HOSPITAL  UNIVERSITARIO CLINICO QUIRURGICO"COMANDANTE MANUEL FAJARDO"

 

 

 

"DEFENSA DE LA RELACION SEXUAL EN LA TERCERA EDAD"

 

 

               

AUTORES: Dr. Felipe B. González Vega
                  Especialista de 2do. Grado de Medicina Interna

                  Profesor Auxiliar

                  Dra. Mayra R. Hernández Peterssen

                  Especialista de 1er. Grado de Psiquiatría

                  Profesor Asistente

 

 

"Tras haber descrito una enorme espiral en su desarrollo, enriquecida en el camino recorrido, la Filosofía retornó al hombre.

Esta vuelta habría de producirse más pronto o más tarde, por cuanto la Filosofía es, en fin de cuentas, reflexión en torno a los problemas vitales del hombre, en torno al hombre mismo."

 

                  V. Keshelava.

 

 

INTRODUCCIÓN

Por su esencia, el ser humano es social desde que nace (12) y se integra a las relaciones sociales que forman y enriquecen su personalidad y condicionan los factores psicosociales que le facilitan alcanzar una vejez feliz o lo contrario (18, 2 y 31).

La sexualidad, como manifestación de la personalidad, es un fenómeno sumamente complejo y multivariado, con tantas formas de expresión como diversos son los seres humanos (17), y hoy se conoce que es parte importante del logro de una óptima calidad de vida en la población anciana. La expresión sexual saludable en la vejez es un signo de salud mental (1) y se ha planteado que la carencia de relaciones sexuales puede ocasionar aflicciones, depresiones y serios desajustes psicológicos que influyen en el proceso salud-enfermedad del anciano (5,24,26,29 y 37).

La persistencia y el deseo de actividad sexual dependen fundamentalmente de dos factores: del grado de actividad sexual en la juventud, según lo cual aquellos que tuvieron una actividad sexual desenvuelta, mantuvieron en la vejez los impulsos, deseos y capacidades de la expresión sexual y de la constancia de las relaciones maritales (29, 38, y 32). Influyen además la acumulación de enfermedades, los factores psicosociales, los educacionales, y la cultura, en su sentido más amplio.

Este enfoque integracionista que considera el carácter biosicosocial del ser humano, afortunadamente gana cada día más adeptos dentro de los teóricos estudiosos de la materia que, hasta períodos recientes, y aún en la actualidad, se debaten en fuertes polémicas acerca de la causalidad de las diversas manifestaciones de la sexualidad, defendiendo unilateralmente posiciones biologistas o sociogenetistas.

Nosotros nos identificamos plenamente con esta concepción integracionista, pero consideramos indispensable puntualizar algunos aspectos en torno a nuestras posiciones teóricas:

Cualquier fenómeno psicológico es el resultado de la acción dinámica de procesos internos y externos que actúan sobre el individuo a lo largo de toda su vida, y entre estos, lo biológico y lo social juegan un papel decisivo. Pero estos factores no intervienen por separado, sino que interactúan como un sistema dialéctico donde cada uno mediatiza al otro y ambos son mediatizados por la propia actividad psíquica o, si se quiere, por la propia personalidad según el nivel de desarrollo alcanzado en cada etapa de la vida.

El producto final tiene carácter único e irrepetible en cada ser humano y es imposible fraccionarlo para saber hasta donde cada cualidad es efecto de una u otra causa, por cuanto conforma un fenómeno nuevo, cualitativamente diferente e irreductible a los elementos de base o a la sumatoria de estos.

En el marco de estas reflexiones cabe preguntarnos de qué manera intervienen las influencias biológicas y sociales en la consolidación de la sexualidad en la tercera edad y, lo que es más importante, qué conjunto de valores materiales y espirituales obtenidos y trasmitidos por el hombre en el desarrollo histórico social han condicionado que, a pesar de los elementos cognoscitivos derivados de la investigación científica a los que nos referimos anteriormente, a muchas personas se le haga difícil pensar que los hombres y mujeres de edad avanzada tengan todavía sentimientos y necesidades de relaciones sexuales.

Marx señalaba que el resultado del desarrollo social será "el hombre que necesita todas las manifestaciones humanas de la vida en toda su plenitud y en el que su propia realización aparece como necesidad interna" (23) y la sexualidad en la tercera edad se encuentra entre esas manifestaciones humanas necesarias que reclaman una mejor comprensión y mayor conocimiento de las ventajas de la experiencia y de una personalidad más desarrollada y compleja.

El ser humano como señalara Engels "es de una parte el producto de su organización innata y de otra el fruto de circunstancias que rodean al hombre durante su vida, por ello, examinar alguna de las condiciones biológicas, psicológicas y sociales más corrientes que afectan de manera directa el disfrute de las relaciones sexuales en los individuos en la tercera edad, en el marco de los principios de nuestra moral socialista, se constituyó en motivo de interés investigativo para nosotros, sustentándonos en que el problema de la naturaleza específica del conocimiento filosófico sobre este tema, solo puede analizarse a la luz de la relación dialéctica entre la Filosofía, las Ciencias Particulares y el Valor y resolverse dentro de los límites de las teorías filosóficas del Marxismo-Leninismo que, lejos de excluir la cientificidad y objetividad de sus contenidos, los exige como una primicia indispensable de su constitución. (35)


DESARROLLO.

