Salud y Violencia de Género

 

Ponente: Msc J. Ileana Artíles de León

Especialista del Centro Nacional de Educación Sexual

Master en Sexualidad

Cuba

 

RESUMEN

 

Cuadro de texto: En la actualidad, la violencia nos preocupa a todos como problema de salud y social, no porque ocurra con mayor o menor frecuencia, sino porque se conoce y se estudia más el fenómeno.
A finales del siglo XX muchos planteaban que el siglo XXI es el siglo de la violencia.  Cuba existe en ese mundo y aunque hay diferencias dado nuestros logros, entre ellos la educación y la salud, no obstante observamos la violencia de género en algunas familias donde se mantienen concepciones tradicionales de educación (educación sexista).
El trabajo es una reflexión, basada en los resultados de nuestras últimas investigaciones en violencia intrafamiliar. Tiene como objetivo, sensibilizar y reflexionar acerca de la violencia de género y cómo influye en la salud y en la calidad de vida de la población. Proponemos un programa de educación de la sexualidad para contribuir a prevenir la violencia de género en las diferentes etapas de la vida, así como que los profesionales de la salud y la educación se sensibilicen con esta temática que se encuentra invisibilizada.
Para el estudio hemos utilizado una muestra de 600 profesionales de la salud y la educación, utilizamos la metodología cualitativa para el diagnóstico.
Los resultados nos demuestran que existe desconocimiento de este temas, así como creencias falsas acerca del mismo.
Las conclusiones a las que arribamos con nuestros estudios es que la temática se encuentra invisibilizada en nuestra población.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


En la actualidad prevalecen concepciones tradicionales de educación, injustas, que no cambian de una manera radical, el sexismo cultural de nuestra sociedad impone roles, patrones, de manera estereotipada para ambos sexos.

 

La familia y la escuela espacios privilegiados para establecer modelos, imponen, desde lo incidental la desigualdad entre niñas y niños, elaborándose socialmente la identidad de géneros.

 

Al polarizarse los roles femeninos y masculinos, el hombre ocupó un lugar preponderante, estableciéndose, a lo largo de la historia, desde la época del feudalismo, la opresión de la mujer, que ha variado en el desarrollo histórico; llevando ciertas modificaciones, pero que persiste hasta nuestros días.

 

Las condiciones que se mantienen a lo largo de una generación se convierten finalmente en costumbre, en algo común, y la educación las perpetúa como algo "natural".

 

Por eso, la mujer, acepta todavía hoy, su posición de subordinada como algo "natural".

 

La mujer como objeto decorativo, el matrimonio, su carrera y el nivel cultural que pueda alcanzar; como un adorno más, todavía se observa así en muchos países.

 

Como objeto sexual cumple la misión de satisfacer al esposo y tiene la misión de cuidar y educar a sus hijos Marcio Shiavo y Aller Atucha en su “Sexualmente irreverente”, nos plantean la fórmula: mujer igual a: madre, esposa, fidelidad heterosexualidad, monogamia.

 

Lo que nos quiere decir que la sexualidad para el hombre y la mujer no se vive igual, el hombre está educado para el placer, se niega la necesidad humana del placer a la mujer, a la cual se le marcan pautas, se le imponen normas morales, que se aprueban o desaprueban según los criterios sociales aprendidos, y que se ajustan al modelo social aceptado.

 

No obstante la incorporación de las mujeres a la esfera productiva, la elaboración de las mujeres como agentes reproductores y como dependiente de los hombres (desde lo real y lo simbólico) se mantiene a pesar de los cambios existentes en los patrones sociales.

 

Dentro del condicionamiento social que reciben las mujeres, señalamos como un importante presupuesto, la creencia acerca de que la "familia" es la esfera de mayor autorrealización de la mujer.

 

A su vez esa autorrealización está sustentada sobre la base de lo que recibimos socialmente; en la familia, la escuela, el trabajo, los medios de comunicación masiva, entre otros, que implican pasividad y subordinación, siendo esto uno de los ejes fundamentales de la violencia de género.

