INVESTIGACIÓN: MÉDICOS EN LA VIDA DE MARTÍ

OBJETIVOS

INTRODUCCIÓN

MÉTODO

ACÁPITES

CONCLUSIONES

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ANEXOS

 



REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA

AUTORES:

  • PATRICIA ALONSO GALBÁN.

  • YENLY PEDRERA YÁNEZ

  • DAYIBER SAMÁ MARTINEZ

  • YULIAN DÍAZ

ESTUDIANTES DE QUINTO AÑO DE MEDICINA. FCM “DR.SALVADOR ALLENDE” ISCMH.

 TUTORA: DRA ELENA DIEGO. ESPECIALISTA DE PRIMER GRADO EN HIGIENE Y EPIDEMIOLOGÍA.

 

“José Martí puede ser colocado a la vanguardia de los médicos cubanos que han hecho historia. No fue médico pero enseñó el secreto supremo de la ciencia de curar. El amor que vale a veces mucho más que las frías fórmulas medicinales...

La enseñanza que debe la Filosofía Médica a Martí es en resumen la lección de amor como medio de sanar a los hombres y la de la libertad como suprema medicina de los pueblos.”

 Dr. Félix Ibáñez

 

 

 

OBJETIVOS

  

General. 

  • Profundizar en el estudio de la figura de nuestro Héroe Nacional José Martí.

 

 Específicos. 

  • Estudiar una nueva  faceta de la personalidad extraordinaria de Martí.
  • Conocer a los galenos que de una forma u otra  estuvieron relacionados con la actividad redentora del Apóstol
  • Definir  la posición de Martí con relación a la misión de la Medicina, no  sólo por el contenido de su obra, sino también por su vivencia práctica.

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Conocer una nueva faceta, en relación con la figura extraordinaria de Martí, todavía cantera inagotable, sobre todo, “real y útil”, resulta siempre no solamente interesante, sino de valor inapreciable para la humanidad, ya que con el decursar del tiempo se va aquilatando cada día más su cimera personalidad, como símbolo luminoso de los sentimientos de mayor elevación espiritual e intelectual del hombre.

La gran cantera martiana nos ofrece en todo momento nuevos motivos, modernas proyecciones, aristas propicias a las interpretaciones. Por eso es eterna la vida de Martí y eternamente vive su pensamiento rector de las nuevas generaciones cubanas, de nuestra América y del mundo.

Martí ha sido estudiado por grandes biógrafos, por hombres de todas las especialidades. Se ha extraído de su obra todo lo que puede afectar al pensamiento, a los sentimientos, a las ideas, a los ideales. Ahora se quiere estudiar a Martí, por la Asociación de Ex alumnos del Seminario Martiano, a través de los hombres que fueron sus compañeros, que vivieron junto a él, en el colegio, en la Universidad, en el Presidio, en el  exilio, en las redacciones de los periódicos, en la lucha revolucionaria, y también de aquellos que, habiendo escogido la humana profesión de preservar la vida, tuvieron a su cuidado en algunos momentos, la salud de nuestro Héroe Nacional.

Médicos en la vida  de Martí es un tema pretencioso. Fueron tantos los galenos que de una forma u otra estuvieron relacionados con la actividad redentora del Apóstol, que se podrían escribir varios ensayos o estudios. Esta es sólo la primicia de una temática  que habla por sí sola.

No se limita en esta ocasión la presente investigación a reseñar a los galenos quienes atendieron al Apóstol, sino, que ahondando aún más, revela datos poco conocidos sobre los médicos que lucharon a su lado, por la independencia de Cuba, y a la vez interesantes conceptos del Maestro sobre Higiene y Salubridad.

Por lo que este trabajo, inspirado en nuestras mejores tradiciones, gestado responsablemente  y con amor, contiene un mensaje de amor, contiene un mensaje de admiración para los médicos cubanos de ayer, y marca para los de hoy y los de mañana un ineludible deber y ejemplo a seguir, continuar, como hasta ahora, en el noble sacerdocio de servir, con sus conocimientos profesionales y generosa comprensión, a la humanidad, en cualquier rincón del mundo.

¡Con lo cual se cumplen una vez más los nobles postulados del Maestro!

 

 

 

MÉTODO.

 

Se realizó una investigación basada en la búsqueda bibliográfica en libros, documentos, revistas y otras fuentes, acerca de los hombres de la profesión médica que de una forma u otra estuvieron relacionados con la actitud redentora del Apóstol, bien por relaciones profesionales, intelectuales o revolucionarias.

 

El trabajo quedó organizado en los siguientes acápites: 

 

1.     FERMÍN VALDÉS DOMÍNGUEZ: AMIGO Y MÉDICO.

2.     NO TEMÍA MORIR...

3.     ENFERMEDADES DE MARTÍ.

4.     ¿ATENTADO?

5.     OTROS MEDICOS.

6.     RELACIONES Y CITAS

7.     EL MEDICO DE MARTI

8.     MEDICO DE LA MADRE DE MARTI

  1.     MARTI Y LA MEDICINA

 

 

 

FERMÍN VALDÉS DOMÍNGUEZ: AMIGO Y MÉDICO.

 

En la vida de Martí hay que señalar que el Apóstol tuvo muchos grandes amigos, pero dos de ellos predominaron, tanto en el orden afectivo, como en la compenetración que existió entre ellos. Estos fueron Fermín Valdés Domínguez y Gonzalo de Quesada y Aróstegui. Ambas recias figuras de la vida martiana son ejemplos edificantes de lo que fue Martí para ellos, y de lo que ellos fueron para Martí.

De estos dos amigos, uno era médico, el Dr. Fermín Valdés Domínguez, y aunque en alguna ocasión debe haber actuado profesionalmente con Martí, era más que médico, el amigo entrañable y bueno, el hermano del alma.

