INTRODUCCIÓN
Sabemos que las cifras de violencia con las que contamos se refieren sólo a "la punta del iceberg", a las formas de violencia física extrema que motivan denuncias, con la correspondiente intervención oficial para aclarar las circunstancia de su ocurrencia, pero en nuestro estudio partimos de la experiencia cotidiana de recibir en calidad de pacientes, por múltiples quejas físicas o de sufrimiento psicológico, a personas que al profundizar en su historia vital finalmente resulta que están inmersas en una dinámica familiar violenta.
 
En las postrimerías del siglo XX asistimos al desmesurado incremento de la violencia en el orbe, se trata de un fenómeno histórico de etiología multifactorial (1) en el cual inciden las condiciones y procesos económicos, sociales, jurídicos, políticos, culturales y psicológicos (1).

Tal y como expresa la Declaración de la Conferencia Interamericana sobre Sociedad, Violencia y Salud, la violencia constituye una seria amenaza a la paz y seguridad ciudadana y un creciente problema de salud pública demostrado por los alarmantes aumentos en las tasas regionales de mortalidad, morbilidad y discapacidad, así como por los abrumadores años de vida perdidos y sus efectos psicosociales en las poblaciones (2).

Tal y como expresa la Declaración de la Conferencia Interamericana sobre Sociedad, Violencia y Salud, la violencia constituye una seria amenaza a la paz y seguridad ciudadana y un creciente problema de salud pública demostrado por los alarmantes aumentos en las tasas regionales de mortalidad, morbilidad y discapacidad, así como por los abrumadores años de vida perdidos y sus efectos psicosociales en las poblaciones (2).

Y es que la violencia no se encuentra sólo en los encuentros bélicos lejos de nuestra cotidianidad, está en nuestras relaciones diarias. Es toda forma específica de fuerza que lesiona, destruye o mata. Violencia es ciertamente un bombardeo, pero es también "la paliza" que el padre le da al hijo para "educarlo"; es el asesinato, pero también los golpes que recibe una mujer de su compañero. Cubre tanto la agresión física como el irrespeto psicológico o la coerción educativa (3).

La violencia en las relaciones sociales y en particular dentro de la familia, se convierte en uno de los obstáculos más serios para el crecimiento de las personas, deteriora la calidad de vida y genera muertes evitables, su costo afectivo y social escapa de todo cálculo o proyección (4).

Actualmente no existen cifras precisas sobre la magnitud del fenómeno, aunque se piensa que son muy elevadas. Estudios llevados a cabo en los Estados Unidos revelan que durante un año, aproximadamente 2.000.000 de mujeres son atacadas violentamente por sus maridos o parejas, cifra que otros estudios estiman en alrededor de 4.000.000; estos números, aunque elevados, no tienen en cuenta la violencia sobre los niños y los ancianos (5).

Algunas instituciones y sectores sostienen que la violencia doméstica es un asunto privado, propio de clases socioeconómicas bajas y/o marginales, que responde a pactos familiares y psicopatologías individuales (6); no es que las realidades violentas sean invisibles, es que están invisibilizadas, incrementándose así los problemas de salud. La enfermedades psicosomáticas, las depresiones, las fobias, y también las lesiones, heridas, pérdidas de órganos y sentidos son algunas de las consecuencias de la violencia intrafamiliar. Muchas veces concluye con la muerte de la víctima por suicidio y hasta por homicidio (7)

Sin embargo, las manifestaciones de abuso y violencia aparecen como naturalizadas en la vida diaria de las personas, dificultando el reconocimiento por parte de quien los padece y por tanto un diagnóstico precoz que favorezca su prevención (8), sobretodo en el caso de la violencia psicológica o mental (9).

Los discursos sociales convencionales fomentan el silencio, el sentimiento de culpa, de vergüenza, y el aislamiento de las víctimas de violencia doméstica de cualquier tipo (psicológica, física, sexual), impidiendo que los profesionales de la salud identifiquen las verdaderas causas de los malestares, lesiones, síntomas y enfermedades (10).

En el área existe una tendencia asistencialista del problema (11), en lugar de propuestas estratégicas que garanticen la prevención efectiva, que ofrezcan seguridad y protección a las víctimas, y coadyuven a minimizar el daño psicológico, evitando el establecimiento de secuelas psíquicas.

Queremos definir además que entendemos por familia aquel grupo de personas con vínculos que pueden ser consanguíneos, de convivencia o afectivos, de manera tal que reproduce en su interior, en su cotidianidad, la violencia como forma de "solucionar" diferencias y conflictos (12)

La violencia intrafamiliar es conceptualizada como toda acción u omisión cometida por algún miembro de la familia en relación de poder, que viole el derecho al pleno desarrollo y bienestar de otro miembro de la familia (12)