 

FUNDAMENTACION BIOLOGICA

La conducta humana está gobernada por un mecanismo dual de dirección: la evitación del dolor y la búsqueda del placer. Todos los aspectos de la conducta humana se hallan precedidos de alguna manera por el placer y el dolor. La sexualidad ocupa un puesto único entre los impulsos en el sentido de que se encuentra precedida sobre todo por el principio del placer y de todas las funciones humanas resulta innegablemente la más placentera.

Los datos clínicos sugieren que sólo la estimulación eléctrica de la zona cerebral del placer inducida experimentalmente o la estimulación química de estas áreas, es capaz de competir con el intenso placer del erotismo o de producir deseos tan conspicuos como los sexuales. (22)

Mac Lean observó que la erección suele ir seguida de post-descargas hipocámpicas que se hallan vinculadas a un estado de ánimo de tranquilidad y de ausencia de agresividad en monos que, por demás, poseen muy mal carácter. Este estado de ánimo dura a menudo todo el día. (22 y 30)

James Olds demostró que la estimulación eléctrica de ciertas áreas del sistema límbico del cerebro actúa como motivador positivo en los animales. Tan es así que una rata se olvidará de la comida, del sueño y soportará el dolor, mientras aprieta con una pata una palanca lo más rápidamente que le es posible con tal de recibir una descarga eléctrica suave, mediante electrodos implantados permanentemente en el hipotálamo y sus núcleos septales. (22 y 30)

El concepto de una asociación neuronal íntima entre el sexo y el placer se apoya además en las investigaciones de Heath, quien ha demostrado que en los humanos el orgasmo se vincula a descargas eléctricas de la región septal. La estimulación de esta región en ellos va unida a intensos efectos placenteros de amor y ternura y a la eliminación de la cólera y la irritabilidad. (22 y 30).

El sustrato neuronal de la sexualidad es consistente con una concepción psicosomática multicausal: los órganos genitales y los centros sexuales cerebrales envían impulsos y los reciben desde y hacia prácticamente todos los centros y circuitos neuronales. Esta es la base neuroanatómica de la profunda influencia que la sexualidad ejerce sobre todos los aspectos de la conducta sometidos a influjos procedentes de numerosas fuentes como son los recuerdos, experiencias, emociones, pensamientos, asociaciones, etc. Por lo tanto, podemos decir que los reflejos sexuales pueden quedar fácilmente bloqueados por múltiples influjos inhibitorios. (1)

La importancia de la influencia que ejercen las hormonas sobre la conducta sexual se ha venido reconociendo desde principios de siglo y en la actualidad se sabe que el principal regulador es el propio cerebro, siendo las hormonas secretadas por el hipotálamo quienes controlan la actividad de la hipófisis. (25)

El hipotálamo produce una hormona decapéptica liberadora de gonadotropinas que controla la liberación de Hormona Luteinizante (LH) y de Hormona Estimulante de los Folículos (FSH) por parte de la hipófisis anterior. El hipotálamo está regido por un sistema de retroacción negativa que afecta los niveles de esteroides gonádicos en plasma. (25 y 30 )

La relación exacta entre las hormonas y la conducta sexual no está estudiada por completo, pero la Testosterona parece ser el principal determinante biológico del impulso sexual en ambos sexos aunque los resultados arrojados por las diversas investigaciones son bastante contradictorios. (22, 25 y 30)

Existen cambios biológicos vinculados con la edad que son universales, sin embargo las respuestas de los individuos difieren en forma sustancial en dependencia de otros factores a los que nos referiremos posteriormente.

De igual forma la edad ejerce diferentes influencias sobre la respuesta sexual según se trate de hombres o de mujeres:

En los hombres después de los 50 años se requieren estimulaciones más largas e intensas para obtener una erección y una eyaculación. A partir de los 60 años la fuerza del chorro eyaculatorio disminuye y la detumescencia después del orgasmo es más rápida alargándose el período refractario. También disminuye el número de orgasmos posibles.

Un hombre sano que experimenta los cambios arriba descritos es totalmente capaz de gozar de las relaciones sexuales a lo largo de toda la vida. Es más, al liberarse de la intensa necesidad de una rápida descarga orgásmica y de las inhibiciones de la juventud, los sujetos de más edad y sus compañeras pueden disfrutar con frecuencia de un intercambio más satisfactorio e imaginativo. Para el varón que se siente seguro de sí mismo, la edad nunca debe ser una barrera para disfrutar del placer sexual con tal que disfrute de buena salud y cuente con suficientes oportunidades (1, 3, 12, 15, 20, 22, 25 y 30).

En la mujer el funcionamiento sexual durante los años de la menopausia es extraordinariamente variado y depende de su estado psíquico general y de una adecuada relación de pareja. El cese brusco de la función ovárica produce una caída drástica de la tasa de estrógeno y de progesterona circulantes acompañándose en casi todas las mujeres de depresión, irritabilidad emocional y de agresividad. Su efecto sobre la libido es muy variable y depende más de toda una constelación de factores que convergen en este período: cambios fisiológicos, oportunidades sexuales y disminución de las inhibiciones. Mientras algunas experimentan un decrecimiento del deseo sexual, otras sienten en cambio un notable aumento de sus apetencias eróticas. Pero si el marido evita el sexo y la mujer, que se siente insegura, deprimida y agresiva lo atribuye a una disminución de sus atractivos físicos, puede que también evite el disfrute de su sexualidad a fin de ahorrase el dolor de la frustración y el rechazo, lo que repercutirá negativamente en los años posteriores.