De este médico ilustre vindicador de los ocho estudiantes de Medicina fusilados el 27 de Noviembre de 1871, dijo Martí: “Fermín Valdés Domínguez, pródigo siempre en nobleza, llevaba en los ojos desde que heló aquel horror su juventud como la sombra de una culpa involuntaria: la culpa de no haber vindicado a sus amigos. El tan bueno, tan justo, sacudió en días difíciles su ira sobre lo que el rumor público acusaba de instigadores de aquella extraordinaria maldad. El, con la sencillez de la grandeza, alzó la mano en nombre de Dios frente al cadáver que decían profanado por sus condiscípulos, y en dramático momento, digno de que el pincel le perpetue, levantó las sombras de sus amigos inocentes entre el féretro intacto del padre y el primer beso apasionado de su hijo. El propaló la vindicación, congregó en su casa propia a tímidos y valientes, aceptó en carta bella el tributo de un hombre acusado sin justicia y al fin símbolo triste y hermoso de nuestra  historia, bajó a buscar al seno de la tierra los amigos muertos, con los brazos desnudos! ¡Glorioso joven, ya puede morir, puesto que no ha de prestar a su Patria un servicio mayor! Grande ha sido en Valdés Domínguez la lealtad a los muertos- ¡que tienen pocos amigos!-´; grande su arrojo, grande la fuerza que se añade a nuestros derechos olvidados. Pero lo más grande en él, a semejanza de su pueblo, donde no encuentra raíz el odio, es ese acento inefable de perdón que embellece su digna tristeza.” (1)

Estas palabras de Martí retratan el carácter de Fermín Valdés Domínguez, su amigo y hermano, quien sufrió los tormentos de la injusta acusación de los voluntarios y quien al sobrevivir de la condena que le fue impuesta, dedicó toda su vida, no para predicar venganza ni sembrar odio, sino lograr la  reivindicación de la injusta pena que le impusieron a aquellos compañeros de aulas universitarias y que como dijo el valiente Capitán español Federico Capdevila, todo el balcón caería sobre España...

 

 

NO TEMIA MORIR...

 

José Martí, a pesar de tener una débil constitución física desproporcionada a su alma de gigante y a sus tareas de titán, a pesar de las grandes preocupaciones por la enormes responsabilidades de la obra que había cometido, no era enfermizo, aunque la flaqueza física por el exceso de trabajo provocó en más de una ocasión un agotamiento producido por el cansancio que hubiera rendido a hombres de gran fortaleza, y que a él, le hacía suspirar profundamente. Una vez Mayía Rodríguez le dijo: “martí, no me gusta oírle suspirar así”. El le contestó:

“-No ha estado usted en Yucatán, pues allí hay unos ríos subterráneos y salobres; de trecho en trecho la tierra de se abre, dejando oír por las grietas el rumor del río, que va con sus aguas amargas a perderse en el mar. Los llaman cerotes... Pues eso, cerotes, son mis suspiros”. (2)

No se concibe- dice Manuel I. Mesa- cómo en las veinticuatro horas del día pudo, sino siendo extrahumano, leer cuanto leía y escribir cuanto escribió, a pluma o a  lápiz que fue su único modo. Exactamente cumplió lo que a Mercado prometía: “por poco me propongo a dar mucho”, y lo dio prodigándose hasta lo fantástico”. (3)

Martí no temía morir. Ver su opinión a través de las propias palabras que le dijo estando enfermo a su médico, el doctor Ramón l. Miranda: “La muerte para mi no es más que la cariñosa hermana de la vida”, (4) pero su preocupación era vivir, ansiaba vivir, tener fuerzas para luchar por la independencia de la patria. “Mi miedo mayor- decía Martí- no es el de ir saliendo de la vida, sino el de verme sin fuerzas para los muchos quehaceres que nuestra tierra está a punto de echarnos sobre los hombros”. (5)

Bien dijera Gonzalo que Quesada y Miranda, que es raro que de Martí no exista su hoja clínica, que no se haya realizado un estudio  psicopatológico, a pesar de  haber estado a su lado muchos médicos, de haber tenido que ser tratado por los mismos, y muy especialmente su médico, en el sentido estricto del vocablo: el doctor Ramón L. Miranda. (6)

“Para él nada era, según afirmó el Dr. Tomás de Jústiz, nada valía cuando del bien y la dignidad de su Patria de trataba”. (7)

 

 

 

 

ENFERMEDADES DE MARTÍ.

 

La Habana en el año 1853, cuando nació José Martí, sanitariamente dejaba mucho que desear. Habían casos de dengue, viruela y un nuevo brote de cólera morbo. A esas condiciones ambientales se añaden la penalidad del Presidio, cuando fue condenado por el régimen colonial imperante en la Isla a sufrir la pena de “trabajo forzado” en las Canteras de San Lázaro, precisamente en el lugar donde hoy está instalada la Fragua Martiana. Allí fue donde el cuerpo juvenil de Martí  sufrió su bautismo de sangre. Allí quedó en su propia carne la huella de la injusticia que reinaba en Cuba. Allí,  aquellos grilletes y aquella cadena, que le impusieron como si fuera el peor de los criminales, le resintieron la salud física, al tiempo que estimularon su alma y alentaron su corazón para no desmayar en los ideales que ya sentía de luchar por la libertad de la Patria esclavizada.

Pero allí se quebró su salud. Allí se perturbó su organismo. Allí se le produjo la lesión que siempre llevaría en la vida, sin que la ciencia médica de la época, a pesar de las intervenciones quirúrgicas que le realizaron, lograran rehabilitarlo totalmente de ese mal. Era la marca sagrada y su escudo de lucha por la independencia de la Patria.

 “Partiendo piedras en una cantera- dice el Doctor Ramón Infiesta,- bajo un sol inclemente, su frágil salud se resistió para siempre, y toda su vida lo atormentó una llaga que el hierro le ahondó al pie”. (8)

Deportado a Europa llega Martí a España profundamente dolorido en el cuerpo y en el alma. En Madrid comienza a sentir cierto malestar en los estigmas que dejó el Presidio en su existencia. Comenzaron de nuevo los dolores y se quebrantó extraordinariamente su salud. La cadena que tuvo que arrastra durante su permanencia como condenado le había producido también una lesión inguinal.  Carlos Sauvalle, el cubano estudiante de medicina en Madrid y su fiel compañero, le prodiga extraordinarios cuidados. Pero la intervención de la ciencia médica se hace necesaria y son llevados junto a su lecho de enfermo los doctores Hilario Candela (9) y Gómez Palmo. Martí es reconocido y después de una breve conferencia entre los dos médicos, se determina que el doctor Candela, médico cirujano. Cubano de nacimiento y radicado en Madrid por aquella época, sería quien lo intervendría quirúrgicamente.

