RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Edad, Sexo, Raza
En la tabla N°1, que representa el comportamiento de la edad según el sexo, en los 100 pacientes estudiados, podemos ver un predominio global del sexo femenino (68%). Al analizar por grupos de edades, en el grupo de 15 a 49 años, hay un ligero predominio del sexo masculino, contrario a lo que ocurre en los dos grupos restantes en que hay un franco predominio en el sexo femenino. Esto concuerda con la bibliografía mundial, donde se señala que las presiones arteriales sistólica y diastólica medias son mayores en varones jóvenes que en mujeres, pero a partir de los 50 años estas tienden a presentar presiones arteriales superiores, fenómeno que pudiera estar relacionado con los cambios hormonales que se producen durante el climaterio (3,6,7). En relación a la edad, el grupo etáreo más afectado fue el de 60 años y más, con un 49%, este resultado es similar al de otros estudios que plantean que la frecuencia de HTA aumenta con la edad en todos los grupos: razas negra y blanca, varones y mujeres (2,3,6,7). No tuvimos ningún hipertenso con menos de 15 años de edad, etapa de la vida donde la hipertensión arterial no es tan frecuente como en adultos y en la mayoría de los casos se debe a una causa secundaria (2,6,7).
En nuestro estudio, al analizar el color de la piel (Gráfico N°1), la frecuencia de hipertensos fue mayor en la raza negra (52%) que en la blanca (45%), esto se comporta de forma semejante a lo expuesto por la bibliografía consultada donde se considera que la frecuencia de HTA es más elevada para la población negra, ello ocurre para ambos sexos y en todos los grupos de edad (6).

Factores de Riesgo
Dentro de los factores de riesgo vascular analizados hipertensos estudiados (Gráfico N°2), los más frecuentes fueron los antecedentes patológicos familiares con un 56% , el tabaquismo con un 29% y la hipercolesterolemia con un 27%. Durante mucho tiempo se ha supuesto que los factores genéticos son importantes en la génesis de la hipertensión. Un enfoque ha sido la valoración de la correlación de la presión arterial dentro de las familias (agregación familiar). La mayor parte de los estudios apoya el concepto de que la herencia es probablemente multifactorial o de que diversos defectos genéticos tienen como una forma de expresión fenotípica la elevación de la presión arterial. Finalmente se han comunicado actualmente defectos monogénicos (7).
En nuestra investigación el tabaquismo y la hipercolesterolemia se comportaron de forma similar a los resultados expuestos por la literatura mundial. La ateroesclerosis acelerada es una compañera inseparable de la hipertensión, así pues no debe sorprender que los factores de riesgo independientes asociados al desarrollo de la ateroesclerosis como el tabaquismo y las concentraciones elevadas de colesterol sérico aumentan significativamente los valores de la presión arterial y los efectos de esta sobre la tasa de mortalidad independientemente de la raza, edad o sexo (10).
En cuanto al resto de los factores de riesgo, la obesidad ocupó el cuarto lugar con un 24%, siendo evidente la relación positiva obesidad e hipertensión arterial, pues es ya conocido que en los individuos normotensos el incremento de peso se asocia a una mayor frecuencia de hipertensión y la disminución de peso en los obesos con hipertensión hace disminuir la presión arterial (6,7). También analizamos la coexistencia de otras enfermedades, las que tuvimos en cuenta fueron: Diabetes Mellitus y la Gota con un 11 y un 2% respectivamente, este resultado puede constituir un sesgo dada la imposibilidad de realizar glicemia y uricemia a todos los pacientes hipertensos estudiados y que sólo contamos con la información obtenida a partir de las encuestas y las historias de salud familiares e individuales.

Complicaciones
Al verificar la presencia de complicaciones en los hipertensos (tabla No.2) la retinopatía hipertensiva fue la más frecuente con un 62%, seguida por las cardíacas con un 34%. Dichos resultados corresponden con lo planteado por diversos autores, los cuales consideran que la hipertensión en la mayoría de los casos producen efectos retinianos y este daño nos informa acerca de la progresión de los efectos vasculares de la misma. El aumento de la gravedad de la hipertensión se asocia a espasmo focal y estrechamiento general progresivo de las arteriolas, así como a la aparición de hemorragias, exudados y edema de la papila (7).
En torno a las complicaciones cardíacas, la cardiopatía isquémica afectó a un mayor número de pacientes con un 22%, diversos estudios señalan que en la actualidad la morbilidad y mortalidad por enfermedades cardíacas en pacientes hipertensos corresponde en su gran mayoría a la cardiopatía isquémica (6).
El resto de las complicaciones analizadas se comportaron de forma similar con lo expuesto por la literatura revisada (2,3,6,7), sin embargo no podemos dejar de aclarar que en el caso de la insuficiencia renal puede existir un subregistro, pues no tuvimos la oportunidad de realizar creatinina en sangre como screening para esta complicación en los hipertensos estudiados.