Después de los 50 años la responsividad femenina muestra también variaciones y está influida por el grado de actividad previa y las oportunidades con que cuenta. Después de los 65 años sigue siendo capaz de responder sexualmente aunque existe un declive. La lubricación vaginal disminuye y las contracciones clónicas de la plataforma pélvica durante el orgasmo son menos vigorosas y frecuentes. Se produce una disminución de la miotonía que acompaña a la excitación sexual y las sensaciones son menos intensas, pero, en marcado contraste con los varones, siguen siendo capaces de gozar de múltiples orgasmos (3, 15, 19, 22, 24, 25 y 30).

En resumen, desde el punto de vista biológico, la capacidad para disfrutar el placer erótico no tiene por qué desaparecer hasta la muerte, puesto que los diferentes componentes de la respuesta sexual pueden ser afectados de diferentes formas por situaciones relacionadas con la edad, pero en modo alguno incapacitan las relaciones sexuales. En condiciones de razonable buena salud, con parejas también sanas y en un ambiente adecuado, las personas de edad avanzada pueden continuar siendo sexualmente activas en la séptima, octava e incluso novena década de la vida (15).

Los más afortunados en este sentido serán aquellos capaces de integrar su sexualidad, tal vez algo alterada y en cierta manera disminuida, pero en  modo alguno extinguida, en sus vidas y relaciones maritales. Las técnicas amatorias pueden ser adecuadas y acomodarse a las necesidades cambiantes de cada uno de los miembros de la pareja, obteniéndose una gratificación y una estimulación mayores y quedando la relación enriquecida por una adaptación sensible y recíprocamente generosa a los cambios sexuales que experimenta cada uno de los miembros a causa de la edad (22).

 

LO PSICOLOGICO Y LO SOCIAL

 

Nosotros realizamos un estudio descriptivo sobre algunos aspectos de las relaciones sexuales en 437 ancianos de 60 años y más que representaban el 50 % del total de la población de este grupo etáreo en un área de salud atendida por médicos de la familia en el municipio Güines, en la provincia de La Habana, escogidos al azar entre una población obrero-campesina, y comparamos nuestros hallazgos con otros estudios, sin que existieran diferencias significativas.

Los resultados fueron motivo de reflexiones, pues encontramos que el 92.8% de los encuestados refirieron haber mantenido relaciones sexuales con frecuencia semanal antes de los 50 años, mientras que 55.7% dijeron no tenerlas o tener solo rara vez relaciones sexuales después de los 60 años, predominando en este grupo las mujeres.

Encontramos además que la frecuencia de las relaciones sexuales disminuía según aumentaba la edad y las justificaciones que se daban para abandonarlas fueron: "sentirse débiles" en relación o no con enfermedades (32.9%), "no sentir deseos" (27.9%), "problemas con la pareja" (12.3%), "no tener pareja" (17.6%), "no tener privacidad" (6.1%), "sentir vergüenza" (2.8%) y el 38.7% refirió "temor al fracaso". El 35.5% reconoció tener sueños eróticos, el 70.1% no se sentía sexualmente atractivo y solo el 11.2% practicaba la masturbación.

Un hallazgo interesante fue que el 80% de los que no tenían enfermedades mantenían relaciones sexuales con frecuencia semanal o de tres veces al mes, y por último, para nuestro asombro, el 54.5% opinó que la educación sexual era solamente importante para jóvenes  adolescentes.

 

Comprendimos entonces que las respuestas a las interrogantes derivadas de estos resultados no podían ser dadas por una ciencia en particular y nos sentimos aún más motivados a continuar profundizando en el tema.

Si en el plano conceptual identificamos a la Sexualidad Humana como una categoría filosófica universal, correlacionada con la sexualidad adulta como lo particular y con la sexualidad geriátrica en el plano de lo singular, ¿Por qué causas se rompen las conexiones que han de haberse formado en el transcurso de la actividad cognoscitiva práctica y que, desde el punto de vista dialéctico, deberían conformar una unidad indisoluble, al decir de Lenin? (36). ¿Radica el problema solamente en el aspecto cognitivo medido a través de la calidad de la información o educación sexual de la población o existen otros elementos en el entorno de sociedad y cultura que influyen en forma decisiva en este problema?

 

EDUCACION SEXUAL

 

Desgraciadamente hasta los médicos, profesionales formados para garantizar el equilibrio biosicosocial de la población,  reconocidos por ella como fuentes preferidas y confiables de conocimientos sobre dichos temas, como regla no están preparados para la discusión desprejuiciada y  científicamente fundamentada de muchos aspectos de sexualidad en general y de sexualidad geriátrica en particular, en su mayoría por no haber recibido en su formación académica temas de Educación Sexual y no haber superado estas lagunas a posteriori. El hecho es que gran parte de ellos evita el tratamiento de  estos asuntos o, lo que es peor, lo hace basándose en concepciones erróneas sustentadas en sus propios preceptos filosóficos y experiencia individual que, aunque sean incorrectas, dada la significación social del médico, se convierten en perpetuadores de mitos y tabúes (12 y 15).

Estudios realizados sobre valoración de Niveles de Información Sexual en médicos de la familia del municipio Plaza de la Revolución (4)  en personal docente (20) evidenciaron que estos se enmarcaron en el rango de conocimientos REGULARES, no diferenciándose sustancialmente de los niveles de otros grupos poblacionales (21,33 y 34).

