LA MEDICINA EN

EL SIGLO DE LAS LUCES

RESUMEN

OBJETIVOS

INTRODUCCIÓN

DESARROLLO

LA MEDICINA DEL RENACIMIENTO

LOS ALBORES DE LA MEDICINA MODERNA

CONCLUSIONES

RECOMENDACIONES

BIBLIOGRAFÍA

ANEXOS


INSTITUTO SUPERIOR DE CIENCIAS MÉDICAS DE LA HABANA

FACULTAD DE CIENCIAS  MÉDICAS "DR. SALVADOR ALLENDE"

 

AUTORES

  1. Alejandro Forcade Miguén
  2. Mildred Armenteros Torres
  3. Juato Palenzuela Rodríguez
  4. Jorge Requena Peñeñori

Alumnos del 2do Año de Medicina

TUTORA

    Lic. Ana María Gelpi Leyva

    Profesora Instructora de Historia de Cuba

 

 

RESUMEN

En este trabajo se pretende dar una breve reseña de los avances de la medicina ocurridos durante el siglo XVIII. Estableciendo una comparación de los avances de la medicina a hasta ese momento  y durante este siglo a través de un análisis bibliográfico.

 

 

 

OBJETIVOS

  •  Analizar el desarrollo de la medicina en el siglo XVIII

  • Exponer las diferencias en cuanto a concepciones y desarrollo de la medicina en momentos históricos anteriores al siglo XVIII

 

 

INTRODUCCION

Medicina (del latín, medicina palabra derivada de mederi que significa ‘curar, cuidar, medicar’), ciencia y arte que trata de la curación y la prevención de la enfermedad, así como del mantenimiento de la salud. Esta ha sido por siglos la ciencia más controvertida en lo que a aspectos teóricos y sociales se refiere, además de permanecer olvidada durante siglos, e incluso rechazada ha llegado a nuestros días. Es innegable que la medicina moderna ha sido influenciada por múltiples culturas, sin embargo se considera a la terapéutica occidental la más efectiva, a pesar de que históricamente la medicina se ha caracterizado por innumerables avances y retrocesos, que como en todo proceso científico garantizan el avance del conocimiento humano, sin embargo la influencia europea ha sido determinante en la concepción actual de la medicina restando  importancia a la terapéutica asiática o a la medicina tradicional característica de determinadas regiones de nuestro planeta. Fue Europa durante años un continente en el que la fe religiosa, especialmente durante el medioevo situaron al ser humano en el último peldaño de la escala social y en consecuencia la medicina perdió valor como campo de desarrollo del pensamiento humano, fue el Renacimiento el momento más importante para el desarrollo de las ciencias pues si bien la influencia de la Iglesia  como factor social todavía no perdía fuerza, la gran mayoría de las ataduras para el avance de la medicina se rompieron. Con el avance de los años la forma de pensar del hombre cambió y con ella las ciencias se desarrollaron con más intensidad. Es el siglo XVIII una centuria de revoluciones, de contradicciones y la medicina no pudo escapar a esta vorágine en la que más de una teoría científica fue descarta, y otras tantas fueron olvidadas y los hombres de ciencia a pesar de estar divididos por sus concepciones continuaron trabajando en la búsqueda de la verdad. Nacieron de aquellos convulsos años los preceptos de la medicina actual, de aquel despertar del hombre de ciencia entre las discordias y las falsas concepciones del mundo y el desarrollo de la sociedad. Fue por tanto el Siglo de las Luces un momento álgido en el desarrollo de la humanidad y de igual forma para la medicina.

 

 

 

DESARROLLO

La medicina europea  sufrió en los comienzos del medievo una completa desorganización de la fraternidad médica laica. Para cubrir la necesidad imperiosa de asistencia médica apareció una forma de medicina eclesiástica; surgida desde las enfermerías monásticas, se extendió con rapidez por distintas instituciones de caridad destinadas al cuidado de los muchos enfermos de lepra y de otras enfermedades. La obra de los benedictinos fue muy prolífica en la recopilación y el estudio de textos médicos antiguos en su biblioteca de Montecassino, Italia: san Benito de Nursia, fundador de la orden, obligó a sus miembros al estudio de las ciencias, y en especial de la medicina. Un abad de Montecassino, Bertaharius, fue un médico famoso.

