que han realizado el coito antes de los 18 años (1, 2, 10, 14, 15 y 20), siendo la media reportada en nuestro estudio de 14.2 años en el 62.2% de aquellos que  ya habían vivido esta experiencia.

 

Del total encuestado 83% manifestaron haber vivenciado el orgasmo, 36% por caricias heterosexuales, 14% por masturbación, 24% por "otras vías" y 47% durante el coito.

 

Practicaba la masturbación el 24% de la muestra, 76% de la masculina y sólo el 10% de la femenina, predominando la práctica "ocasional" de la misma. El 47% de los encuestados había tenido ya más de tres parejas sexuales, predominando la población masculina con el 69%. Para la femenina la frecuencia fue entre 2 y 3 parejas para el 48%.

 

En cuanto al tiempo de duración de la relación, lo más frecuente fue de menos de 3 meses en el 28% de los casos y de 3 a 6 meses en el 34%.

 

Con respecto a la fidelidad, la diferencia por sexos fue ostensible, manteniendo fidelidad el 93% de la población femenina y solo el 52% de la masculina.

 

Algunos datos de interés fueron que el 51% realizó el coito por deseo de los dos, pero no es despreciable el 10% de la población femenina que lo hizo instigada por el deseo de la pareja. El 3% de la masculina lo reporta también así. La mayoría de la población femenina lo realizó por sentimientos amorosos (88%), mientras que el 72% de la masculina lo hizo por simple atracción física.

 

El tiempo de la relación antes de realizar el coito osciló desde el mismo día de conocerse (18%), a la semana (28%), y entre 2 semanas y 2 meses (20%) como tiempos más frecuentes.

 

Un 83% consideró la experiencia "más o menos" agradable, mientras que el 10% la consideró "desagradable" (8% de la población femenina) y 5% "decepcionante" (6% de la población masculina y 10% de la femenina).

 

80% no usó anticonceptivos en su primera relación y el 67% no lo usa actualmente. De los que los usan, sólo el 17% emplean el preservativo (24% de los hombres) y 16% los anticonceptivos orales (37% de las mujeres).

 

En esta población se reportaron 28 embarazos, 77% de los cuales fueron por no uso de anticonceptivos. De ellos 25 condujeron a abortos provocados, 1 a deserción escolar y 2 a retardo escolar.

 

El 11% de la muestra bajo estudio había contraído alguna enfermedad venérea, aunque este dato no resulta confiable pues varios encuestados reportaron "leucorreas" sin precisar la causa.

 

Varios estudios en nuestro medio alertan sobre estos problemas y otros, como el uso del aborto como método anticonceptivo (6, 13, 24 y 27) y el aumento de las Enfermedades de Transmisión Sexual en edades más jóvenes (6, 13, 20 y 27), así como el "rejuvenecimiento" de la fecundidad debido a que las cubanas  tienen hijos en edades más tempranas. (26 y 27)

 

Son altas las tasas de matrimonios precoces y alto el índice de divorciabilidad (6, 24, 26, 29 y 34) y la mortalidad infantil y materna en estas edades es muy superior incluso que en las mujeres mayores de 40 años,  sin contar con las afectaciones de salud consecuentes para la madre y el niño. Todo esto sin desatender los estudios referentes a los índices de deserción escolar que deja a estas muchachas en franca desventaja para su futuro socioeconómico, constituyéndose en carga para la familia y la sociedad, y que traen un ser al mundo que habrá de desarrollarse sin las posibilidades físicas, psíquicas y sociales que hubiera merecido, y que habrá de formarse en hogares incompletos, como ocurre en 1/3 de la población infantil.

 

LA EDUCACION SEXUAL. SU PAPEL EN LA PROMOCION DE SALUD.