En estos estudios se pudo constatar en particular mala comprensión de subtemas como la homosexualidad y la bisexualidad tanto en mujeres como en hombres, pero sobre todo en estos últimos, así como criterios erróneos sobre la masturbación y variantes de relaciones sexuales en la mayoría de la población, predominantemente femenina.

Otros temas que incidieron en los resultados fueron los relacionados con la Moral y la Fidelidad, predominantemente en la población masculina, lo que denota la presencia de elementos típicos de doble moral.

Todo lo antes expuesto concuerda con estudios realizados en otros  sectores poblacionales (21, 33 y 34) y se corresponde con los criterios que sobre estos temas tiene la mayoría de las personas en nuestro país por sus características ideosincráticas y culturales, pero dado el nivel científico de los encuestados y la influencia educativa que deben desarrollar en su entorno, nos resultó altamente preocupante.

También llamó nuestra atención no encontrar, como era de esperar, un mayor rango de BIEN y MUY BIEN en los niveles de temas de Fisiología Sexual, sobre todo en cuanto a la evolución de la misma en correspondencia con la edad, lo que, aunque no fue un objetivo de estos trabajos, nos hace pensar que en estos profesionales de la salud existe la tendencia errónea de abordar la sexualidad geriátrica utilizando modelos y patrones de edades más tempranas de la vida, y tal vez la presencia en ellos de rasgos de "edatismo" que los lleva a que, cuanto mayor sea el paciente, mayor desinterés muestren por conocer sobre la vivenciación de su sexualidad.

Este fenómeno no es extraño, la manifestación más concreta de discriminación del anciano por parte de profesionales de la salud la constituye que muchos grupos de sexología, formados por personal que se supone sea portador de las ideas más avanzadas en este campo, niegan su atención a ancianos que la solicitan, pues limitan sus pacientes a edades máximas de 60 y 65 años (12 y 15).

Otro resultado llamativo fue que la gran mayoría de los encuestados (86%) demostró ser incapaz de valorar correctamente sus conocimientos sobre temática sexual, con franca tendencia a sobrevalorarlos, evidenciando la poca crítica que sobre sus defectos de formación poseen. Si partimos del principio ético de que es preferible reconocer el desconocimiento que creernos poseedores de una sabiduría que, al ser utilizada en la práctica médica, pueda ocasionar iatrogenia, esta situación resulta preocupante.


Por todos estos elementos resulta obvio pensar que la mayoría de los médicos no están capacitados para jugar el rol  que deberían desempeñar en este sentido y que en ocasiones pueden hasta fomentar una mitología sustentada en la falta de información y  alimentada por elementos discriminatorios que rodean la sexualidad en la edad avanzada. Lo que se ve como "fortaleza" y "virilidad" en un hombre joven se considera como lascivia en un individuo mayor, de la misma forma que una mujer que ronda los 70, si muestra interés evidente o incluso intenso por el sexo se considerará que padece "trastornos emocionales", cuando en realidad todo puede estar relacionado con una perfecta salud mental.

Otras fuentes reconocidas como "confiables", por ejemplo: maestros, sociólogos, juristas, etc. (21, 33 y 34) no corren mejor suerte en este sentido que la de los profesionales de la salud, y la literatura al respecto es escasa y de difícil adquisición para la mayoría de la población. Todo ello sin hacer referencia a la autolimitación para buscar este tipo de información a causa de los ya mencionados tabúes.

Durante siglos se relacionó sexualidad con reproducción, negándole por tanto al anciano el disfrute de la misma. Hasta tal punto es reconocido este lastre social como un problema por parte de los sexólogos que, en fecha tan reciente como 1991, Luis M. Aller Atucha (1) describió el modelo de sexualidad que impone la sociedad a sus miembros a manera de una camisa de fuerza. Según el autor este modelo se compone de los siguientes elementos:

- HETEROSEXUAL ------- MATRIMONIAL ------- REPRODUCTIVO

En 1995 Oscar Díaz Noriega (12) en total coincidencia con él, consideró que el modelo no estaría completo si no se le añade la categoría JUVENIL, ya que nuestras sociedades pretenden excluir la posibilidad de que la sexualidad sea practicada por ancianos, de forma inconsciente y a causa de las características de la vida social contemporánea, así como exigir que aquellos que la practiquen lo hagan con patrones de conducta juveniles dados entre otros por erecciones inmediatas y completas, eyaculaciones abundantes y a altas presiones, períodos refractarios inexistentes, vaginas siempre lubricadas y deseos sexuales inagotables.

Por lo que el modelo de "sexo oficial" quedaría conformado de la siguiente manera:

 

 HETEROSEXUAL --- MATRIMONIAL --- REPRODUCTIVO -- JUVENIL

Estas ideas gravitan  negativamente en la psiquis del ser humano. El miedo a perder la capacidad sexual o el atractivo físico es la mayor preocupación que enfrentan muchas personas al sobrepasar la década de los 40 y mucho más al arribar a los 60 años. Muchas experimentan confusión, necesidad de defenderse o se avergüenzan de su cuerpo. Algunas de ellas llegan a conformarse con poseer la imagen estereotipada y desexualizada de lo que socialmente se considera debe ser " una persona de edad".