 

La violencia en sus múltiples manifestaciones como plantea Jorge Corsi en Violencia Familiar (1995), siempre es una forma de ejercicio del poder mediante el empleo de la fuerza e implica la existencia de un "arriba" y un "abajo" (desequilibrio de poder) reales o simbólicos, que adoptan habitualmente la forma de roles complementarios: padre-hijo, hombre-mujer, maestro-alumno, jefe-subordinado, joven-viejo, etc.

 

Si preguntamos en la calle, con qué asocian los conceptos de violencia y género, nos encontraríamos con respuestas tales como: violencia: - golpes, empujones, crímenes, asesinatos, y género: masculino o femenino.  Difícilmente  se manejarán conceptos tales como: fuerza, poder, control, maldecir, dejar de hablar, roles asignados socialmente y asumidos, construcción social de qué significa ser hombre o ser mujer.

 

Hoy sigue invisible la violencia y sigue siendo asociada a hechos cruentos, y su etiología se asocia a: problemas psiquiátricos, de personalidad, alcohol, problemas económicos y sociales y no se vincula a la educación sexista de roles tradicionales asignados a hombres y mujeres.

 

¿Quiénes son las personas maltratadas, generalmente? Las mujeres, los niños y niñas, los ancianos.

¿Quién es generalmente el maltratador? Un hombre.

En una pareja, ¿quién continúa teniendo el poder simbólico o real? El hombre.

¿Quiénes abusan sexualmente de los menores? Generalmente son hombres.

¿Por qué es común hablar de alto porciento de mujeres víctimas de la violencia doméstica y no de hombres víctimas de violencia doméstica? Porque se mantiene el poder al hombre, desde lo simbólico, desde lo que la sociedad y la cultura a establecido.

 

Datos encontrados en investigaciones de países latinoamericanos (Ferreira1993, Corsi 1993). Se calcula que:

 

Un 2% de hombres son maltratados por su pareja

Un 23% de parejas tienen violencia cruzada (ambos se maltratan)

Un 75% de parejas el hombre maltrata a la mujer

 

Efectivamente, existe una violencia que afecta desproporcionadamente a la mujer por su sola condición de pertenecer al sexo femenino, la que no se explica en forma exclusiva por su clase social o edad, por sus creencias religiosas o políticas, por su etnia o preferencia sexual. En los últimos años ha habido una paulatina forma de conciencia de que la mayor parte de las agresiones que se infligen sobre la población femenina tienen su explicación en su posición subordinada en la sociedad, se ha comenzado a identificar dichas conductas como una violencia relacionada con el género:

 

¿Qué ocurre en muchos casos donde se viven relaciones de violencia doméstica? Ocurre que se cometen actos de abuso con otro miembro de la familia generalmente la mujer o los niños o niñas, pasando a ser algo cotidiano y común, caracterizando a esa familia y ella no es consciente de esa relación de violencia.

 

Algunos ejemplos de violencia doméstica:

 

·     pegar, golpear, abofetear, quemar, apuñalar o disparar a un miembro de la familia.

·     insultar a alguien; tratarla sin respeto o avergonzarla; culparla sin razón.

·     hacer amenazas violentas

·     forzar a una mujer a tener relaciones sexuales, mirar o participar en actividades sexuales en contra de su voluntad

·     no permitir a una mujer salir o visitar a su familia y amistades; enterarse de todos los lugares donde va, no dejarla trabajar fuera de la casa

·     amenazarla con retirarle el apoyo emocional o financiero

·     gastar el dinero en alcohol cuando la familia necesita comida

·     forzar a  alguien a trabajar y quitarle el salario

·     alimentar a las mujeres con menos comida que al resto de la familia

 

La violencia es uno de los fenómenos más extendidos de nuestra época y su impacto se advierte no sólo en situaciones de abierto conflicto, sino que incluso en la resolución de problemas, a veces muy simples, de la vida cotidiana. En esa medida, se puede afirmar con certeza que muchas personas, en alguna etapa de sus vidas, han sido víctimas  de violencia. No obstante, ya sea que se trate de mujeres u hombres, la violencia asume características diferentes y sus causas tampoco son las mismas, y en la gran mayoría de los casos no se reconoce la violencia.