“En el primer invierno  madrileño de Martí- dijo Luis Rodríguez Embil, biógrafo del apóstol-, invierno áspero y duro, Sauvalle fue para aquel el compañero fraternal y fiel, la charla deleitosa que ahuyenta la soledad de los primeros meses y el lazo de unión con los primeros conocidos. Y, además, era una evocación viviente de la Patria en común” (10).

De la intervención quirúrgica realizada por el Dr. Hilario Candela se restableció Martí, aunque no logró una cura total, sino que requirió otras operaciones en España y también e México. Como dijera el propio Gonzalo de Quesada y Miranda en su obra “Martí, Hombre”: “la cura no será completa, aunque la mejoría es suficiente para que Martí pueda continuar sus estudios”. (11)

Y aunque pasó algún tiempo sintiéndose mejor y algo animado por la llegada a España de Fermín Valdés Domínguez, su “hermano del alma”, su salud sigue quebrantándose y los propios médicos le aconsejan un cambio de clima, que se traslade a otra zona dentro de la propia península española, y acompañado de Fermín, embarca rumbo a Aragón, donde matricula en la Universidad de Zaragoza.

Padeció, sí, como todos los humanos, de afecciones sin mayor importancia y trascendencia, sin que haya referencias de que en su vida haya sido víctima de ninguna de las terribles enfermedades de aquella época.

También sabemos, y sus biógrafos lo han apuntado, que Martí padeció de Broncolaringitis, pero este mal es frecuente en cualquier persona que se dedica a la oratoria y en el caso de Martí, la tribuna fue el vehículo más eficaz que tuvo para laborar por la independencia de la Patria, para pregonar la necesidad de agrupar a los cubanos, y emprender la lucha por la libertad de la tierra esclavizada. Jorge Manach, en su biografía, lo recuerda en mitin de Steck may, diciendo: “Alcanzó entonces el discurso alturas adonde apenas podía seguirle la tensa atención. En los meetings revolucionarios no se habla ya un lenguaje como aquel, raro y apretado, que pasaba abruptamente de la argumentación sentenciosa al detalle plástico y a la metáfora relampagueante” (12).

Y siendo como era Martí un orador en el más amplio y augusto sentido de la palabra, que usaba y empleaba la voz constantemente, lógicamente tenía que afectarse algunas veces de  males de la garganta e inflamar de vez en cuando sus cuerdas vocales.

El Doctor Eligio Palma fue uno de los que atendió durante estas afecciones y en más de una ocasión hubo de recomendarle reposo absoluto: no hablar una palabra. Pero la inquietud nerviosa de Martí hacía poco caso de los consejos médicos y siempre respondía: “Cuba no puede esperar...,” en cierta ocasión le preguntaron: “Y usted, cuántas horas duerme”. “-Cinco, mientras mi Patria no sea libre” (13).

 

 

 

 

¿ATENTADO?

 

Vamos a referirnos a un pasaje de la vida de Martí en Tampa, cuando permaneció enfermo durante unos días asistido por el Dr. Miguel Barbarrosa. Circuló entonces el rumor de que un agente del gobierno español había tratado de envenenar a Martí.

Nunca se supo la verdad. ¿fue cierto que trataron de envenenar? Ninguno de los biógrafos nos ofrece luz esclarecedora. En épocas de agitación  tan intensa  como las que vivía Martí, y siendo como era el verdadero líder de la revolucióin cubana, siempre fue posible que algún sicario del régimen tratara de utilizar este medio para eliminar a la figura que representaba el alma de la lucha en marcha.

El propio Martí, en carta a José Dolores Poyo, al referirse al Doctor Barbarrosa, le dice: “...yo puedo seguir viaje gracias a la habilidad y  fraternal cuidado de Barbarrosa” (14).

En otra carta que dirigiera Martí a María Mantilla desde Cayo Hueso, en 1894, apunta: “He estado enfermo, y me atendieron muy bien la cubana Paulina, que es negra de color, y muy señora en su alma, mi médico Barbarrosa, hombre de Cuba y de París, y hermano bueno del que tú conoces...”

De esta manera, plasma el apóstol en su correspondencia  el agradecimiento al médico que estuvo a su lado en aquellos días de los que  la anciana Carolina Rodríguez “La patriota”, en carta a Gonzalo de Quesada, expresara: “... no puedo olvidar ni un momento el susto que hemos pasado” (15).

 

 

 

OTROS MEDICOS.

 

Otro médico que asistió a Martí en Nueva York, fue el Dr. José R. Alvarez, y no sólo actuó profesionalmente en la asistencia personal del apóstol, sino que laboraba de una manera intensa a favor de la causa cubana, integrando el Consejo de Presidentes  que asesoraba a la Delegación cubana en Nueva York.  De este galeno, en la página política del “El País”, expresara el doctor Gustavo Herrero, al pie de una interesante foto del consejo: “el médico del Apóstol y uno de sus mejores y dilectos amigos”. (16)

Otro médico que tenemos que señalar en la vida  de Martí fue el Dr Juan Cisneros Correa, quien tuvo la atención facultativa del apóstol en la ciudad de Nueva York, a causa del recrudecimiento de los dolores producidos por las llagas del Presidio. El propio Martí decía del Dr. Cisneros lo siguiente: “Noble rostro tenían un caballero de Cuba a quien saludaban, en las bodas del martes, todos los antiguos neoyorquinos. Todo él tenía el aire de un prócer: el rostro fino, la sonrisa afable, el cabello cuidado y canoso, el bastón de puño de oro, el traje negro. Era el médico querido, que a tantas casas llevó, en sus años de trabajo, el consuelo de su ciencia y de su caridad. Era Juan Cisneros.”  (8)

El anciano galeno fue el penúltimo médico de Martí, pues después de esta etapa pasó el Apóstol a ser atendido por el Dr. Ramón L Miranda, vinculado grandemente a Gonzalo de Quesada y Aróstegui, por ser su suegro, y quien se hizo cargo de la atención médica de Martí hasta que abandonó el exilio por tierras  de América para unirse a las fuerzas que peleaban  en la manigua cubana y  caer gloriosamente en Dos Ríos.