Bajo la dirección del teólogo franco Rabanus Maurus, Fulda se convirtió en un famoso centro de aprendizaje médico en Alemania. En el siglo IX, como resultado de los esfuerzos del emperador Carlomagno, la medicina se incluyó en el currículo de las escuelas catedralicias. Contrastando con ello el eclesiástico francés san Bernardo de Claraval prohibió a los monjes cistercienses el estudio de libros médicos y el uso de cualquier remedio que no fuera la oración.

Durante los siglos IX y X el balneario de Salerno, situado cerca de Montecassino, fue cada vez más reconocido como centro de actividad médica. A principios del siglo XI, Salerno se convirtió en la primera facultad de medicina occidental. La enseñanza fue, al principio, práctica y secular y se centraba en la nutrición y en la higiene personal. El médico italiano y traductor Constantino el Africano, que se convirtió en monje benedictino y se retiró a la abadía de Montecassino, tradujo al latín textos árabes y de muchos médicos griegos clásicos destinados a los estudiantes de Salerno y Montecassino. En el siglo XII, la formación médica era teórica y escolástica en su mayor parte y se expandió hasta llegar a la Facultad de Medicina de Montpellier y más tarde a las universidades de París, Oxford y Bolonia.

A fines del siglo XII, el resurgimiento de la medicina laica y las restricciones a las actividades fuera del monasterio trajeron el declive de la medicina monástica, pero ésta ya había realizado una función inestimable guardando las tradiciones de las enseñanzas médicas. En el siglo XIII, se autorizó y apoyó la disección de cadáveres humanos y se dictaron estrictas medidas para el control de la higiene pública, pese a lo cual la medicina escolástica permaneció como expresión lógica del antiguo dogma. Científicos representativos de este periodo son el escolástico alemán san Alberto Magno, que se dedicó a la investigación biológica, y el filósofo inglés Roger Bacon, que realizó investigaciones en óptica y refracción y fue el primero en sugerir que la medicina debería basarse en remedios procedentes de la química. El propio Bacon, que ha sido considerado un pensador original y pionero de la ciencia experimental, estaba impregnado por la autoridad de los escritores griegos y árabes.

A pesar de los prejuicios populares, prosiguieron los estudios anatómicos. El estatus social del cirujano se consideraba inferior al del médico. Sin embargo, el cirujano Hugh de Lucca realizó impresionantes avances, denunció algunas de las enseñanzas de Galeno y practicó tratamientos eficaces en luxaciones, fracturas y heridas. Estudió la sublimación (vaporización) del arsénico y se le acredita la fundación de una escuela de cirugía en Bolonia en 1204. Guillermo de Saliceto y su discípulo Lanfrachi fueron pioneros en anatomía quirúrgica, y se ha reconocido a Lanfranchi como el primero que distinguió la hipertrofia del cáncer de mama. Hubo dos figuras destacadas en la cirugía francesa de este periodo: Henri de Mondeville, cirujano del rey de Francia, que abogaba por el tratamiento aséptico de las heridas y el uso de suturas, y Guy de Chauliac, conocido como el padre de la cirugía francesa, cuyos escritos insistían en la importancia de la disección anatómica en la formación del cirujano y a quien se atribuye el haber sido el primero en reconocer la peste que apareció en Europa en 1348. También se cree que hizo la primera descripción de la hernia femoral (1361) y que inventó varios instrumentos quirúrgicos. El estudio de la medicina se benefició en gran medida del trabajo del eclesiástico y arzobispo Raimundo, quien en 1140, fundó en Toledo, España, un instituto para la traducción al latín entre otros, de los manuscritos médicos árabes, incluyendo los trabajos de Al-Razi y Avicena.