La salud no es un fenómeno estático, sino una condición dialéctica dinámica para mantener el equilibrio frente a los requerimientos del medio. (4, 15 y 16)

Mucho se ha discutido sobre si la adolescencia es o no una etapa libre de enfermedad, sobre la existencia de conflictos o crisis generacionales, pero en lo que hay total coincidencia es sobre la importancia de la salud en general y de la salud mental en lo particular durante la misma, para lograr la incorporación plena a la sociedad en etapas posteriores de la vida. (1, 2, 3, 6, 9, 13, 14 y 16)

Sin embargo, sin una sexualidad sana es imposible hablar de salud en general, cosa que corroboramos en el análisis de los resultados de nuestro estudio al conocer que estos adolescentes viven con temores y osadías, aciertos y fracasos, errores y ¡ERRORES! Y que ciertas experiencias les provocan angustias, depresiones e insatisfacciones mientras que otras ponen en peligro sus vidas y las de otros.

En esas condiciones resultó obvio que una parte de ellos sufre las implicaciones negativas de sus conductas a causa del desconocimiento, pues la valoración del nivel de información sexual, que en forma general fue calificado de Regular, mostraba fallas en el conocimiento de temas y subtemas específicos relacionados con las conductas a que hicimos referencia en el acápite anterior.

En este aspecto de salud la tesis de que prevenir es mejor que curar es obviamente válida, ya que el trabajo profiláctico no solo resulta menos costoso económicamente que el curativo, sino que también evita preocupaciones, desengaños y otros sufrimientos humanos. Por eso  la Educación Sexual debe ser iniciada desde la infancia, coincidiendo plenamente con el principio pedagógico que establece que toda información debe ser brindada antes de que el individuo se vea precisado a llevarla a la práctica.

En un trabajo bien realizado no existe peligro de anticipación. Tal y como planteara Kurt R. Bach, estas informaciones se mantienen latentes y cobran efectividad en el momento oportuno. "En todo caso, es mejor hablar con un año de anticipación que con un minuto de retraso".

En la Educación Sexual deben estar presentes 2 aspectos básicos: la Formación, que corresponde al hogar e incluye las actitudes, normas y valores acerca del sexo que contribuyan al propio bienestar y al de la sociedad, y la Información sobre todo lo referido a la sexualidad, propiciada tanto formal como informalmente y que puede proceder de amigos, padres, maestros, médicos, libros, medios de comunicación masiva, etc.

El trabajo debe ser encaminado a capacitarlos para dominar los problemas relacionados con la sexualidad, con el fin de evitar sentimientos de vergüenza o culpabilidad, creencias infundadas y otros factores psicológicos que puedan inhibir la relación sexual o perturbar las relaciones o la respuesta sexual, así como protegerlos con la adecuada información contra los riesgos del desenfreno y la falta de responsabilidad y precaución, y  contra el peligro de ser víctimas de delitos sexuales o de incurrir en ellos por desconocimiento. (1, 15 y 16)

No se trata, como dijera Kon, de "inmunizarlos" contra la sexualidad, pues sería contraproducente tratar de privarlos de un requisito importante para la dicha, sino de ayudarlos a armonizar sus necesidades biológicas con las psíquicas y las sociales, única forma de lograr la relación enriquecedora para su propia vida y la de la pareja, lo que consideramos como base de una adecuada salud sexual.

Federico Engels planteó que "libertad de voluntad no significa otra cosa que la capacidad de poder decidir con conocimiento de causa" (33) y ese conocimiento es el que tenemos que brindarle a nuestros jóvenes mediante una correcta educación en los aspectos biológicos, psicológicos y éticos, para que puedan actuar con toda responsabilidad y disfrutar plenamente de la libertad que nuestra Revolución, francamente humanista, les ha garantizado.

 

Papel de los padres, educadores y médicos en la educación sexual

 Constituye una premisa aceptada que en la Educación Sexual de la joven generación  los adultos, y en particular los padres y educadores deben dirigir los primeros intercambios heterosexuales, orientándolos adecuadamente pero respetando su independencia, educándolos dentro de los valores morales de nuestra sociedad, pero sin caer en mojigaterías, charlas moralizantes, prédicas prejuiciadas o esquematismos poco aconsejables desde el punto de vista pedagógico. (1, 2, 5, 9, 10, 11, 14, 16, 24, 30 y 31)

Sin embargo, los estudios reportan la existencia de problemas de comunicación con los padres en esta esfera (3, 6, 10, 15, 16, 28 y 31) en lo que coinciden nuestros resultados, los que además reflejan que la valoración que nuestros encuestados dan a los padres como fuente de conocimiento en la materia, es pobre.  En tanto los educadores no son reconocidos ni como fuente importante y ni tan siquiera deseados como tales.