 

 

 

RELACIONES Y CITAS

 

Hemos querido anotar  brevemente en este acápite, una serie de nombres de médicos que de una forma u otra tuvieron relación con Martí, ya en el exilio, por estar colaborando con la causa de la independencia cubana, ya por sus actuaciones médicas en el exterior, o que merecieron que Martí periodista comentara en la serie de trabajos que publicara en la Argentina, en México, en Venezuela y en los propios Estados Unidos, glosando sus actuaciones. Algunos de ellos son:

 

  • Dr. Daniel Guiteras: citado en los comentarios al Congreso Panamericano de Medicina celebrado en Washington en Septiembre de 1893, donde este galeno es designado Secretario de la comisión de la Marina al congreso.
  • Dr. Juan Guiteras Gener: ilustre médico matancero, sanitario, activo delegado de la revolución cubana en Filadelfia y que participaba en los centros científicos de los Estados Unidos, como una figura de Primera línea. De Juan Guiteras dice Martí: “Y otro honor  para los cubanos es que una de las autoridades prominentes del Congreso, y el alma de él, acaso, sea Juan Guiteras, uno de los tres médicos que en los Estados Unidos ilustran este nombre criollo” (17).

 

También cita Martí en sus comentarios a médicos de Puerto Rico y Cuba – “Tenemos nobles médicos”- , con una frase de elogio para cada uno de ellos:

 

  • Dr. José Jacinto Luis: “probado en la guerra y en la larga práctica de familias”
  • Dr. J. J. Henna: “cuyo nombre es ya un elogio”, médico boricua.
  • Dr. Ventura Portuondo: “ayer predilecto de la universidad y hoy de  su clientela”
  • Dr. Eduardo Agramonte: “héroe de la guerra, que abrió heridas y las cura”
  • Dr. Goyito Quesada: “que en el hospital se ganó con su mérito puesto permanente”, hermano de Gonzalo de Quesada y Aróstegui.
  • Dr. Sauvalle: “que trae nombre que obliga”
  • Dr. Amábile: “hermano activo del que cayó en Cuba al besar la tierra libre”
  • Dr. López Victoria: “el boriqueño culto”
  • Dr. Ponce de León: “que levanta la casa en Brooklyn”
  • Dr. José Alvarez. “que se sabe toda la cirugía”
  • Dr. Párraga: “que abrió nido en la roca”
  • Dr. Osorio: “empeñado en curar pobres”
  • Dr. Sarlabous : “en quien rebosa noble el corazón”

 

Otras citas de médicos que hace Martí:

  • Dr. Evaristo Calves
  • Dr. Joaquín García Lebredo
  • Dr. Honorato de Castillo
  • Dr. Antonio Bustillo
  • Dr. Miguel Avalos
  • Dr. Ramón Zambrana
  • Dr. Félix Figueredo

 

También cita a numerosos médicos extranjeros.

  • Dr. Juan P. Marat: líder de la Revolución Francesa
  • Dr. Claude Bernard
  • Dr. Littre
  • Dr. Chacot
  • Dr. César Lombroso
  • Dr.  Juan Antomarchi: el médico de Napoleón
  • Dr. Le Plongeon

 

Entre los médicos pertenecientes a su generación cita Martí además a:

  • Dr. Ramón Betances
  • Dr. José Varela Zequeira
  • Dr. Eduardo F. Plá
  • Dr. Diego Tamayo

 

Otros médicos que fueron citados por el apóstol o que de alguna manera tuvieron contacto con él, bien por relaciones profesionales, intelectuales y revolucionarias,  fueron:

 

  • Dr. Lisandro Alvarado: conocido por Martí durante su estancia en Venezuela. Se distinguió por sus campañas contra las epidemias en su país y como cirujano, actuando en el ejército cuando las luchas civiles. (18)       
  • Dr. Regino González: quien atendiera a Martí en tierra azteca, y que salir de la vivienda donde se encontraba enfermo nuestro Héroe Nacional preguntara a Manuel Mercado, quien lo había acompañado, visiblemente impresionado por la forma vehemente de hablar y lo sugestivo de la palabra de Martí: “¿Quién es este hombre extraordinario?” (19)
  • Dr. Emilio Brunet: cubano que ejercía en Filadelfia y en cuya casa residió Martí.
  • Dr. Juan B. Landeta y Dr. Esteban Borrero Echevarría.: quienes cuando iban a veranear a Saratoga, pasaban siempre por Nueva York y veían a Martí, con quien conversaban sobre la situación de Cuba.
  • Dr. José Jacinto Luis: quien fue ayudante de Ignacio Agramonte.

 

En sus labores de organización de los clubs patrióticos y en definitiva del Partido Revolucionario Cubano Martí fue ayudado por, entre otros, los siguientes galenos: (20)

 

  • Dr. Eusebio Hernández
  • Dr. Oscar Esparza
  • Dr. Arístides Agramonte
  • Dr. Joaquín Castillo Duany
  • Dr. Pedro E Betancourt
  • Dr. Demetrio Castillo
  • Dr. Julio San Martín
  • Dr. Federico Grande Rossi
  • Dr. Juan Ramón O´Farrill
  • Dr. Joaquín L. Dueñas
  • Dr. Sebastían Cuervo
  • Dr. Raimundo Menocal
  • Dr. Alfredo Hernández
  • Dr. Francisco Solano Ramos: quien presentó a Martí en la Logia “Armonía”, No 52 de Madrid. España, cuando se inició como Masón. (21)
  • Dr. Juan Antigua: quien recién graduado aceptó el cargo de médico de la Compañía de Vapores de la Trasatántica Española y fue un vehículo eficaz que utilizó el apóstol  para llevar determinados mensajes y documentos a Cuba.