 

En muchas relaciones que se vuelven violentas es frecuente que el primer ataque aparezca como un hecho aislado. Pero en muchos casos, se desarrolla el ciclo de la violencia descrito por  Leonore Walker psicóloga norteamericana,  la cual lo describió en tres fases:

 

-      Acumulación de tensión: enojo, discusiones, acusaciones, maldecir.

-      Explosión de la violencia: pegar, cachetear, patear, herir, abuso sexual, abuso verbal y puede llegar hasta el homicidio.

-      Período de calma: que también se le dice de luna de miel o de reconciliación, el hombre niega la violencia, pone pretextos, se disculpa o promete que no va a volver a suceder.

 

Generalmente el abuso o maltrato se manifiesta de tres formas (Artiles de León, J.I., 1998):

 

-      Cuando alguien amenaza, humilla, aísla o descuida a otra persona. Abuso emocional o psicológico.

-      Cuando se lastima el cuerpo, (le pegan, hieren, empujar, cachetear) a otra persona. Abuso físico.

-      Cuando alguien obliga a otra persona a participar en contra de su voluntad en actos  sexuales con o sin penetración. Abuso sexual.

 

La mayor parte de la violencia doméstica o violencia intrafamiliar es violencia de género, se traduce en violencia dirigida de un hombre hacia mujeres (o niñas). Las mujeres son las principales víctimas porque se cree que tienen menor valor y menos poder en la sociedad que los hombres. Pero la violencia doméstica puede dirigirse en contra de cualquiera que tenga menos estatus o menos poder que el abusador, incluyendo a niños, hombres o padres ancianos (Artiles de León, J. I.), 1998).

 

Se entiende por violencia de género el ejercicio de la violencia que refleja la asimetría existente en las relaciones de poder entre varones y mujeres, y que perpetúa la subordinación y desvalorización de lo femenino frente a lo masculino. Se caracteriza por responder al patriarcado como sistema simbólico que determina un conjunto de prácticas cotidianas concretas, que niegan los derechos de las mujeres y reproducen el desequilibrio y la inequidad existentes entre los sexos. La diferencia entre este tipo de violencia y otras formas de agresión y coerción estriba en que en este caso el factor de riesgo o de vulnerabilidad es el solo hecho de ser mujer. (PANOS, 1998).

 

De acuerdo a UNICEF, en América Latina, solo uno de cada tres casos de abuso sexual es denunciado, y el 80% de dichas denuncias corresponden a niñas o adolescentes. Otra fuente señala que el 30% y 50% de las víctimas de violación o intento de violación tiene menos de 15 años y alrededor del 20% tiene menos de 10 años, según estudios realizados en Chile, Perú, Malasia y Estados Unidos. En estos porcentajes se incluyen tanto niñas como niños, aunque las primeras son las principales víctimas. (PANOS, 1998).

 

La violencia de género causa más muertes e incapacidad entre las mujeres de 15 a 44 años que el cáncer, la malaria, los accidentes de tráfico e incluso que la guerra. (PANOS, 1998).

 

Una proposición elevada de mujeres es golpeada cuando está embarazada. Un estudio realizado en Costa Rica, mostró que el 49% de las mujeres fue golpeada durante su embarazo. Otra investigación en Ciudad México, reveló que el 20% de mujeres embarazadas sufrió alguna vez golpes en el abdomen. (OPS, 1996).

 

La violencia, a fuerza de cotidiana, se nos va volviendo casi imperceptible, despersonalizada, no le damos el espacio que requiere en nuestra conciencia individual y colectiva, tratándose ciertamente de una realidad compleja, nos resistimos a percibirla y se nos dificulta pensarla.