 

 

 

 

 

LA MEDICINA DEL RENACIMIENTO

Durante el renacimiento no se produjo un cambio abrupto en el pensamiento médico, pero se acentuó la crítica hacia Galeno y los arabistas y hubo un resurgimiento de las doctrinas de Hipócrates. Los artistas del renacimiento volvieron al estudio de la anatomía humana, los músculos en especial, para retratar mejor el cuerpo humano. Leonardo da Vinci realizó destacados y precisos dibujos anatómicos basados en la disección del cuerpo humano. Por desgracia su trabajo, en su mayor parte ignorado durante siglos, ejerció poco efecto en su época.

La publicación en 1543 del tratado de anatomía De Humani Corporis Fabrica, obra del anatomista belga Andrés Vesalio, fue un hito en la historia médica. Demostró de manera evidente centenares de errores de la anatomía de Galeno junto a su contemporáneo Gabriel Falopio, quien descubrió las trompas uterinas que desde entonces llevan su nombre, y el tímpano; además diagnosticó enfermedades del oído, de los conductos lagrimales y de las trompas de Falopio. El médico español Miguel Servet contradijo también a Galeno, y fue el primero en describir de forma correcta el sistema circulatorio pulmonar y en explicar la digestión como fuente de energía corporal. Durante su tormentosa carrera, el médico y alquimista suizo Paracelso, fundador de la farmacoterapia, rompió con los tratados clásicos sobre medicina, descubriendo nuevos remedios químicos y defendiendo que las enfermedades se debían a agentes externos al cuerpo. Ambroise Paré, cirujano francés, facilitó la amputación quirúrgica gracias al uso del fórceps y al empleo de la ligadura, en lugar de la cauterización, para frenar la hemorragia. El médico y poeta italiano Girolamo Fracastoro, también llamado el padre de la epidemiología científica, demostró el carácter específico de las fiebres y descubrió el tifus; el término sífilis, otorgado a la virulenta enfermedad que devastaba Europa, procede de su famoso poema Sifilis sive morbus gallicus (La sífilis o mal de los galos, 1530). A él se le atribuye la teoría de que las enfermedades infecciosas se transmiten por contagio de gérmenes invisibles capaces de autorreproducirse, y es el precursor de las teorías bacteriológicas modernas.

 

 

 

 

 

LOS ALBORES DE LA MEDICINA MODERNA

"El siglo de las luces"

El acontecimiento que dominó la medicina del siglo XVII y marcó el inicio de una nueva era en la ciencia médica fue el descubrimiento de la circulación de la sangre por el médico y anatomista inglés William Harvey. En 1553, Miguel Servet había descrito la circulación pulmonar de la sangre. El Ensayo anatómico sobre el movimiento del corazón y la sangre en los animales (1628) de Harvey, estableció el hecho de que el bombeo del corazón ponía la sangre en continua circulación. El anatomista italiano Marcelo Malpighi prosiguió el trabajo de Harvey con su descubrimiento de los capilares y el anatomista italiano Gaspar Aselli realizó la primera descripción correcta de los vasos linfáticos. En Inglaterra, el médico Thomas Willis investigó la anatomía del cerebro y del sistema nervioso, y fue el primero en identificar la diabetes mellitus. El médico inglés Francis Glisson fijó los fundamentos para el conocimiento moderno de la anatomía del hígado, describió el raquitismo (también denominada enfermedad de Glisson) y fue el primero en demostrar la contracción muscular ocasionada por el ejercicio.

El médico inglés Richard Lower realizó un trabajo fundamental sobre la anatomía del corazón, demostró el intercambio de los gases en la sangre, y realizó con éxito una de las primeras transfusiones de sangre. Su trabajo se añadió al de otros miembros del denominado grupo de Oxford, junto con los fisiólogos ingleses Robert Boyle y Robert Hooke, pioneros en la fisiología de la respiración. Hooke también fue pionero en realizar investigaciones microscópicas y publicó sus observaciones, entre las que se encuentra el descubrimiento de las células vegetales.