 

En las notas, fragmentos y apuntes que se encontraran entre los papeles que Martí legara  y guardara con gran devoción su gran discípulo Gonzalo de Quesada y Aróstegui, y que el hijo de este gran cubano hiciera publicar bajo el título de “Fragmentos” en las Obras Completas del apóstol, nos encontramos algunas citas relativas a médicos o grandes figuras de la medicina del continente americano, como son:

 

  • Dr. José Hipólito Unanué: fundador de la primera escuela de Medicina en Perú al crear en 1872 el Anfiteatro Anatómico de Lima. Unanué desempeñó aproximadamente durante 40 años la cátedra de Higiene Pública y fue uno de los sanitarios más sobresalientes de la América.
  • Dr. Antonio Rosas: nativo del Perú, que se dedicaba a la Oftalmología.

 

 

 En la magnífica obra de ese gran historiador y patriota cubano Gerardo Castellanos  G.  “Misión a Cuba” (Cayo Hueso y Martí), donde relata la importante comisión que el Apóstol dio a su padre para que recorriera la isla de Cuba, en labor preparatoria de la revolución libertadora se apunta con fidelidad en los detalles  y como un gran aporte para la historia patria, la actitud de todos y cada uno de los hombres que entrevistó con el recado de Martí, entre los que figuran muchos médicos:

 

  • Dr. Daniel Gutiérrez Quirós
  • Dr. Enrique B. Barnet
  • Dr. Agustín Cruz González
  • Dr. Ricardo Pocurrull
  • Dr. Eduardo Piña Agramonte
  • Dr. Antonio Luaces e Iraola

 

El Dr. Ulpiano Dellundé fue otro médico cubano de gran prestigio que prestó importantes servicios a la revolución cubana y en quien Martí tenía una absoluta confianza por su valentía y lealtad. El hogar de Dellundé  en Cabo Haitiano fue la sede de Martí para hacer la incorporación física a la revolución cubana. Dellundé  fue siempre delegado de Martí en Haití y Santo Domingo. Era Delegado del Partido en Cabo Haitiano cuando llegó a su casa Martí, el  3 de marzo de 1895, en busca de armas para la guerra; cincuenta fusiles quería el Maestro. El Doctor llamó a sus socios y a su dependiente y consiguió siete. Ya por la noche tenía doce, entonces Martí le dice: “¿usted me salva, doctor?” (22)

 

Por último, debemos citar en este momento a los dos médicos que intervinieron después que Martí cayo gloriosamente en Dos Ríos, ofrendando su vida por la libertad de la patria. Ellos son:

  • Dr. Juan Gómez Valdés: mayor perteneciente a la columna española, quien reconoció el cadáver de Martí en el propio campo de batalla.
  • Dr. Pablo de Valencia y Fort: médico forense, que cumpliendo instrucciones superiores, se dirigió al Cementerio de Remanganaguas, donde se sepultó el cadáver de Martí, a fin de que se procediera a su exhumación  y embalsamiento y traslado a la ciudad de Santiago.

 

Martí calificó la guerra de independencia de Cuba como la “Revolución de los médicos”, al decir: “Los médicos son los más apropiados, y, por tanto, serán los mejores delegados. Sus pasos en ninguna hora ni en ninguna parte llaman la atención; siempre son bien recibidos. Todos les deben algo: unos la vida, otros dinero. El médico es quien mejor conoce los secretos de todos: por eso, ésta será la revolución de los médicos”(23)

 

 

EL MEDICO DE MARTI

 

El Dr. Ramón Luis Miranda fue el médico que atendió a Martí en los últimos años de su vida, cuando era mayor la agitación en el exilio revolucionario preparando lo que habría de ser la guerra de independencia de 1895. Por eso a pesar de haber sido  atendido por otros galenos en las distintas etapas de su vida, a Miranda le quedó el honroso título de : “Médico de Martí” 

Nació Ramón Luis Miranda y Torres en la ciudad de Matanzas el 29 de Julio de 1836, trasladándose a La Habana por el año de 1848, para integrar el primer grupo de alumnos fundadores del colegio “El Salvador” que fundara y rigiera con su gran mentalidad y sagrado apostolado don José de la Luz y Caballero, forjador de toda una generación de cubanos que sirvieron a la Patria en todos los órdenes y mentor permanente de todas las generaciones cubanas.

 Fue buen estudiantes. Logró grandes notas en sus estudios, obteniendo el bachillerato de Ciencias; cursó dos años de Medicina en la ciudad de La Habana, para continuar después sus estudios en la escuela de Medicina de París, donde se graduó como médico en 1861, presentando su tesis de grado titulado “De la parálisis del nervio motor ocular común”, trabajo que fue elogiado por el profesor francés Broca. (24) 

Graduado de médico en Francia, pasó a España, donde hace su reválida en la universidad Central de Madrid y obtiene el título de Licenciado en Medicina y Cirugía. En este centro docente realiza interesantes trabajos entre ellos una interesante operación del “labio leporino”, que le valió el título de precursor de la Cirugía Plástica. Pudo instalarse definitivamente en Madrid, donde el ejercicio de su profesión le ofrecía grandes y valiosas oportunidades de tipo económico, pero añoraba regresar a la Patria, donde permaneció algún tiempo laborando como médico de la Casa de Beneficencia y Maternidad de La Habana y en mérito a su labor científica y profesional fue designado primeramente en 1866 miembro supernumerario de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, en el año 1867, ascendido a Académico de número y en 1901, fue exaltado a Miembro de Mérito. Los anales de esta docta corporación recogen en sus páginas los importantes aportes científicos presentados por el Dr. Miranda, así como las deliberaciones en que participó en los esclarecimientos de las múltiples cuestiones que se sometían a consideración en la Academia. (25) 

Fue miembro de la Academia de Medicina, de la Sociedad de Jurisprudencia Médica, de la Asociación Médica del Estado y del Condado de Nueva York, médico auxiliar de Sanidad Militar y publicó numerosos trabajos.

 Las labores conspiratorias en que actuaba, le hicieron emigrar, instalándose en Nueva York, donde se incorporó a la lucha revolucionaria en el exilio, y le brindó a Martí no solo la oportunidad de un médico, sino de un cooperador más a la labor que había emprendido por la libertda de Cuba.