En nuestra sociedad el amor y la sexualidad después de los 60 años, en el caso de que se oiga hablar siquiera de ello, se mira con cierta condescendencia, como si se tratara de un simple "cariño", o espanta, o se ridiculiza. Nuestro lenguaje es rico en expresiones tales como "viejo verde", "bruja", etc. para designar a aquellos que osan defender el derecho de manifestar sus sentimientos y necesidades, rompiendo los esquemas preformados por una mitología alimentada por la falta de información científica que presupone y da como verdad establecida que el deseo sexual termina por desaparecer en cualquier momento entre los 60 y los 65 años (8) ¿A que se debe esta actitud negativa?

En gran medida a la falta de información o a informaciones erróneas sobre esta materia y al llamado "Edatismo" que en lo que se refiere a sexualidad se traduce en una desexualización llevada al extremo: "si eres viejo, estás acabado".

De lo que pocos se dan cuenta es que el Edatismo se aprende desde  joven y, de esta forma, la persona se convierte en víctima destinataria de sus propios prejuicios.

 

OTROS FACTORES BIOSICOSOCIALES

 

El tratamiento que le ha dado la sociedad al anciano ha estado determinado desde los comienzos de la civilización por dos factores fundamentales: la necesidad que tenga el grupo de lo que pueda aportar el anciano, y las condiciones  económicas del grupo social a que pertenece (12), sin restarle importancia a los valores culturales autóctonos de los grupos en particular.

En sociedades donde la única forma de trasmitir conocimientos y experiencias acumuladas por generaciones es la oral, como ocurría en la antigüedad y aún ocurre en sociedades tribales y arcaicas, el anciano es una figura de suma importancia en la que se resumen todos los conocimientos de su espacio. Por otra parte en estas sociedades los cambios cualitativos a escalones superiores del desarrollo son muy lentos.

No es de extrañar que en estas condiciones el anciano ocupe un lugar de gran significación social  y sea una figura prominente dentro del grupo, sean venerados y consultados para decisiones importantes (12). Además en algunas de estas sociedades como en las comunidades del norte de la India el mantenimiento de su actividad sexual es un patrón venerable y reconocido.

Con el desarrollo de la escritura la transmisión oral de conocimientos perdió importancia y el vertiginoso desarrollo científico-técnico ha provocado un envejecimiento de los conocimientos que favorece que las generaciones más jóvenes estén más y mejor informadas que las que le precedieron. Así, cuando una persona llega a la ancianidad, sus conocimientos técnicos no son los más modernos, su experiencia "es poco importante pues se obtuvo en condiciones diferentes a las actuales" y no está familiarizado con los últimos adelantos, por lo que en este tipo de sociedad, que se corresponde con los patrones de la mayoría de las sociedades modernas, el anciano tiene poco o nada que aportar.

En estos casos se produce un elemento interesante y paradójico, y es que el avance científico-técnico roza de forma muy simple a la tercera edad, pero a la vez la excluye de cualquier valoración axiológica y por ello estas sociedades se retardan o incluso caen en detrimento por la pérdida de todo lo que a valores humanos y espiritualidad pueden aportar los ancianos al desarrollo de las sociedades contemporáneas, en contraposición a lo que ocurre en grupos sociales mucho más atrasados desde el punto de vista socioeconómico.

En las condiciones antes expuestas, la forma de ser tratado el anciano dependerá de la situación económica del grupo y de cuánto pueda y esté dispuesto a gastar en esta "minoría" poblacional, que ya representa el 10% de la población mundial.

Es el caso de que aún en sociedades con franca holgura económica como los E.E.U.U., se gasta relativamente poco en el anciano, y en la gran mayoría  de los países desarrollados la principal preocupación y ocupación por ellos depende de Organizaciones No Gubernamentales, quizás con la meritoria excepción de algunos Países Bajos que asignan un alto presupuesto para la atención de la ancianidad (12 y 15).

Por lo común el anciano a su retiro laboral, recibe una asignación económica inferior a lo que necesita para su subsistencia, esto sin tener en cuenta que desde la edad del retiro las mujeres sobreviven como promedio 20 años y los hombres 15 o más, y que este grupo puede ni siquiera recibir este beneficio y estar acogido o no a algún programa de asistencia social.

Con alta frecuencia encontramos a estos ancianos o residiendo en instituciones sociales o conviviendo en posición de dependencia con miembros más jóvenes de la familia. Este hecho, del que tampoco somos ajenos en nuestro país, aparte del problema de habitacionalidad que entraña, genera por lo común una carencia total de privacidad y agrava aún más el aspecto lesivo sobre la individualidad de estos sujetos.

En este contexto podríamos preguntarnos: Si en la mayoría de las sociedades contemporáneas al anciano no se le resuelven problemas urgentes de subsistencia, ¿ Cómo puede esperarse que piensen en mejorarle su vida sexual?.

En las condiciones actuales en que el número de ancianos es cada vez mayor y sus enfermedades son evitadas y controladas con éxito creciente, comienza a haber un movimiento para liberarlos de prejuicios y tabúes que los oprimen en este campo, labor de más obligatoria realización en una sociedad como la nuestra, sustentada en sólidos principios humanistas en que el principal objetivo es la búsqueda del bienestar del hombre, en la que se han ido destruyendo todas las trabas legislativas que pudieran avalar cualquier tipo de discriminación y se trabaja por garantizar la seguridad social a todo el que lo necesite.

Pero la voluntad política y legislativa no puede borrar de un simple plumazo el arrastre de milenios marcados por patrones sexuales que se han ido trasmitiendo de generación en generación.

En una comparación realizada por Palmero y Manton entre edatismo, sexismo y racismo se demostró que la desigualdad económica y laboral derivadas de la edad eran mayores que las derivadas de la raza o del sexo (12).

