Para medir el grado de civilización de una sociedad , nada mejor que considerar la importancia de los esfuerzos que consagra al alivio de los sufrimientos humanos .En nuestro siglo xx los accidentes se han convertido en un despilfarro social injustificable y en los mayores productores de traumatismo-cráneo -encefálico , constituyendo esto un serio problema, no solo para la Salud Pública sino para toda la sociedad,debido a la morbilidad que producen,por el alto precio de vidas que cobran, por el dolor humano que implican las desdichas que acarrean sus secuelasy también por sus consecuencias sociales y económicas.(1) y (2).

Los datos publicados por la O.M.S añaden que casi el 50% de las camas disponibles en los hospitales de muchos países se encuentran constantemente ocupadas por víctimas de accidentes en muchos casos productores de T.C.E.(3)

El mal que los accidentes en general ( del tránsito, caídas de grandes alturas, domésticos, etc,) ocasionan se agravan dramáticamente cuando las estadísticas se adentran en las etapas de vida de sus protagonistas específicamente cuando estos interesan a niños y adolescentes que en ocasiones su vida se ve truneada ya sea por una muerte inminente o por las secuelas que se puedan producir.(4) y (5)

Los pronósticos de incidencia indican que se mantendrá su ascenso a la par que se reduce su incidencia en otras entidades.Esto justifica la inquietud mundial por la organización de centros dedicados al tratamiento de estos casos a fin de garantizar la mejor atención a los politraumatizados.En nuestra especialidad son necesarios estudios epidemiológicos que permitan conocer algunos resultados más elaborados sobre métodos de tratamientos y organización de unidades más adecuadas que en muchas ocasiones son el éxito o el fracaso del médico.Conocemos además que en la literatura cubana los estudios epidemiológicos son escasos, sesgados e incompletos y los más amplios datan ya de más de 20 años.

 

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