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RESULTADOS Y DISCUSIÓN

En nuestra serie se realizaron 35 herniorrafias utilizando el tapón de Rutkow entre el mes de diciembre de 1999 y diciembre del 2000. Las mismas se realizaron en 30 pacientes del sexo masculino y 5 del sexo femenino con una relación de 6:1. Se realizaron 27 herniorrafias de forma electiva y 8 de forma urgente por hernias inguinales complicadas. (Tabla #1).

De los tipos de hernias inguinales encontrados de acuerdo con la clasificación de Gilbert modificada (Figura #1), se encontraron 5 casos Tipo 2; 16 casos Tipo 3; 6 casos Tipo 4; 6 casos Tipo 5 y en dos pacientes se encontraron hernias dobles o en pantalón, (Tipo 6); (Tabla #2). De los treinta y cinco pacientes, 13 pacientes eran portadores de hernias reproducidas, cinco de ellos por segunda ocasión y en 22 casos se realizaron herniorrafias primarias. (Tabla #3)

Relacionando el tipo de hernia con la herniorrafia primaria o secundaria (Tabla #4) encontramos que la hernia tipo 3 fue la más frecuentemente operada en herniorrafias primarias y en hernias recurrentes.

En todos los casos se utilizó anestesia regional. El tiempo quirúrgico osciló entre veinte y treinta minutos, con un promedio de veintidós minutos.

Encontramos que solo un paciente sufrió como complicación (Tabla #5) en el postoperatorio mediato, un seroma de la herida. No encontramos complicaciones atribuibles a la implantación de la malla. En un paciente portador de una hernia Tipo 3 se presentó una orquitis que cedió con tratamiento antiinflamatorio. No existió sepsis de herida en nuestra serie, habiéndose utilizado en el 100 % de los casos antibioticoterapia profiláctica con: cefazolina 1g. durante el preoperatorio y 1g. ocho horas después. Encontramos un mínimo edema de la herida, y pocas molestias postoperatorias. Todos los casos se reincorporaron a sus actividades habituales como promedio a los veintiún días de operados.

El seguimiento postoperatorio (Tabla #6), consistió en contactos en consulta externa del 100% de los pacientes y oscila entre seis y dieciocho meses, con un promedio de 12,8 meses, no detectándose recidiva herniaria ni complicaciones inherentes al uso de la prótesis. No encontramos evidencias de migración del plug, ni dolor postoperatorio prolongado.

Aunque el uso del tapón para el tratamiento de la hernia inguinal se remonta al siglo XIX (3) y fue utilizado anteriormente por otros autores (5,7), Rutkow y Robbins lograron aplicar su técnica a todos los tipos de hernias inguinocrurales existentes, logrando estandarizar la misma, que se basa en principios sencillos, y utiliza una disección y manipulación tisular mínimas, en comparación con las técnicas habituales, redundando en una disminución de las molestias postoperatorias (17), y una baja tasa de recidivas. A esto debe sumarse los excelentes resultados en la profilaxis de la recidiva herniaria, que en su último reporte (3), con una serie de 3268 pacientes, de los cuales más de la mitad fueron realizados con plugs confeccionados manualmente, reportan un 0.7% de recidivas para las hernioplastias primarias y un 3% para las casos recidivados con un seguimiento de cinco años. Resultados similares se reportan por otros autores. (18,19,20,21,22,23,24,25,26)

En nuestro medio esta técnica es perfectamente aplicable pues es factible la confección del tapón mediante piezas lineales de polipropileno. Consideramos tiene buenos resultados, aunque nuestra serie necesita un mayor seguimiento considerando que las herniorrafias con mallas (17,27), presentan la mayoría de las recurrencias en los primeros tres años del postoperatorio. Debe señalarse que los autores de la técnica (3) reportan su mayor índice de recidivas en el primer año de seguimiento postoperatorio.

No se encontraron sepsis superficiales en el postoperatorio. Hay autores (27), que señalan la aparición de abcesos profundos meses o años después de la implantación de la prótesis así como la aparición de un dolor tardío asociado a la infitración fibroplástica de la malla, no se ha constatado hasta el momento ninguna de estas complicaciones. Igualmente se señala la migración del plug (28), no encontramos signos de la misma, que creemos se debe a una incorrecta fijación del plug.

Aunque existen estudios como el de Gilbert (29), que en 2493 pacientes no encontró diferencias en la tasa de infección entre pacientes con o sin antibióticos profilácticos cuestionando la utilidad del uso de antibióticos en la implantación protésica con respecto a su repercusión en la profilaxis de infección, y no encontramos que exista un consenso en este tema en la literatura revisada (30, 31, 32, 33), utilizamos en nuestra serie la antibioticoterapia arriba descrita como norma en todos los casos .

Otra de las complicaciones sugeridas por algunos autores (27, 34) es la teóricamente posible afectación del flujo sanguíneo en los vasos femorales y espermáticos al contraerse el plug, producto de la fibroplasia. Estudios recientes de la hemodinamia de estos vasos después de la hernioplastia protésica (35), descartan esta complicación. En nuestra casuística no encontramos evidencias de la misma.

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