 Ramón L Miranda casado con la señora Luciana Govin, tuvo una hija: Angelina de Miranda, que se casó con Gonzalo que Quesada y Aróstegui Miranda, además de prestar incalculables servicios a la causa cubana, con la atención profesional de los cubanos exilados, contribuyó con su aporte económico, al equipo de las expediciones que salían para Cuba.

 Prueba de ello es, que, cuando el fracaso de la expedición “Fernandina”, momento en que Martí se vio atribulado, abatido ante la magnitud de la hecatombe para la causa de las armas cubanas, fue a refugiarse  a la casa de “su médico”, y allí encontró no solo hospitalidad, sino aliento y recursos para continuar la lucha empeñada.

 Martí, en aquella ocasión en que era perseguido por las autoridades norteamericanas, no se preocupaba de su situación personal, sino de lo que significaba aquel fracaso.”Dónde encontrar $500.00 ahora - decía amargamente- para empezar de nuevo” ya que todas las armas había sido decomisadas. (22)

“Pero entonces, -cuenta el comandante Luis Rodolfo Miranda, sobrino del Dr. Miranda- la esposa del médico de Martí , señora Luciana Govin, que me había dicho que fuese a su cuarto y que de su escritorio le trajese la libreta  de cheques, lo que hice velozmente, le dice a Martí: - Mire. Comprendo su dolor, que es nuestro también, pero hay que continuar la lucha. En la guerra hay victorias y derrotas, esto debemos considerarlo como una derrota, pero no perdida nuestra causa. Mire Martí, aquí está mi libreta de cheques; en el banco tengo tanto, ponga ahí la cantidad que usted quiera que yo le firmo el cheque inmediatamente.”.  (26)

 Por su parte el Dr. Miranda, le dice: “Mire, mi mujer es rica; yo no puedo desgraciadamente actuar de igual forma, pero aquí tiene usted mi cheque” (26).

 El Dr. Ramón L. Miranda era de carácter enérgico, jovial y dicharachero y amigo de los pobres, a quienes prestaba generosamente sus servicios profesionales, bien en su consultorio o como Presidente de la Sociedad de Beneficencia Hispano- Americana. 

Martí tenía un gran cariño y una gran estimación por el doctor Miranda, a quien consideraba su médico y consejero. Al invitarlo a una reunión donde preparaba un homenaje al Dr. Fermín Valdés Domínguez le dice: “Le tengo tanto cariño que no creo deber escribirle con pompa y besamano... En la compañía de usted salen las cosas mejor hechas. A usted solo lo innoble le es extraño.”

 Tan vinculado estaba el apóstol a la familia de Miranda, que en su epistolario no dejaba de mencionar en las cartas que remitía a Gonzalo de Quesada y Aróstegui alguna frase amable para el médico y su señora, para su esposa Angelina y para su nieta Aurora. (27)

 Y cuando publicó el libro “Versos Sencillos”, le hizo la siguiente dedicatoria: “A un médico que cura siempre, al Dr. Ramón Miranda. Su amigo muy cariñoso. José Martí” 

“Escena corriente era  - decía Gonzalo que Quesada y Miranda- ver a Miranda, su sobrino y Quesada, acompañar a Martí en sus múltiples quehaceres, trabajar con él en la redacción de Patria, y luego cargar con los paquetes del periódico revolucionario hasta la oficina de correos.” (28)

 No es posible dejar de decir que  como médico, Miranda estudió profesionalmente a Martí, le atendió y le cuidaba más que como un cliente, como un hijo. Ramón L Miranda cuenta sus impresiones de Martí diciendo: “tuve el honor de prestarle mis servicios profesionales y desde el principio, cuando se hacían los preparativos para libertar a Cuba y cuando todo estaba en estado embrionario y nadie creía que pudiera germinar la Revolución, por no estar preparada, según decían, Martí, iluminado, vio claro y presintió el triunfo. En esa época, me mandó a buscar por estar  enfermo y me dirigí a su casa al Oeste de la Calle 61, cerca de la avenida de Columbus; lo encontré en su modesto y estrecho cuarto, postrado en cama, febril, nervioso; examinado, diagnostiqué Bronquitis y que en breve se curaría; él se había alarmado creyendo que su enfermedad pudiera agravarse y me dijo: “-Doctor, cúreme pronto, tengo una misión sagrada que cumplir con mi patria, poco me importa morir después de realizarla...” (29)

 Este noble médico de Martí, que como decía Fermín Valdés Domínguez, fue “su médico y su amigo cariñoso y leal; y en sus campañas políticas su colaborador y amoroso consejero”, al regresar a Cuba, terminada la guerra, se dedicó con extraordinario celo  y como un sagrado deber, a que en la ciudad de Matanzas se erigiera una estatua al Apóstol, y puso tanto empeño en esta obra, que el 24 de febrero de 1909, fue develado un monumento que se levantaba en la entonces Plaza de la Libertad de la capital matancera. La obra fue ejecutada  por el escultor italiano Salvador Buemi. (30). 

Ya podía morir tranquilo el Dr. Miranda. Ya había realizado su viejo anhelo. Ya Martí tenía su estatua en una plaza matancera.y efectivamente, un año después, murió el ilustre médico de Martí, el 27 de enero de 1910, víspera precisamente del aniversario del nacimiento del Apóstol.

 

 

 

 MEDICO DE LA MADRE DE MARTI

 

El doctor Juan Santos Fernández fue el médico de doña Leonor Pérez. El ilustre médico-oculista, la asistió de una afección de la vista, interviniéndola quirúrgicamente para suprimirle una catarata que le impedía ver, sobre todo cuando recibía carta de su hijo y quería escribirle...

 El propio doctor, en su obra “Recuerdos de mi vida”, dice del apóstol: “Era muy joven cuando conocí en Madrid, a Martí, que lo era más que yo; después no nos volvimos a ver hasta que, ejerciendo en La Habana, me consultó el día 22 de enero de 1877. Su madre, a la que venía asistiendo antes, tenía el Número 4477 de mi registro clínico.