Tratamiento
Todo paciente con diagnóstico de HTA es candidato a llevar tratamiento (Gráfico No.3), en nuestro estudio el total de los hipertensos tenía tratamiento de éstos el 53% utilizaba medidas no farmacológicas y fármacos antihipertensivos, el 28% utilizaba tratamiento medicamentoso exclusivamente y el 19% restante sólo realizaba tratamiento no farmacológico. Hoy en día se aboga que todos los hipertensos son tributarios de modificaciones en el estilo de vida (tratamiento no farmacológico) y del establecimiento del uso de fármacos antihipertensivos si es necesario (11). Los estudios clínicos han demostrado que el tratamiento farmacológico reduce la morbilidad y mortalidad por complicaciones en órganos diana (3).

Atendiendo al cumplimiento del tratamiento (Gráfico No.4) en los 100 hipertensos estudiados, el 72% cumplían con su tratamiento de forma sistemática y el 28% restante lo realizaban sólo ante la elevación de las cifras de tensión arterial. En el Treatment of Mild Hypertension Study se demuestra que los pacientes motivados se apegan bastante bien a la terapéutica indicada (3), este resultado coincide con el nuestro, sin embargo todavía es necesario insistir en la educación del paciente acerca de la importancia de mantener sus cifras de tensión arterial controladas a través del cumplimiento del tratamiento (13).
De los medicamentos utilizados (Tabla No.3), los diuréticos con un 48% y específicamente la Clortalidona (46%) fue la más empleada por nuestros pacientes, seguida por los antagonistas del calcio (28%) y en particular el Nifedipino (26%), el tercer lugar lo ocupan los beta bloqueadores con un 25% y entre estos el Atenolol con un 19%. Nuestra población, al igual que gran parte del mundo, utiliza los diuréticos con mayor frecuencia pues constituyen un grupo de fármacos históricos en el tratamiento de la hipertensión (6,7).. El uso del Nifedipino por nuestra población es bastante elevado a pesar de que conocemos que el tratamiento crónico con éste puede incrementar las complicaciones cardíacas, debido a que en múltiples ocasiones no contamos con otro fármaco disponible en la farmacia se hace necesario su uso. En torno a los beta bloqueadores, son utilizados con precaución en nuestro medio, debido a sus reacciones adversas y teniendo en cuenta la elevada prevalencia de asmáticos en nuestra población. También hay que señalar el uso de otros fármacos (25%) (Meprobamato y Diazepán) que aunque no son hipotensores son utilizados como tal por nuestros pacientes.
Aunque los IECA resultan muy utilizados hoy en día en gran parte del mundo (7) esto no ocurre en los hipertensos estudiados donde sólo el 15% los empleaba, dicho fenómeno se explica por la inestabilidad de estos fármacos en la red de farmacias.

Control del paciente
Con relación al control de los pacientes hipertensos estudiados (Tabla No 4) el 60% se encontraba controlado, el 35% parcialmente controlado y el 5% no controlado, dicho resultado está en estrecha relación con el tipo de tratamiento que llevaban y más aún con su cumplimiento (5). Los pacientes controlados siempre realizaban su tratamiento (60%), en cambio, de los parcialmente controlados sólo el 8% lo cumplía sistemáticamente, y el 27% restante lo realizaba únicamente ante cifras de TA elevadas, motivo por el cual junto a la presencia de factores de riesgo agravantes se hace más difícil su control. En los no controlados a pesar de que el 4% llevaba un tratamiento continuo, la presencia de complicaciones como insuficiencia renal hacia mucho más engorroso mantener sus cifras de TA por debajo de 140/90 y hubo un paciente alcohólico dentro de los no controlados el cual ha abandonado su tratamiento en varias ocasiones. En la práctica diaria se hace mucho más trabajoso el control del paciente hipertenso, pues hay que poner en juego una serie de elementos disímiles y particulares en cada paciente (11).