 

El matemático y filósofo francés René Descartes también realizó disecciones anatómicas e investigó sobre la anatomía del ojo y el mecanismo de la visión; explicaba el funcionamiento del organismo mediante mecanismos de tipo físico. Esta opinión fue compartida por los llamados iatromédicos, cuyos puntos de vista se oponían a los iatroquímicos: estos últimos entendían la vida como una serie de procesos químicos. Los exponentes de la primera teoría fueron los italianos Sanctorius, médico que investigó el metabolismo, y el matemático y físico Giovanni Alfonso Borelli, quien trabajó en el campo de la fisiología. Jan Baptista van Helmont, médico y químico flamenco, fundó la escuela iatroquímica y su trabajo lo continuó el anatomista prusiano Francisco Silvio, quien estudió la química de la digestión e insistió en el tratamiento farmacológico de la enfermedad.

El médico inglés Thomas Sydenham, llamado el Hipócrates inglés y, más tarde, el médico holandés Hermann Boerhaave establecieron la importancia de la enseñanza práctica. Instruían a sus alumnos durante las visitas a los enfermos, haciendo hincapié en el enfoque clínico de la medicina. Sydenham nació en Wynford Eagle, Dorset, llevó a cabo extensos estudios sobre la malaria y los mecanismos de propagación de las epidemias y fue el primero en diferenciar la escarlatina del sarampión además de describir con precisión la corea y la gota. Sydenham fue el más importante médico de su tiempo, y su Processus Integri (Avances curativos,1692), publicado póstumamente, fue durante muchos años un texto clásico para los médicos ingleses. Impulsó la introducción en Europa de la quinina, obtenida de la corteza del quino, siendo este otro de los acontecimientos de esta época en el progreso terapéutico.

 

Tras los descubrimientos del astrónomo polaco Nicolás Copérnico, el astrónomo y físico italiano Galileo y el matemático inglés Isaac Newton, la medicina del siglo XVIII se esforzó en adaptarse a la investigación científica. Sin embargo, todavía disfrutaban de credibilidad teorías extravagantes e infundadas. El médico y químico alemán Georg Ernst Stahl creía que el alma era el principio vital que controlaba el desarrollo orgánico; por el contrario, el médico alemán Friedrich Hoffmann consideraba el cuerpo como una máquina y la vida como un proceso mecánico. Estas teorías opuestas de los vitalistas y los mecanicistas tuvieron mucha influencia en la medicina del siglo XVIII. El médico británico William Cullen atribuyó la enfermedad a un exceso o deficiencia de energía nerviosa; y el médico John Brown de Edimburgo creyó que la debilidad o la estimulación inadecuada del organismo era la causa de la enfermedad. En relación con sus teorías, conocidas como sistema brunoniano, la estimulación debía incrementarse con tratamientos irritantes y grandes dosis de fármacos. El médico alemán Samuel Hahnemann desarrolló el sistema de la homeopatía, a finales del siglo XVIII. Insistió en las pequeñas dosis de fármacos, en contra de lo postulado por el sistema brunoniano.

Contrariamente a lo que se podría pensar, Samuel Hahnemann (1755-1843) no fue un marginal de la terapéutica como tantos hubo a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Al contrario, fue un verdadero médico de su tiempo, formado de la misma manera que sus colegas y confrontado a los mismos problemas. Su método, en gran medida conforme a los métodos de aquel entonces, se fue haciendo disidente con la publicación del Órganon de la medicina racional (1810) u Órganon del arte de curar. La obra, que no tardó en traducirse a diferentes lenguas, sedujo hacia 1830 a pequeños grupos de médicos que se organizaron y militaron para convertir a sus colegas a los principios de la homeopatía.