 

En general se habla de violencia en aquellos casos que es visible, y se asocia el acto violento, a la lesión física. Esta forma de interpretarla hace que se limite en los registros cotidianos a los episodios sangrientos, y letales, como si la vida sólo se alterara con su liquidación y no con esa inmensa variedad de formas de entristecerla, hacerla menos feliz, y placentera.

 

El sector salud detecta y registra preferencialmente la violencia cuando tiene tales connotaciones, pero posee mínimos registros de la violencia que se produce en la cotidianidad del hogar, que no mata  pero que perjudica la calidad de vida y por lo tanto el estado de salud. Es uno de los factores por los cuales los registros de morbilidad por violencia son escasos.

 

El problema general que afecta a todas las fuentes primarias de información sobre violencia doméstica es el elevado subregistro de eventos de violencia contra la mujer derivado del hecho de que una proporción indeterminada de sobrevivientes no hacen la denuncia o no buscan asistencia médica por diversas razones:

 

1.   Temor a la censura social, por “la culpa” que ha aprendido a sentir cuando es sobreviviente de agresión, además de la vergüenza y la humillación que siente al hacerla pública.

 

2.   La mujer en la mayoría de los casos no reconoce la situación que está viviendo como violencia y por tanto no la registra como tal, no es consciente de que la vive.

 

En el caso particular de los establecimientos de salud este subregistro se acentúa porque los instrumentos de recolección de datos y la misma práctica asistencial tradicional generan la invisibilidad de la violencia contra la mujer, más aún si es intrafamiliar. O sea, el sistema no está preparado para identificar la violencia como causa de morbilidad a través de las patologías que ella genera.

 

Mecanismos de orden sociocultural tienden a obviar e invisibilizar el problema. En caso de la depresión, incluso se le disminuye culturalmente y se tiende a meter dentro del gran acápite conocido como “nerviosismo” o “neurosis”. Adjetivos que comúnmente se le adscriben al género femenino, por lo tanto responderán a un comportamiento “normal” dentro de lo que culturalmente una mujer debiera ser. (Violencia contra la mujer a través de múltiples miradas – Centro de Apoyo Aquelarre, República Dominicana, 1994, Compiladora Gisela Quintero Benítez.

 

Los datos recogidos por la OPS,  y otras instituciones internacionales y nacionales de salud en los diferentes países hablan, del daño a la salud producto de la violencia que vive la mujer dentro de la vida familiar, e incluso se habla de una EPIDEMIA INVISIBLE.

 

El conocido  estudio de Heise, Pitanguy y Germain, (1987) Violencia contra la mujer: La carga oculta de salud, señala entre otras, las siguientes:

 

Consecuencias para la salud física:

 

Enfermedades de transmisión sexual

Lesiones diversas

Asma

Inflamación pélvica

Embarazo no deseado

Aborto espontáneo

Dolor pélvico crónico

Dolores de cabeza

Colon irritable

Problemas ginecológicos

Abusos de drogas/alcohol

Discapacidad y muerte

Suicidio

Homicidio

 

Consecuencias para la salud mental:

 

Desorden de estrés post traumático

Depresión

Ansiedad

Disfunción sexual

Desórdenes de la alimentación

Desorden de personalidad múltiple

Desorden obsesivo compulsivo

 

A pesar de esa realidad, hoy, no se hace evidente en las estadísticas nacionales, pues los principales indicadores de salud de la mujer parten de la identificación del ser femenino con su rol maternal: “salud materno-infantil”, “mortalidad materna”, “índices de fertilidad y fecundidad”, “control de la natalidad”.

 

Fruto de la invisibilidad, se mantiene ausente del curriculum de los profesionales que tendrán la responsabilidad de dirigir las instituciones que establecen las prácticas de salud y de los que, en el futuro sobre sus hombros cargarán la responsabilidad de formar y educar  hombres y mujeres.

 

¿Cuándo se invisibiliza la violencia intrafamiliar?

 

Cuando:

 

     No se registra adecuadamente.

     No se reconoce como problema de salud pública.

     Sólo se reconocen algunas de sus manifestaciones.