Esto no debe sorprendernos si tenemos en cuenta la presencia de tabúes, prejuicios y rezagos de doble moral y sus modelos propios en muchos de nuestros adultos, además de sus propias inseguridades en la materia y los ya mencionados temores a enfrentar el diálogo con los adolescentes.

Los temores adultos están relacionados con el desconocimiento y los peligros a los espacios y vínculos fuera de la familia que ocupan lugar en la vida de los jóvenes, pero sobre todo con su sexualidad, que incluye la capacidad de procrear.

Esta última característica, por muchas razones de origen cultural, se tiende a descontextualizar del resto de los acontecimientos, asignándole una importancia suprema a la salud reproductiva sin atender otras demandas esenciales del proceso de crecer, que sientan pautas para toda la vida. (1 y 6)

En cuanto al papel de los médicos, nuestro estudio y otros (3, 10, 15, 16, 28 y 31) comprobaron estadísticamente que son preferidos para hablar con libertad de su preocupaciones sexuales, a la vez que se constituyen como una fuente de conocimientos reconocida por ellos como muy confiable, sólo siendo superados por sus compañeros de igual edad que, por supuesto, adolecen de similares problemas de formación.

 

Motivados por este resultado, nosotros realizamos otras investigaciones en las cuales aplicamos el mismo instrumento diseñado para valorar el nivel de información sexual en los adolescentes, a especialistas y residentes de Medicina General Integral del municipio Plaza de la Revolución. Sorprendentemente los resultados fueron semejantes a los alcanzados por estudiantes de enseñanza media y media superior, catalogándose globalmente en el rango de conocimientos Regulares  el 61% de los encuestados, 36% clasificaron como Bien, y solo el 1%  de Muy Bien. El 2% clasificó de Mal.

 

Los temas específicos de Información General, Anatomía, y Fisiología tuvieron mayores rangos de Bien  que los de los adolescentes, pero en los temas de Moral y Etica estaban igualmente mal informados.

 

Consideramos de interés destacar que dentro del contenido de la encuesta, algunas preguntas fueron las que con mayor frecuencia fueron mal respondidas. Dentro de ellos es señalable el mal conocimiento que se tiene sobre la masturbación, predominantemente en la población femenina, y los conceptos totalmente errados sobre la homosexualidad en ambos sexos.  Otras preguntas que incidieron en estos resultados fueron las relacionadas con el tema de la fidelidad, predominantemente en la población masculina.

 

Estos aspectos concuerdan con el resto de los estudios realizados y en general coinciden con los de la mayoría de la población, pero dado el nivel científico del grupo bajo estudio y la influencia educativa que debe desarrollar en el entorno en que se desenvuelve, nos resulta altamente preocupante.

 

Al partir del principio ético establecido en Medicina de que es preferible reconocer el desconocimiento que creernos poseedores de una "sabiduría" que al ser utilizada en la práctica puede conducir a iatrogenias, se suma además a nuestra preocupación el hecho de que el 86% de estos profesionales evidenciaron muy poca crítica sobre sus defectos de formación en esta materia, con franca tendencia a sobrevalorar sus conocimientos.

 

Esta realidad entorpece el papel del médico en la profilaxis de trastornos relacionados con la sexualidad humana y justifica el que una parte de ellos se sientan verdaderamente incómodos en este terreno al carecer  de información adecuada o por estar sujetos a inhibiciones o formas de pensar arcaicas y prejuiciadas. Por ello, ó emite un "consejo" que la mayor parte de las veces no es más que su propia opinión avalada por sus creencias y experiencias personales, o simplemente evade el tema subvalorándolo o, en el mejor de los casos, lo deriva al psiquiatra o al psicólogo.