El "tiempo social", término introducido por Neugarten en 1979 y que consiste en un sistema de regulaciones sociales sobre las expectativas de comportamientos adecuados para cada edad, tiene gran influencia en la conducta del anciano y aún no se ha logrado que la sexualidad sea aceptada dentro de su tiempo social.

El negativismo cultural contra la vejez y la idealización de la apariencia física y el vigor de la juventud pueden indudablemente influir nocivamente sobre el equilibrio emocional y la actitud de las personas de la tercera edad, en lo cual han jugado un rol negativo los medios masivos de difusión que han venido ofreciendo imágenes esterotipadas que identifican todo aquello que tiene que ver con la sensualidad, la belleza y el amor con parámetros de juventud extrema, rechazando de plano la posibilidad de estos atributos en al tercera edad y llevando el hecho hasta el extremo de utilizar a los ancianos interesados en la sexualidad como objeto de chistes o burlas, como en el clásico ejemplo del anciano de "La Verbena de la Paloma".

Cabe destacar aquí el papel que juega el arte como forma específica de la conciencia social y la actividad humana en el intento de erradicar estos prejuicios y de reflejar en forma veraz la realidad de la sexualidad en la vejez de forma artística. Para sólo citar un ejemplo mencionaremos "El Amor en los Tiempos del Cólera" de Gabriel García Márquez.

Otro aspecto relevante lo constituye el número sorprendente de hombres y mujeres que piensan que la actividad sexual puede agotarlos y/o influir negativamente en el curso de enfermedades provocando incluso la muerte, lo que refleja una ausencia de educación sexual en este campo y una falta de orientación o, lo que es peor acciones iatrogénicas por parte de los médicos de asistencia.

Pongamos algunos ejemplos:

Las enfermedades coronarias inducen a muchas personas a renunciar a la relación sexual, a causa de la creencia muy generalizada de que éste pone en peligro la vida y en muchos casos los médicos no se preocupan o no saben informarles que un programa adecuado de ejercicios físicos mejora la capacidad del corazón para cualquier actividad física incluida la sexual y que el esfuerzo durante el coito puede aminorarse si este se realiza de costado o en decúbito supino, pues estas posiciones evitan el gasto de energía por el uso de brazos y piernas para sostener el cuerpo. Por otra parte se ha comprobado que si bien la excitación sexual afecta los signos vitales, no lo hace con tanta intensidad como los estadíos posteriores de dicha excitación cuando no se logra la adecuada relajación después de la relación sexual y que la frustración psicológica correspondiente entraña peores efectos adversos (8 y 22).

Las enfermedades cerebro-vasculares isquémicas, son otra causa de frecuente abstinencia sexual, sin embargo, es conocido que la depresión es casi general en estos pacientes, cediendo al irse adaptando y observar los signos de su propia recuperación, en la que juega un papel primordial las caricias y la comunicación de los sentimientos de la pareja y el retorno a la actividad sexual, la que debe ser orientada según las características del paciente y de su déficit neurológico, dejándole siempre esclarecido que la actividad sexual no es un factor provocador de la apoplejía ni causa de su agravación (8).

Los médicos con frecuencia olvidan que, a menos que exista una lesión grave en el cerebro, el deseo sexual suele permanecer intacto.

La relación sexual será, por demás beneficiosa, en el tratamiento de algunas enfermedades comunes en estas edades, como las prostatitis por la descongestión prostática, y en las artritis, por la secreción de endorfinas y cortisol que se produce, hechos que frecuentemente no se comunican al anciano.

Otras veces se indica la abstinencia sexual en algunas enfermedades, sin que medie realmente esta necesidad, por desconocimiento o por la mala costumbre de no someter a análisis los beneficios que puede reportar esta actividad. Así ocurre en enfermedades frecuentes a estas edades como la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, en la que la simple orientación del descanso a intervalos o el uso de oxígeno durante la relación, permitiría no renunciar a ella.

Muchos medicamentos pueden causar trastornos sexuales serios y a pesar de ello los médicos habitualmente no se detienen a valorar estos efectos o los pacientes no son informados. Igualmente ocurre con la automedicación que suele ser más frecuente en este grupo etáreo.

A causa de la nicotina que contiene, el tabaco es también una droga que puede convertirse en factor de impotencia sexual así como el alcohol que disminuye tanto el vigor como la capacidad sexual, afectando la producción de hormonas, hecho más relevante en el anciano porque la tolerancia a esta droga disminuye con la edad.

Con frecuencia la vida sedentaria en estas edades es frecuente y es conocido que el ejercicio físico alienta la vida sexual demás de aumentar la longevidad, ayudar en el tratamiento de muchas actividades y prevenir otras que pudieran influir en la sexualidad.

Existen ejercicios como los de Kegel que mejoran la tonicidad, el control muscular y la sensibilidad sexual al mejorar el tono muscular de los músculos pélvicos, haciendo que las paredes vaginales puedan ejercer una mayor presión sobre el pene durante el coito, lo que tiene importancia especial en las parejas de estas edades donde la erección es menos fuerte, el pene se ha acortado y la vagina se ha ensanchado.

En la tercera edad, como dijimos anteriormente, con frecuencia está limitado el dinero disponible  que es necesario para garantizar una buena alimentación, lo que unido a la depresión y al aislamiento social hace que el anciano pierda el interés por la cocina, lo que los hace más vulnerables a la fatiga, a procesos patológicos y a la aceleración de los procesos de envejecimiento, lo que disminuye el interés por la actividad sexual.