     Se reduce a un problema privado e individual de la familia y no se toma como un asunto de la sociedad.

     Cuando se naturaliza y por tanto no nos asombra, no nos conmueve.

 

La ubicación del problema de la violencia contra la mujer en el marco de la salud pública, es una estrategia que contribuye a visualizar socialmente dicho problema y a buscar alternativas para atender sus efectos. En este sentido conocer el problema y ubicarlo en su justa dimensión es el primer paso para su transformación.

 

Propuesta: La invención comunitaria, en la atención a las víctimas, pero fundamentalmente,  la prevención, capacitación de los especialistas en el tema, en las políticas educacionales, para facilitar modelos de conducta no agresivos, el entrenamiento en la resolución de conflictos por medios no violentos y el estímulo hacia las actitudes respetuosas de los sentimientos, el cuerpo y los derechos tanto propio como ajenos, así como una educación no sexista.

 

Nuestras experiencias:

 

Durante los últimos 5 años hemos desarrollado tres investigaciones, con el objetivo de diagnosticar la presencia en nuestra comunidad de violencia intrafamiliar. Una primera aproximación la realizamos con padres y madres en una Escuela Primaria de Ciudad de La Habana.

 

En esta aproximación a la temática concluimos:

 

-     Existen elementos de maltrato en las familias estudiadas.

 

-     Se demuestra que padres y madres no son conscientes que viven relaciones de violencia intrafamiliar, ya que la relacionan con concepciones tradicionales de educación.

 

-     No conocen acerca de la violencia, la relacionan solo con hechos cruentos, con lesiones físicas y no ven la violencia psicológica o emocional.

 

-     La presencia de estereotipos sexistas, roles tradicionales que sobrecargan a la mujer con las labores del hogar, el cuidado y atención de los hijos, así como la incorporación al trabajo social, sin que el hombre asuma compartir las responsabilidades domésticas.

 

El otro estudio realizado también de carácter descriptivo con 30 parejas heterosexuales (30 hombres y 30 mujeres) en Ciudad de la Habana; tenía como objetivo diagnosticar la presencia de violencia, en este caso, violencia psicológica específicamente, agresión verbal en la pareja, ya que en la investigación anterior fue el tipo de violencia que predominaba y que no existía conocimiento de la misma.

 

Principales resultados:

 

1.   Se manifiesta agresión verbal en las parejas más jóvenes y de menos tiempo de convivencia.

 

2.   Se evidenció mala comunicación, no correspondencia entre expectativa y realidad en la convivencia de pareja.

 

3.   Dentro de los mensajes emitidos por ambos sexos el de mayor frecuencia: Discutir en voz alta.

 

Y los más utilizados según el sexo:

 

Mujeres:

 

-          Utilizar insultos menores y mayores

-          Hablar con indiferencia

 

Hombres:

 

-      Le deja de hablar

-      Le saca “trapos sucios”

 

Sobre los temas que están hablando con su pareja cuando se utiliza esos mensajes, los más frecuentes:

 

-      Aspectos no cumplidos.

-      Las tareas del hogar.

-      Cuidado de los hijos.

 

Ambos aspectos los mensajes utilizados como los temas, están vinculados a lo que establece socialmente para hombres y para mujeres.

 

Otro resultado significativo fue el desconocimiento por parte de las parejas del estudio en, qué es la violencia y cómo se manifiesta, al igual que en la investigación anterior, no son conscientes que viven este tipo de relación, no la reconoce como violencia, vinculan sus manifestaciones sólo la violencia física y o sexual no incluyendo la psicológica o emocional. Se mantiene estable la sobrecarga en las labores domésticas a la mujer.

 

El  otro estudio realizado fue con profesionales de la salud y la educación de las Provincias C, de la Habana, Las Tunas, Holguín y Santiago de Cuba un total de 400 profesionales (24% masculinos y 76% femenino).

