INTRODUCCION

El uso de drogas analgésicas y antiinflamatorias es frecuente entre la población que busca alivio y control del dolor, síntoma que se presenta frecuentemente en las infecciones odontógenas con escala variable de intensidad (1).

En las infecciones odontógenas están involucradas las tres fases que se producen en la respuesta inflamatoria: a) vasodilatación local con aumento de la permeabilidad capilar (aguda); b) infiltración de linfocitos y fagocitos (sub-aguda); c) degeneración tisular y fibrosis. Cada fase provoca un patrón característico de respuesta donde microscópicamente se puede apreciar: rubor, edema, hiperalgesia y dolor. Entre los fármacos utilizados para combatir estos signos y síntomas tenemos a los antiinflamatorios no esteroideos (2,3).

Por primera vez en 1829 se aisló el ingrediente activo de la corteza de sauce (Barck of Willow) por Leroux, el cual obtuvo un glicósido amargo llamado salicina; precursor del ácido salicílico, a través del alcohol salicílico; el enorme éxito de esta droga impulsó a Hoffman a preparar el ácido acetil salicílico, este compuesto se introdujo en la práctica médica en 1899 por Dresser bajo el nombre de aspirina, su principal terapéutica se conoció a finales del siglo XIX. A finales del mismo se descubrieron otras drogas que compartían algunos o todos sus efectos, entre ellos los derivados del para-aminofenol, ejemplo el acetominofén. Comenzando con la indometacina, una multitud de nuevos agentes antiinflamatorios se han introducido en la medicina en varios países durante los pasados 30 años (2,3,4).

El dolor como síntoma ocupa un lugar predominante en la especialidad de Cirugía Maxilofacial y es con seguridad uno de los motivos más frecuentes que llevan al paciente a la consulta del odontólogo. Es frecuente que el paciente vea el dolor como el punto central del fenómeno que surge en su vida, como la misma enfermedad, y no es raro que, cuando este cesa, cree haber alcanzado la curación, sobre todo y con toda seguridad porque la intensidad del dolor dental, maxilar y facial no permite reconocer a menudo, incluso al paciente, ninguna correlación racional con la importancia del cuadro clínico que lo ocasiona (5).

Los datos recogidos en la literatura nos han motivado a la realización de este trabajo, basándonos en el criterio de que para el estomatólogo es muy importante el conocimiento de los fármacos usados para combatir los signos y síntomas de la inflamación, pues en su práctica diaria se enfrenta a dolores agudos proveniente de lesiones inflamatorias de estructuras dentarias y de tejidos adyacentes, así como a dolores crónicos que resultan muy rebeldes al tratamiento.

OBJETIVO GENERAL

Caracterizar a los antinflamatorios no esteroideos

OBJETIVOS ESPECIFICOS

  1. Describir la clasificación, mecanismo de acción y caracteristicas farmacologicas de los AINE
  2. Describir la elección, vías de administración y posología de los mismos