 “Volví a perderlo de vista cuando tuvo que marchar al extranjero, poco después de consultarme. En Mayo de 1886, cuando permanecí un mes en Nueva York (...) iba en el centro de un tranvía, de pie (...) y alguien que estaba detrás de mi, me cubrió los ojos con ambas manos y me dijo, ¿quién soy? (...) – soy Pepe Martí.”

 “Su última carta poco antes de la guerra de 1895, tenía por objeto darme las gracias por la asistencia que desde hacía tiempo prestaba a su querida madre y por la operación de cataratas que iba a practicarle” (31)

 Observemos como Martí confiaba en la ciencia Médica, precisamente en lo que más se quiere en el mundo, cuando escribe al Dr. Juan Santos:

 “Amigo querido:

  Gozo con agradecer, y en saber que el viaje por el mundo no ha logrado sacar la piedad de tu corazón. Sé lo que haces por mi madre, y lo que vas a hacer. Trátamela bien que ya ves que no tiene hijo. El que le dio la naturaleza está empleando los últimos años de su vida en ver como salva a la madre mayor.

 Tú no necesitas de mis palabras. Tú sabes quién es, y con qué ternura te quiere, y recuerda tus bondades, tu amigo, José Martí” (32).

 

 

MARTI Y LA MEDICINA

 

La obra científica de Martí no está en un solo trabajo, sino que hay que buscarla en sus escritos que es donde se observa que a pesar de su formación humanista, y de ser un polígrafo, orador maestro y hombre de pensamiento, apreció el futuro por los caminos de la ciencia.

 Así vemos a través de sus escritos periodísticos, como comentaba inclusive libros de Medicina, así como temas relacionados con tan humana profesión. En un trabajo se refiere  a la necesidad de una mayor salubridad en las poblaciones, a preservar al pueblo de los males epidémicos y llama la atención del Estado, que está en el deber ineludible de atender esta cuestión que es vital para la existencia humana. “La verdadera medicina- decía Martí- no es la que cura, sino la que precave. La higiene es la verdadera Medicina” (33).

 Martí que tanto amor tenía por los niños, se preocupaba también de la salud de los pequeños y estudiaba las causas de mortalidad infantil. En un artículo publicado en “La Nación” de Buenos Aires en el año 1883, titulado  “Se mueren los niños”, Martí, con esa gran visión de los graves problemas de la comunidad y atendiendo las necesidades de la colectividad humana y el factor que representa la higiene pública, y que requiere de una mayor atención médica a la población infantil, decía: “allá en la ciudad (...) mueren los niños pobres en centenas al paso del verano. Como los ogros a los niños a los niños de cuentos, así el cholera infantum les chupa la vida (...) ¡y digo que este es un crimen público, y que el deber de remediar la miseria innecesaria es un deber del Estado! (34)En la manigua...

 Martí no solo curaba con la palabra, sino que actuaba curando heridas de emergencia, no como médico, sino como practicante o un experto en primeros auxilios. Ya en tierra cubana, luchando en plena manigua de la brava región oriental,  unido a las fuerzas de José Maceo, Martí aprovechó la hora del descanso para atender a los soldados heridos.

 Néstor Carbonell relata esta escena en su última obra: “Martí, carne y espíritu”, escrita como si fuese una autobiografía, en la cual Martí dice: “y cuando dieron la orden de descansar y se tendieron las hamacas, yo, primero que a dormir o reposar, hurgué  en mi jolongo y saqué de el la medicina (...) y cuando llegó el agua fresca, de tierna ayuda, me puse a curar de un soldado la herida narigona. La bala le había entrado en el pecho y salido en la espalda (...) se la lavé y apliqué yodoformo y algodón fenicado. (35)

 En el Diario de Martí, desde Playitas de Dos Ríos, hace gala de sus grandes y profundos conocimientos de naturalista práctico, que ama el árbol. Adora la naturaleza y conoce los secretos curativos de las plantas medicinales. Véanse estas referencias a algunos remedios caseros: “ A César le dan agua de hojas de guanábana, que es pectoral bueno y cocimiento grato... Me buscan hojas de zarza o de tomate para untarlas de sebo sobre los nacidos... VI hoy la yamagua, la hoja fénica que estanca la sangre y con su mera sombra beneficia al herido.”

 En otro pasaje dice: “ Que la sabina, olorosa como el cedro, da sabor y eficacia medicinal al aguardiente... que el té de yagruma es bueno para el asma”. Y añade: “Las hojas de la yagruma blanquean el suelo”. (36)

 Y es que Martí tenía mucho de médico. Sabía profundizar el alma tan hondo, que cómo no iba a conocer los males del cuerpo, hasta las flaquezas humanas. Y muchas veces en Medicina, el aspecto  psicológico influye más en un tratamiento que el propio medicamento que se suministra.

 Sobre este aspecto de Martí y la Medicina, dice un notable médico-escritor, el doctor Félix  Martí-Ibáñez: “Martí curaba por el milagro del amor” (36).

 

 

 

 

CONCLUSIONES

 

  • Es significativo y amplio el número de galenos que de una forma u otra estuvieron relacionados con la actitud redentora del Apóstol, bien por relaciones profesionales, intelectuales o revolucionarias.
  • Dos de estos galenos se destacan entre todos, ellos fueron: Fermín Valdés Domínguez, más que médico de profesión el gran amigo y hermano del alma de Martí, y el Dr. Juan L. Miranda, quien recibiera el honroso calificativo de “el médico de Martí”.

 

Martí tenía un alto concepto tenía un alto concepto  de  la misión de la medicina, tema que trató no sólo en su obra literal, o que abordó con su palabra fecunda; sino que también puso en práctica en la manigua redentora, donde entregara su vida al servicio de la Patria, en pos de su sueño más extraordinario: la independencia de todos los cubanos.

 

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

 

1.        Martí J. Obras completas. . Editorial Trópico.

2.        Carbonell N. Martí, carne y espíritu. La Habana, 1952.

3.        Mesa Rodríguez Manuel I. Las cartas de Martí a Mercado. Archivo de josé Martí No 10. Publicación del Ministerio de Educación.