A medida que se envejece, el período de sueño restaurador se hace más ligero y se empieza a despertar más pronto, además de que la falta de ejercicio, la depresión y la ansiedad afectan los ritmos y la profundidad del sueño, por lo que, en contra de la opinión general, en la tercera edad se necesita tanto descanso, si no más que cuando se era más joven, lo que no puede generalmente llevarse a cabo por múltiples razones y desestimula el deseo, disminuyendo la capacidad sexual.

El aburrimiento y la apatía sexual son frecuentes en las parejas de la tercera edad que han caído muchas veces en la rutina sin preocuparse por añadir nuevos encantos para provocar la excitación sexual y terminan por no preocuparse uno del otro en este sentido. A veces los cambios en el comportamiento y la motivación son unilaterales, dejando al otro a la zaga, a menudo enojado y dolorido. Los problemas de la pareja afectan muy pronto la función sexual. Un compañero sexual poco propicio en cualquier sentido provoca problemas de impotencia en el hombre y de desinterés o falta de reacción sexual en la mujer.

La falta de deseo ocasional es corriente y reversible, pero si se prolonga es un síntoma muy difícil de tratar, por lo que explorar la esfera del deseo es muy importante y pocas veces el médico la realiza, a pesar de saber que la libido  es afectada por un gran número de factores.

Un aspecto de interés es el horario en que se practica la relación sexual. Su realización exclusiva en horas de la noche es un habito común, pero tal vez no sea éste el período energético más favorable para muchas personas de la tercera edad. La mañana puede ser el momento más adecuado para muchos ancianos, ya que entonces se sienten relajados y descansados. Las siestas durante el día infunden mayor vigor a aquellos que prefieren o sólo pueden hacer el amor en horarios nocturnos, pero todas estas adecuaciones a menudo no se orientan o se dificultan por el ámbito social en que se desenvuelve el individuo, dentro del cual no podemos olvidar el problema de la habitacionalidad y la privacidad indispensable tanto o más que en cualquier otra etapa de la vida.

Muchos ancianos habitan en instituciones que les niegan la posibilidad de habitaciones para parejas (15), pero aún en el marco doméstico la tendencia a comprometer su privacidad existe, al llegar a verlos casi como seres asexuados. Se les asignan cuartos con pocas condiciones priorizando las que si las tienen para las parejas jóvenes, o en sus habitaciones se pone la cuna o cama del niño, dando por sentado que sólo los más jóvenes tienen derecho a la intimidad para el disfrute de las relaciones de pareja, todo lo cual puede llevar al desánimo y desinterés aparente del anciano por la actividad sexual.

En la población de edad avanzada la viudez es frecuente sobre todo en el sexo femenino por sus mayores índices de longevidad y este estado produce invariablemente conflictos emocionales que afectan la respuesta sexual y los patrones de conducta, produciendo alteraciones más prolongadas y sensaciones de pérdida más definitivas que la reacción ante el divorcio, más íntimamente unida a sentimientos de hostilidad.

La autoestimulación que podría proporcionar alivio sexual a personas sin compañero o cuando  está ausente o enfermo o para los que poseen mayor capacidad sexual que su pareja, pero las personas de edad, incluso cuando recurren a ella, la sienten como culpabilizadora y vergonzante. El 11.2% de nuestra población mayor de 65 años que reportó este hábito está muy lejos del 35 al 45% que reportan los estudios en países desarrollados (8), índices que consideramos bajos, pues si tuvieran adecuada información sobre esta práctica tendrían una solución a la abstinencia sexual que puede ser generadora de tensiones emocionales y causa de impotencia en el hombre y pérdida de lubricación y del contorno vaginal en la mujer.

En nuestra serie un número significativamente superior de mujeres que de hombres no mantenía relaciones sexuales, y esta diferencia pudiera ser aún mayor si analizamos que el significado de la relación sexual varía entre ambos sexos, pues las mujeres consideran como relación sexual con frecuencia y por considerarlas muchas veces más importantes, otras variantes de relaciones distintas al coito.

Cada vez se hace más evidente que las mujeres valoran en forma distinta la sexualidad, brindándole más importancia a las caricias y al calor personal, a las conversaciones y a compartir todo lo que rodea la relación sexual que al propio coito, y hay muchas que hasta prefieren estas actividades.

La mayoría de las mujeres requieren como requisito inicial para lograr el orgasmo la manipulación directa del clítoris, hecho ignorado por algunos hombres, como tampoco es reconocida su capacidad multiorgásmica. La frustración que provocan estas condiciones las hacen abandonar con mayor facilidad el coito o las llevan a convertirlo solamente en fuente de intimidad con su compañero.

Otra explicación de que la mujer mantenga con menos frecuencia relaciones sexuales que los hombres en la tercera edad, además de su mayor tasa de sobrevivencia es la costumbre masculina de escoger mujeres más jóvenes.

Por otra parte, muchas mujeres siguen dominadas por costumbres adquiridas en su juventud y no son capaces de tomar la iniciativa de dirigirse a un hombre por no considerarlo correcto, lo que unido a las pocas oportunidades disponibles para acercar a personas de estas edades sin pareja, aún cuando desearan una vida social más plena, dificultan aún más el problema.