 

De esta manera resulta fácil decir que una buena parte de nuestros médicos no están preparados para asumir la responsabilidad de influir en la correcta educación sexual de la población, requisito importante para preservar la salud sexual.

 

A partir de los resultados alcanzados en las diversas investigaciones realizadas al respecto, ratificamos nuestra consideración sobre que en la adolescencia, etapa de extraordinaria complejidad vital, el conocimiento de la temática sociosexual es un factor determinante en la preservación de la salud sexual, lo cual es por demás imprescindible pues de la coordinación armónica o no de sus impulsos biológicos y ético-morales, dependerá que sus experiencias sea placenteras o traumáticas y las consecuencias negativas pueden provocar un deficiente desarrollo de la personalidad, conduciendo a conductas nocivas y secuelas biológicas y psicológicas que les harían susceptibles de tratamiento  médico y psicoterapéutico.

 

 

Otros factores de importancia.

A pesar de que vivimos en una sociedad cada vez más tolerante y que además reconoce la necesidad de que se informe de manera franca, abierta y libre sobre el sexo, los resultados antes mencionados sustentan la existencia de fallas al respecto. (6, 13, 14, 24 y 34)

En ocasiones encontramos jóvenes con conducta sexual irresponsable que, sin embargo, poseen conocimientos adecuados, y otros sometidos a temores de desempeño o incluso francas inhibiciones sexuales y hasta trastornos de la respuesta, que igualmente poseen aceptable información sobre la materia.

Muchos atribuyen esta situación a los métodos impositivos con que se intenta educar en estos aspectos. Los mensajes son transmitidos en un contexto imperativo con trasfondo de estimación moral "del bien y el mal",  sin tener en cuenta que las ideas sobre estas categorías, tal y como planteó Engels, cambian tanto según el tiempo que llegan a contradecirse y que estos métodos restan el carácter reflexivo y espontáneo a la labor educativa y desencadenan la natural rebeldía y la tendencia al enjuiciamiento que el adolescente hace de lo que considera como "lo viejo".

Otro aspecto que consideramos importante es el tiempo social, término introducido por Neugarten en 1979 para definir el sistema de relaciones sociales y conformado por las expectativas sobre los comportamientos apropiados para cada edad.

Para la adolescencia, al ser considerada como simple etapa de transición, no existen criterios definidos en cuanto a la vivenciación de la sexualidad. Son "terreno de nadie", ni niños ni adultos y las expectativas oscilan entre las de uno u otro tiempo social sin clara conceptualización ni adecuada concordancia con el tiempo biológico.

 

La propia sociedad impone a sus miembros normas de funcionamiento de la sexualidad que se constituyen en elementos nocivos para muchos de ellos. Parafraseando a Luis M. Aller Atucha (1) diremos que el modelo que la sociedad contemporánea impone se compone, entre otros, de los elementos "Matrimonial" y "Reproductivo".

Resulta obvio el carácter restrictivo del mismo en cualquier etapa de la vida, pero, además, el germen  lesivo que para el adolescente entraña, pues estimula en cierta forma su tendencia a imitar y adquirir patrones de conductas sociales para los cuales no están biológica ni psicológicamente preparados aún.

 

No queremos pasar por alto el papel que juegan los medios masivos de difusión y en cierta medida la cinematografía. En ellos es frecuente la utilización de la adolescencia para trasmitir imágenes de amor o sexualidad, pero por lo general haciendo énfasis en patrones de belleza extrema, de vigor insuperable y en algunos casos de apologización del coito como requisito indispensable e inmediato de la relación de pareja.

Todo ello incide en exacerbar en algunos la timidez, el temor de  desempeño, el miedo al ridículo, las inseguridades derivadas por el desarrollo del propio cuerpo o de los genitales, etc. y en otros estimula el deseo de llevar a la práctica experiencias, que la mayoría de las veces, no pasan de simple ficción.

 

Por último no podemos dejar de hacer énfasis en los mitos, prejucios y tabúes que preñan nuestra cultura al heredarse de generación en generación, y que frenan el desarrollo sexual y social de muchos hombres y mujeres y en los que, sin ánimo de establecer una controversia que merecería capítulo aparte, han jugado un papel fundamental la religión y los preceptos clericales fundamentalmente, de la Iglesia Católica.