4.        Miranda. Ramón L. Ulimos días de Masrtí en Nueva York. Revista cubana. Vol XXIX. (número homenaje). Publicación del Ministerio de Educación, 1953.

5.        Bonilla J. Impresiones de una velada. Revista cubana. Vol XXIX

6.        de Quesada y Miranda G. Ramón L. Miranda, médico de Martí. “Ecos”. La Habana, 1951.

7.        de Jústiz y del Valle  T. Mayo de 1895. Academia de Historia, 1953.

8.        Infiesta Bagés R. La experiencia de Martí. “Homenaje al Apóstol José Martí en el Centenario de su natalicio”. Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Público de la Universidad de LaHabana, 1953.

9.        Santos Fernández J. Viaje Científico. La Habana, 1891.

10.    Rodríguez Embil L. José Martí, el santo de América. La Habana, 1941.

11.    de Quesada y Miranda G.Martí, hombre. Editorial P. Fernández y Cía. La Haban, 1940.

12.    Mañach J. Martí, el Apóstol. Editorial Espasa-Calpe. Madrid.

13.    Obras Completas de Martí. Editorial Lex

14.    Rodríguez Expósito C. Médicos en la vida de Martí. La Habana, 1955.

15.    Magdaleno M. Fulgor de Martí. Editorial Botas. México, 1941.+

16.    Página política del Periódico “El País” de la Habana.

17.    de Baralt Blanca Z. El Martí que yo conocí. Editorial Trópico, 1945.

18.    Altuve Carrillo L. Venezuela en Martí. Editorial Lex, 1953.

19.    Mercado A. Mis recuerdos de Martí. Revista cubana. Vol XXIX.

20.    Esparza O. Médicos de la guerra de independencia. Revista del colegio Médico de Santa Clara. Vol IV.

21.    Fernández Callejas R.Martí, masón. Undécimo Congreso Nacional de Historia. Trinidad. Mayo de 1955.

22.    Casasús Juan J. E. La Emigración Cubana y la Independencia de la Patria. Editorial Lex. La Habana, 1953.

23.    de Quesada y Miranda G. Anecdotario  Martiano. Ediciones Patria. La Habana, 1948.

24.    Trelles Carlos M. Contribución de los médicos cubanos a los progresos de la medicina. Editorial A. Dorrbecker. La Habana, 1948.

25.    Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de Cuba.

26.    Miranda Luis R. Pensando en Martí. La Habana, 1947.

27.    Miranda Luis R. Oración martiana. La Habana, 1951.

28.    de Quesada y Miranda G. Ramón L. Miranda, médico de Martí.

29.    Miranda  Ramón L. Últimos días de José Martí. Revista cubana. Vol. XXIX.

30.    Moliner Israel M. Monumento a José Martí. Matanzas, 1953.

31.    Santos Fernández J. Recuerdos de mi vida. Editorial Loredo y Cía. La Habana, 1918.

32.    de Zéndegui G. Ambito de Martí. Publicación de la Comisión Nacional Organizadora de los Actos y Ediciones del Centenario y del Monumento de Martí, 1953.

33.     Martínez Fortún-Foyo J. Epidemiología. Publicación del Ministerio de Salubridad y Asistencia Social, 1952.

34.    Alvarez Conde J. El pensamiento científico de josé martí. La Habana, 1953.

35.    Hernández Catá A. Mitología de Martí. Editorial Club del Libro. Buenos aires, 1939.

36.     Maretí- Ibáñez F. José Martí y la Medicina.Archivos de José Martí. No 3. La habana.

 

 

 

ANEXOS

 

Fotografías incluidas: (no se adjuntan al Trabajo por concepto de capacidad debido al tamaño de las imágenes)

 

  1. Dr. Fermín Valdés Domínguez. (..que con Gonzalo que Quesada fueron los dos grandes cariños de José Martí)
  2. Dr. Hilario Candela (...que intervino quirúrgicamente a Martí durante su estancia en Madrid)
  3. Dr. Carlos Sauvalle (...fiel compañero y amigo, que lo atendió durante su enfermedad en Madrid)
  4. Dr. Eligio Palma y Fuster (...médico de Martí que al aconsejarle reposo respondía: “Cuba no puede esperar”)
  5. Dr. José Alvarez Chacón (...médico del apóstol en Nueva York)
  6. Dr. Diego Tamayo (..que laboró con Martí en la emigración)
  7. Dr. Juan Guiteras Gener (...un grande de la medicina)
  8. Dr. Eduardo Agramonte y Piña (...citado por Martí como héroe de la Guerra)
  9. Dr. Ramón Betances (...además de ser una de las figuras gloriosas de la emigración, fue un médico notable)
  10. Dr. Eusebio Hernández (... médico y general que tuvo contacto con Martí)
  11. Dr. Charcot.
  12. Dr. Juan P. Marat (...el médico que no curó jamás a un noble)
  13. Dr. Enrique B. Barnet (... que tuvo contacto con Martí en las labores revolucionarias)
  14. Dr. Juan Antiga Escobar (...vehículo que utilizó el apóstol para el contacto con Cuba)
  15. Dr. Juan Antomarchi (... médico de napoleón que murió en Santiago de Cuba de Fiebre Amarilla)
  16. Dr. Ulpiano Dellundé y Prado (...delegado de Martí en Haití y Sto Domingo)
  17. Dr. José Hipólito Unanue (... ¿qué ciencia no supo?)
  18. Dr. José Santos Fernández (...médico de la madre de Martí)
  19. Martí y Fermín Valdés Domínguez.
  20. Dr. Ramón L Miranda. “ El Médico de Martí”
  21. Dedicatoria del libro Versos Sencillo a su médico.
  22. El Dr. Ramón L. Miranda junto al escultor Salvador Buemi.
  23. Dr. Claudio Bernard. (citado por Martí)
  24. Dr. Pasteur (...ama a la ciencia como a una hija)
  25. Dr. Sebastián Amabile (...médico citado por Martí)
  26. Dr. Joaquín Castillo Duany (que reconoció el cadáver de Martí en el momento del sepelio en Santiago de Cuba)