 

Nacido en Meissen (Sajonia), Hahnemann estudió medicina como tantos jóvenes de su medio, posiblemente sensibles a un mercado médico ya en plena expansión. Acudió a la facultad de medicina más próxima, la de Leipzig, donde formar un médico consistía básicamente en aprender los textos de los antiguos, especialmente los atribuidos a Hipócrates (siglo V a.C.) y Galeno (siglo II d.C.). En una sociedad cristiana que desvalorizaba el cuerpo y las actividades manuales en provecho de las actividades intelectuales, donde el libro, por analogía con los textos sagrados, era la referencia obligada de toda ciencia, esta concepción nada tenía de aberrante. No obstante, dicha enseñanza teórica gustaba cada vez menos a los estudiantes de la generación de Hahnemann, seducidos por el método experimental nacido en física durante el siglo anterior y basado en la observación. También se dieron cuenta de que conocer perfectamente los textos antiguos no les permitía responder a las exigencias de una clientela cada vez más ávida de curación. No es de extrañar, pues, que Hahnemann se marchara a Viena, que era entonces uno de los lugares donde los médicos se formaban junto al lecho del enfermo, en las salas de hospital, durante lecciones de clínica. El método hahnemanniano, que combina la ley «similia similibus curantur» tomada de Hipócrates con la observación de los efectos de las sustancias sobre los individuos sanos, es en gran parte el producto de esta formación, clásica en su época.

 

Además, Hahnemann, como muchos intelectuales de su tiempo, ignoraba las fronteras y las barreras lingüísticas. Como fiel practicante del enciclopedismo de las Luces, leía muchísimas obras de medicina, pero también de química y de botánica. En lo tocante a literatura médica contemporánea, estaba muy influido por el neohipocratismo que seducía a los médicos de fines de siglo. Del gigantesco corpus hipocrático, los médicos apreciaban sobre todo el tratado «De los aires, los lugares y las aguas», que insistía en la importancia del medio. Hacían hincapié en los pasajes que abogaban por una medicina prudente más deseosa de ayudar a la naturaleza que de violentarla. El adagio «primum non nocere» y el principio de la «natura medicatrix» eran los más citados. Hahnemann, por su parte, se interesaba por el principio de semejanza, que nunca había sido olvidado pero cohabitaba con su opuesto «contraria contrariis curantur».

 

El redescubrimiento de esta faceta de Hipócrates favoreció un enfoque vitalista de la medicina que prevaleció sobre las teorías de cuerpo-máquina más en boga desde el siglo XVII. Estas teorías mecanicistas consideraban la enfermedad como un problema de presiones o acumulaciones y la medicina como una serie de dispositivos evacuadores, relajantes y excitantes. Los médicos y sus clientes, asustados por los excesos de esta medicina drástica ilustrada por las purgas y las sangrías ya denunciadas por Molière, consideraban más importantes para la aparición de las enfermedades los desarreglos de la fuerza vital; optaban por una medicina expectante (que esperaba las circunstancias favorables para actuar) con el objetivo de estimular la fuerza vital.

 

Otros sistemas particulares propuestos hacia finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX fueron la frenología, teoría formulada por el médico alemán Franz Joseph Gall, quien creía que del examen del cráneo podía extraerse información sobre las funciones mentales; y la teoría del magnetismo animal, desarrollada por el médico austríaco Franz Mesmer, quien creía en la existencia de una fuerza magnética con poderosa influencia en el cuerpo humano.

 

De vital importancia fueron los trabajos del médico británico William Smellie, en el siglo XVIII, cuyas innovaciones en obstetricia rompieron el monopolio de las matronas; así como los del anatomista y obstetra William Hunter, hermano del famoso anatomista y cirujano británico John Hunter, que trabajó con él. William Hunter revitalizó el estudio de la anatomía en Inglaterra y, basándose en el trabajo de Smellie, estableció la obstetricia como una rama separada de la medicina.

Durante el siglo XVIII se realizaron numerosos descubrimientos en el campo de la cirugía. Gran parte de éstos se debieron al cirujano francés Ambroise Paré, miembro de la Corporación de Cirujanos Barberos. Paré utilizó con éxito el método de la ligadura de arterias para controlar la hemorragia, eliminando el viejo método de la cauterización de la zona sangrante con un hierro candente.