 

Los resultados obtenidos demuestran una vez más lo que planteamos como conclusiones en nuestros dos estudios anteriores:

 

-     Los profesionales encuestados de salud y educación en su gran mayoría mujeres, no reconocen la violencia, no la vinculan a desequilibrio de poder sólo ven sus manifestaciones fundamentalmente en la violencia física y sexual. Ejemplos de testimonios:

 

1)   Sexo femenino – Educación – Santiago de Cuba.

 

"Violencia es algo muy por encima de lo normal, que está fuera de sí, cuando el ser humano pierde su control y los sentimientos no están de acuerdo".

 

2. Sexo Femenino - Salud - C. Habana

 

"Acto de agresividad hacia otra persona"

 

3. Masculino, médico, Las Tunas.

 

"No es más que la agresión física de un individuo hacia otro".

 

4. Masculino - educación - Holguín.

 

"Es un acto agresivo llevado a cabo por un sentimiento impulsivo en un momento determinado y ante una situación dada. Acto fuerte"

 

En cuanto a las causas de la violencia existió diferencia entre los sectores. Ejemplo de algunos testimonios:

 

Causas:

 

Sector Salud:

 

- Estrés

- Trastornos psiquiátricos

- Alcohol

- Personalidad del individuo

 

Sector Educación:

 

-      Problemas económicos sociales

-      Familias disfuncionales

-      Patrones culturales

-      Falta de educación

-      Bajo nivel cultural

 

No reconocen dentro de las causas la múltiple causalidad, no lo perciben como fenómeno causal complejo, no se vincula la educación sexista, no lo ven como un problema de salud y/o social que reciben niñas y niños incluso antes de su nacimiento.

 

La estrategia actual es contribuir a visualizar socialmente el problema de la violencia como un problema de salud y un problema social.

 

Conocer el problema y ubicarlo en su justa dimensión es el principal paso para su transformación. Así como buscar alternativas en la Intervención Comunitaria, trabajando según nuestra propuesta, la violencia desde la no violencia.

 

BIBLIOGRAFIA

 

  1. Advocates for Youth: La juventud mundial en riesgo: la violencia sus     consecuencias. Reflexión Juvenil, vol. 13(3): 1-4, feb. 1995.

 

  1. Artiles de León, J. Iliana comp. Violencia y sexualidad. Editorial Científico-Técnica, La Habana, 1998.

 

3.   Asociación Mexicana contra la Violencia a la Mujer: Manual sobre maltrato y abuso sexual a los niños: aspectos psicológicos, sociales y legales. UNICEF, México, D.F. (1994/95).

 

  1. Corsi, J. Comp. Violencia familiar: una mirada interdisciplinaria sobre un grave problema social. 1ª reimp. México, Editorial Paidós, 1995.

 

  1. Bonilla, R. S. de. Hay amores que matan. Ediciones Huracán, 1990.

 

  1. FLASSES: Derecho a la vida: una propuesta de educación para la sexualidad: recomendaciones del Seminario sobre Educación Sexual y Salud Reproductiva. Cuba, 1994.

 

  1. Heise, Lori; Pitanguy, Jacqueline; Germain, Adrienne. Violencia contra la mujer: la carga oculta de salud. Washington, D.C., OPS, 1994, pp. 6.

 

8.  Ministerio de Asuntos Sociales. Dirección General de Protección Jurídica del Menor. Unión de Asociaciones Familiares. “La violencia en las familias: origen, causas, consecuencias y recursos para erradicarla. 1991.

 

9.      OPS. La Violencia en las Américas. Washington, D.C., 1996.

 

10.   PANOS. The intimate enemy: Gender violence and Reproductive Health, London, 1998.

 

11.   Quiterio Benítez, Gisela (comp.). Violencia contra la mujer a través de múltiples miradas. Centro de Apoyo Aquelarre. Santo Domingo, 1994.

 

12.   Revista Latinoamericana de Sexología. Vol. 8 No.1, 1993.

 

13.   Revista Sexología y Sociedad. 1999.

 

14.   UNESCO. La violencia y sus causas. París, Editorial de la UNESCO, 1981.