 

En este marco es imposible obviar el hecho de que en nuestros tiempos, caracterizados a nivel mundial por crisis económicas que, como es lógico pensar afectan en mayor medida a las capas y sectores más débiles de la sociedad, existe la tendencia a desvirtuar o desatender los valores de la espiritualidad sacrificándolos a los intentos de solventar necesidades de índole primaria, aún en caso como el de nuestro país en el que esto no es ni puede ser una política de Gobierno. Dentro de ello, los representantes de este grupo etáreo están entre los más afectados, y las mujeres en particular lo están más aún, pues suman al lastre de desigualdad y discriminación que arrastran desde la infancia por el "delito" de su sexo, el de ser viejas, y las condicionales socioeconómicas del momento.

En realidad nosotros pensamos que la más nefasta influencia radica en que las mujeres que pertenecen hoy a la tercera edad en nuestro país cursaron su juventud en una sociedad burguesa en la que, además de ser oprimida como ser social lo era también como ser sexual (40), ya que a pesar de haber obtenido algunas reivindicaciones sociales, permanecían aplastadas y sometidas por el peso de la sociedad que si bien les concedía una supuesta "igualdad jurídica" con relación al hombre, se la negaba en el plano económico, político, cultural, laboral y social.

Con el advenimiento del socialismo en Cuba terminaron de romperse las trabas jurídicas que ataban a la mujer, y es en este sistema en el cual verdaderamente se toman acciones concretas para lograr la igualdad de los sexos, pero las taras mantenidas a través de generaciones, convertidas en costumbres, herencia y educación, influidas y hasta determinadas en forma innegable por enunciados clericales, en particular de la Iglesia Católica, pesan aún sobre ellas quienes sobre todo en el ámbito familiar y de la relación de pareja, aceptan una posición subordinada como algo natural.

Esta situación, planteada por los clásicos del marxismo, ha sido reconocida por nuestro Comandante Fidel Castro al referirse a la discriminación de la mujer en nuestra sociedad como consecuencia de una vieja cultura, de viejos hábitos y viejos prejuicios. "Erradicarlos no es, desde luego, una tarea de la mujer. Es una tarea de todos en la sociedad" (10).

Estamos convencidos que el desarrollo del proceso social llevará al hombre, a despecho de su edad, a la necesidad interna de la realización de todas las manifestaciones humanas de la vida en toda su plenitud y a la búsqueda de la perfección ya que "en la medida en que se traducen los instintos y manifestaciones vitales en los sexos, en que se manifiestan su forma y carácter, tanto en la formación orgánica como espiritual, tanto más perfecto será el ser humano, sea hombre o mujer" (7).

 

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

 

1. La sexualidad en la tercera edad tiene rasgos comunes con la sexualidad adulta y características generales que son inherentes a la sexualidad humana como categoría universal, y están en conexión indisoluble, pero los valores culturales de la sociedad condicionan la tendencia social a reprimir la posibilidad de existencia de lo singular  de la sexualidad en esta etapa de la vida.

2. Ningún valor, norma u otro elemento de regulación moral se asume de forma inmediata, por muy racional, justo o necesario que sea, por lo que resulta indispensable comenzar a dirigir la actividad cognoscitiva hacia la modificación del conjunto de valores materiales y espirituales obtenidos en el proceso de la práctica histórico-social, que obstaculizan la expresión de la sexualidad en la tercera edad.

3. De vital importancia resulta la imperiosa necesidad de elevar el nivel de educación sobre la temática sexual en la tercera edad de todos aquellos que de una forma u otra puedan incidir en estos logros, en particular, por su connotación social y por el riesgo de que puedan cometer iatrogenias, a los profesionales de la salud, tarea para la que no están suficientemente preparados.

4. Un día que se pierda en obtener estos beneficios para los ancianos, puede representar el último de su plenitud y debemos reflexionar que, con un poco de suerte, todos llegaremos a ser ancianos.

 

 

CONTROL SEMANTICO

 

- Sexualidad Humana: Término de amplio significado que pretende abarcar todos los planos del ser sexual. Al hablar de sexualidad nos referimos a una dimensión o componente esencial de la personalidad, y no exclusivamente a la actitud del individuo de generar una respuesta erótica. Abarca las características biológicas, psicológicas y sociales que nos permiten comprender y vivenciar al mundo a través de nuestro ser como mujeres u hombres.

- Relaciones o Contactos Sexuales: Todo tipo de contacto íntimo que tenga efecto excitante y provoque satisfacción, con o sin penetración del pene en la vagina y con o sin orgasmo.

- Salud Sexual o Expresión Sexual Saludable: Es la unidad de aspectos físicos, psíquicos, espirituales y sociales de la experiencia sexual, de tal modo que enriquecen y estimulan la personalidad, la comunicación y las relaciones amorosas.

- Salud Mental: Capacidad de un individuo de establecer relaciones armoniosas con otros y para participar en modificaciones de su ambiente físico y social o de contribuir a ello de modo constructivo.

- Educación Sexual: Parte de la educación integral que comprende elementos biológicos, psicológicos y sociales referentes a la sexualidad dentro del contexto de los objetivos de la sociedad y la moral socialista. Proceso de comunicación que transcurre en un intercambio directo e individual de conocimientos y actitudes sobre el hecho sexual humano. Es la educación de las relaciones sociales en la vida cotidiana y para la vida.

- Edatismo: Es la discriminación sistemática aplicada a las personas por el hecho de ser viejas, lo mismo que el racismo y el sexismo se basan en las diferencias en el color de la piel o en el sexo.