Resultados y Discusión

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Como resultado obtuvimos que si bien el 34 de los encuestados refieren conocer cuales son las drogas de abuso (gráfico # 1), al analizar la tabla # 1 y de acuerdo a la clasificación de las drogas mostrada con anterioridad, existen sustancias consideradas como tal (Codeína, Barbitúricos, tranquilizantes mayores, Anfetaminas, Nicotina, Efedrina, Anticolinérgicos) que no fueron mencionadas. Resulta relevante destacar que en su mayoría representan fármacos que se prescriben con cierta frecuencia por nuestros médicos y que se encuentran disponibles en nuestras farmacias comunitarias, por lo que la posibilidad de adicción durante tratamientos prolongados se debe tener en cuenta.

En el gráfico # 2 se aprecia que sólo el 10 % dominaba el cuadro clínico que sigue al consumo por lo que un 92.5 % de ellos se siente incapaz de identificarlo (gráfico # 3), esta situación resulta preocupante pues si nuestros médicos no son capaces de detectar pacientes bajo el efecto de drogas de abuso se encarece la posibilidad de dirigir acciones de salud sobre el grupo afectado. Por otra parte no existe garantía de que la conducta que se siga ante los casos de intoxicaciones agudas por una determinada droga sea la adecuada ya que si son incapaces de identificar la sustancia en cuestión será muy difícil imponer el tratamiento de forma oportuna y adecuada. Estos resultados contrastan con lo obtenido en el gráfico # 4: el 43 % de los encuestados ha atendido pacientes bajo efecto de drogas de abuso. Este último resultado puede deberse al desconocimiento de lo que se considera droga de abuso por parte de nuestros médicos, pues resulta poco probable que la mayoría de ellos no cuenten entre sus pacientes con alcohólicos, fumadores, cafeinómanos, por sólo mencionar las drogas legales más frecuentes que pueden ser apreciadas.

Una vez que se establece el diagnóstico la conducta que han seguido la mayoría ante estos casos ha sido la remisión al hospital, sólo 3 de ellos planteron el seguimiento posterior de estos pacientes en higiene mental y por el Equipo Básico de Trabajo. Esto pone de manifiesto el desconocimiento de las posibilidades de tratamiento y rehabilitación que se deben poner en práctica en la propia comunidad donde se desarrolla el paciente y a la cual será reinsertado.

Existió desconocimiento evidente sobre los servicios que ofrecen tanto el Centro Nacional de Toxicología como el Instituto de Medicina Legal, un 92,5% y un 97% respectivamente de los encuestados desconoce los servicios que allí se ofrecen (gráfico # 5 y gráfico # 6). De los que conocen llama la atención que sólo 1 mencionó como posible vía de acceso la telefónica. Esto pone de manifiesto la necesidad de una mayor divulgación al respecto

De manera general el desconocimiento de nuestros médicos pudiera estar relacionado con la escasa información que han recibido al respecto, sólo el 17,5% alega haber recibido información relacionada con el tema (gráfico # 7). Es por esto que el 97,5% de los encuestados se mostró interesado en recibir información sobre el cuadro clínico y el tratamiento, ya sea por medio de materiales de impresión o cursos de postgrado.

De manera general fue satisfactorio el modelo de certificado propuesto pues la mayoría (97%) lo consideró efectivo para el diagnóstico de este tipo de casos (gráfico 8) así como un 95% opinó que facilitaría su trabajo (gráfico 9). Todos coinciden en afirmar que constituye un documento que sirve de guía para el diagnóstico, rige las acciones básicas a desarrollar en estos casos y ofrece un algoritmo para examinar; al mismo tiempo que representa un documento legal donde se plasma ordenadamente los resultados constituyendo un método de registro.

 

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