Ellos se engloban fundamentalmente en el "machismo" o dominio del hombre sobre la mujer por imposición del poder del varón sobre la hembra y en rezagos de doble moral por los cuales se establecen todos los derechos y privilegios para el hombre y la sumisión y subordinación para la mujer.

Estos elementos culturales no sólo discriminan a la mujer como ser social sino también como ser sexual, aún en sociedades como la nuestra en que están borradas las trabas legislativas que en otras imposibilitan la igualdad de los sexos y se reflejan en su célula fundamental, la familia, incidiendo en la formación de las jóvenes generaciones, con efectos duraderos sobre las actitudes posteriores en la vida.

Al respecto el Comandante en Jefe Fidel Castro señaló que  "... en la práctica todavía no existe una plena igualdad de la mujer... La realidad es que aún subsisten factores subjetivos que mantiene una situación de discriminación con respecto a la mujer...¿ Y cuáles son estas dificultades de orden subjetivo ? El problema de una vieja cultura, de viejos hábitos, de viejos prejuicios. Erradicarlos no es sólo, desde luego, una tarea de la mujer. Es una tarea de toda la sociedad". (7)

 

 

CONCLUSIONES

 

1.  La Educación Sexual, con sus dos componentes básicos, Formación e Información, constituye un factor indispensable para alcanzar la expresión sexual saludable cuyos rasgos han de manifestarse de manera imprescindible y enriquecedora en la salud general del ser humano.

 

2.  Este proceso educativo que debe iniciarse en la infancia, cobra vital importancia en la adolescencia por su alta vulnerabilidad que pone en riesgo el equilibrio de la relación dialéctica del proceso salud-enfermedad.

 

3.  Para alcanzar el desarrollo de una sexualidad sana y enriquecedora, meta de la Educación Sexual, es indispensable la participación activa de toda la sociedad.

 

 

RECOMENDACION

 

Continuar desarrollando el Programa Cubano de Educación Sexual que compromete a las Organizaciones políticas y de masas, los medios de difusión masiva, los Ministerios de Educación y Salud Pública y otros Organismos del Estado a unir esfuerzos y criterios y definir estrategias para lograr:

 

v     Enriquecer el trabajo intersectorial y multidisciplinario en el estudio, orientación y educación de la sexualidad.

 

v     Desarrollar las condiciones que permitan seguir avanzando hacia una educación de la sexualidad sin elementos discriminatorios entre hombres y mujeres en las diferentes etapas de la vida, logrando su armonía e integración pero respetando las diferencias entre ellos..... porque diferentes en muchas cosas somos y... ¡Benditas sean las diferencias!

 

CONTROL SEMANTICO

 

¨      Salud Mental: Capacidad de un individuo de establecer relaciones armoniosas con otros y para participar en modificaciones de su ambiente físico y social o de contribuir a ello de modo constructivo.

 

¨      Salud Sexual o Expresión Sexual Saludable: Es la unidad de aspectos físicos, psíquicos, espirituales y sociales de la experiencia sexual, de tal modo que enriquecen y estimulan la personalidad, la comunicación y las relaciones amorosas.

 

¨      Sexualidad Humana: Término de amplio significado que pretende abarcar todos los planos del ser sexual. Al hablar de sexualidad nos referimos a una dimensión o componente esencial de la personalidad, y no exclusivamente a la actitud del individuo de generar una respuesta erótica. Abarca las características biológicas, psicológicas y sociales que nos permiten comprender y vivenciar al mundo a través de nuestro ser como mujeres u hombres.

 

¨      Educación Sexual: Parte de la educación integral que comprende elementos biológicos, psicológicos y sociales referentes a la sexualidad dentro del contexto de los objetivos de la sociedad y la moral socialista. Proceso de comunicación que transcurre en un intercambio directo e individual de conocimientos y actitudes sobre el hecho sexual humano. Es la educación de las relaciones sociales en la vida cotidiana y para la vida.