RESPUESTA DE LOS LINFOCITOS ANTE M. TUBERCULOSIS


Aunque el linfocito CD4+ mantiene su papel como regulador de los mecanismos de defensa contra la micobacteria, es probable que tenga que compartir esta función con otras células.
En primer lugar, actualmente se reconoce que cuando el individuo se encuentra ante M. Tuberculosis vivo, y no en las condiciones experimentales en el laboratorio, la célula que más rápida y efectivamente es activada y puede lisar al microorganismo es otro tipo de linfocito T diferente del CD4+, conocido como célula T variedad gama-delta. Este linfocito representa solo el 1% de las células T circulantes, porta el receptor CD3+ y es negativo para CD4 y CD8. La célula no solo produce citosina sino que es capaz de destruir al patógeno. Por otro lado, la repuesta del linfocito no es inmediata, y el mismo macrófago puede modular la activación de los mecanismos de destrucción bacteriana, pues está en capacidad de sintetizar TNF, IL1 e IL6. De esta manera, el interferón gamma no seria el principal mecanismo para señalar al macrófago que debe activarse. Otra adición al modelo clásico ha sido la separación de los eventos inmunológicos incidentes a la tuberculosis cuando menos en tres etapas claramente diferenciadas, en las cuales cada célula juega un papel especí fico.
Así parece que existe una respuesta inicial que no es inmediata y ocurre solo unos días después de la infección, de acuerdo con modelos muertos de tuberculosis. Durante esta primera etapa, la mayor parte de la micobacteria esta viva en el interior de los macrófagos, donde crece de manera lenta. Es entonces cuando proteínas antigénicas del bacilo son exportadas hacia la membrana celular del macrófago, unidas con moléculas de clase II del CMH y son presentadas al linfocito T CD4+, acorde con lo descrito en el modelo clásico. El modelo explicativo actual supone que estas células son activadas, no solo para liberar factores que aumenten la lisis intracelular y favorezcan la migración de monocitos para formar el granuloma, sino que en el momento un grupo de ellas migran hacia los linfáticos y la sangre para convertirse en la célula de memoria efectora, responsable de la respuesta conocida como de hipersensibilidad retardada.
La forma de limitar la respuesta local a medida que el granuloma va formándose parece que tiene que ver con estas células, las cuales al migrar disminuyen la producción de citosina. Igualmente, se ha sugerido que para no perpetuar el daño derivado de la persistencia de la formación local de mediadores, las células restantes sufren el fenómeno de muerte celular programadas o apoptosis.
Una fase posterior de la infección implica la acumulación, de la nueva célula descrita como linfocito T gamma-delta que, a pesar de ser un potente productor de citosina, en este caso va a dedicarse a destruir los fagocitos restantes que contengan bacilos viables o muertos. El objetivo de esta etapa parece ser la limitación de la producción de sustancias líticas por parte del macrófago, que podría generar lesión local y autoinmunidad en el huésped. La fase final de la respuesta inmune implica la aparición de las células TCD4+ con acción citolíticas, que terminan con las células mononucleares restantes que contienen bacilos viables. Estas células, en conjunto con las de memorias, responsables de la hipersensibilidad retardada, persisten por un tiempo mayor cuya duración no ha sido determinada, constituyendo el principal mecanismo de vigilancia inmunológica contra la infección y de prevención del desarrollo ulterior de la enfermedad.
Otro importante aporte a la comprensión de las funciones del linfocito T en la defensa contra M. Tuberculosis corresponde a la mejor descripción del mecanismo mediante el cual parte del bacilo son exportados del fagosoma, para ser reconocidos por las moléculas de clase II del CMH. El entendimiento de esta fase, reconoce los investigadores, puede ser de capital importancia para el desarrollo de las futuras vacunas. Desde hace varios años se ha apreciado que las micobacterias vivas son las que más fácilmente generan la interacción. La necesidad de que exista un metabolismo activo de las micobacterias implica que probablemente no sean los elementos constitutivos de ella, sino sustancias activamente secretadas o exportadas las que son reconocidas con mayor eficiencia por las moléculas de clase II.
Esto ha estimulado la investigación en el campo de los productos liberados durante el crecimiento de la micobacteria. Ya son conocidas mejor las diferentes proteínas que son capaces de unirse a fibronectinas, con lo cual la fagocitosis por el macrófago seria más eficaz, convirtiéndose esta sustancia en un factor de virulencia del microorganismo. Otro de los productos del bacilo es el superóxido dismutasa, de gran importancia para evitar el daño que puedan ocasionarle los radicales libres después de ser fagocitados. Otras proteínas, que guardan semejanzas con la proteína del golpe de calor (hsp por heat shock protein), conocidas como hsp60, hsp10y hsp70, han estado entre las mejores candidatas hacer las sustancias exportables de la micobacterias que ligarían a moléculas clase II del CMH.
Aunque no existe acuerdo acerca de cual de las proteínas sea el principal inmunógeno que va activar las células T, es claro ahora que debe ser una de las proteínas exportadas por el mismo bacilo. Es preciso pues, que sean organismos vivos los que inicien el proceso inmune, y es necesario también que se mantengan viables dentro del macrófago durante las primeras fases de la infección, esto es lo que permite que el microorganismo "fabrique " el antígeno que va inducir la respuesta inmune apropiada(13).

 

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