Numerosos cirujanos contribuyeron al desarrollo de la cirugía durante la última parte de este periodo. En Francia destacaron los cirujanos Jean Petit y Pierre Desault. En Gran Bretaña el anatomista escocés Alexander Monro y su hijo y nieto del mismo nombre, también el cirujano Sir Percival Pott hizo contribuciones importantes a la cirugía.

 

Entre las contribuciones de este periodo destacan el establecimiento de la patología por el anatomista y patólogo italiano Giambattista Morgagni; los estudios de fisiología experimental del naturista y biólogo italiano Lazzaro Spallanzani, quien refutó la doctrina de la generación espontánea; la investigación en fisiología neuromuscular del científico suizo Albrecht von Haller y los estudios de la tensión arterial del botánico, químico y fisiólogo británico Stephen Hales. En botánica destacan los trabajos del taxónomo botánico sueco Carl von Linneo, que estableció el sistema binomial (con dos términos) moderno de nomenclatura referente a la clasificación, y el del médico y botánico William Withering, que introdujo el fármaco digitalina.

John Hunter realizó importantes progresos en cirugía; el médico británico James Lind trató el escorbuto y para ello combatió el déficit de vitamina C que causaba la enfermedad con la bebida del zumo de limón. El reformador social británico John Howard fomentó el tratamiento de los internos en los hospitales y cárceles de toda Europa. En 1796 el médico británico Edward Jenner descubrió el principio de la vacunación como medida preventiva frente a la viruela. Su contribución posibilitó el control de esta temida enfermedad y estableció la ciencia de la inmunización.

La fisiología moderna es deudora del trabajo realizado durante el siglo XVIII por el médico holandés Hermann Boerhaave y por su pupilo, el científico suizo Albrecht von Haller. Sus críticas a los iatroquímicos (que creían que la fisiología sólo incluía reacciones químicas) y a los iatrofísicos (que creían que sólo incluía reacciones físicas), pusieron las bases del estudio integrado de la fisiología. Haller fue el primer científico que estableció que toda la materia viva posee irritabilidad.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, el médico italiano Luigi Galvani demostró que era posible conseguir que los músculos de la pata de una rana se contrajeran estimulándolos con una corriente eléctrica, y el fisiólogo italiano Lazzaro Spallanzani investigó la actividad del jugo gástrico durante la digestión. Spallanzani también estudió la fecundación y la inseminación artificial.

 

Cabe señalar que el siglo de las luces representó para la medicina una etapa de ardua labor y excelente desempeño a pesar de estar lastrada por falsas concepciones de las cuales logró liberarse a lo largo de este siglo sentando las bases de la medicina actual.

 

 

 

 

CONCLUSIONES

 

  •  El siglo de las luces fue un momento crucial para el desarrollo de la medicina.

  •  Los principales conceptos sobre los que se basa el avance científico en la medicina actual tuvieron su genesis en este periodo de la historia mundial.

  •  Es innegable que las ciencias básicas de la medicina se desarrollaron ampliamente durante el llamado Siglo de las Luces, producto del despertar del humanismo durante el renacimiento

 

  

 

 

RECOMENDACIONES

 

  •  Fomentar el estudio de la historia a través de temas vinculados a la medicina.

 


BIBLIOGRAFÍA

 

  • Riera, Juan. Historia, Medicina y Sociedad. Madrid. Ediciones Pirámide, 1985.

  • Fisher, Peter. Un concepto más que una técnica. Mundo Científico. Septiembre, 1998. Barcelona. RBA Revistas.

 

 

 

ANEXOS

 

 

 

Hipócrates puso en duda la idea de que la enfermedad era un castigo enviado por Dios y descubrió la relación entre la enfermedad y las condiciones precarias del medio. Considerado el padre de la medicina, su capacidad para realizar observaciones clínicas precisas le condujo al concepto de prevención, sus ideas totalmente revolucionarias para su época fueron malinterpretadas durante siglo conllevando a un marcado retraso del avance médico