Trastornos de la conducta asociados al uso de la computadora

Autor: Dra. Maritza Oliva Pérez

Especialista de1er grado en Bioestadística y MGI. Profesor de Informática Médica. Instructora
Facultad de Ciencias Médicas "Enrique Cabrera". Ciudad de La Habana, Cuba

 

 

Introducción.

La dependencia respecto al uso de la computadora se ha convertido en una nueva dolencia que caracteriza los tiempos actuales. "Computerismo", ha sido una de las traducciones, al español, de ese nuevo síndrome incluso identificable y clasificable por especialistas como una adicción.
El vertiginoso desarrollo de las llamadas "nuevas" tecnologías de la información y las comunicaciones (NTIC); que no son tan nuevas, pero que no pierden el apelativo ya que se renuevan constantemente; ha traído consigo una transformación en la forma de hacer y de ser de la sociedad moderna.
Pensemos que a 50 años del inicio de la era de la computación se ha transformando la estructura gubernamental, empresarial, privada y social de la sociedad con una profundidad de la que nadie puede declararse ajeno. Las computadoras han invadido casi todos los aspectos de nuestras actividades y de nuestra vida en general.
La UNESCO (Salinas J. 1996) define las NTIC como "el conjunto de disciplinas científicas, tecnológicas, de ingeniería y de técnicas de gestión utilizadas en el manejo y procesamiento de la información; sus aplicaciones; los computadores y su interacción con hombres y máquinas; y los contenidos asociados de carácter social, económico y cultural". Por lo tanto, en este contexto, entenderemos por NTIC el conjunto de procesos y productos derivados de las nuevas herramientas (Hardware y Software), soportes de la información y canales de comunicación relacionados con el almacenamiento, procesamiento y transmisión digitalizada de la información.
Tal es el impacto social de las NTIC, que se ha afirmado que estamos en un período o etapa histórica de la civilización humana: la llamada sociedad del conocimiento o de la información. Ha aparecido incluso el término "analfabetismo informático" para aquellas personas que aun no se han entrenado en el empleo de una computadora.
El paradigma de estas tecnologías lo constituye las redes informáticas, de la que Internet representa el modelo por excelencia. Si las computadoras aisladas nos ofrecían una gran cantidad de posibilidades, es lógico pensar que conectadas entre sí la funcionalidad sea aun mayor. Formando redes, las computadoras no sólo sirven para procesar información almacenada en soportes físicos (disco duro, disquete, CD -ROM, etc.) en cualquier formato digital, sino también como herramienta para acceder a recursos y servicios prestados por computadoras remotas, como sistema de publicación y difusión de la información y como medio de comunicación entre seres humanos.
El desarrollo de estas tecnologías ha crecido en forma geométrica, las mismas herramientas iniciales de la red se modifican: términos como "computadora" u "ordenador" en realidad han quedado desactualizados, porque esas máquinas en red sobre nuestros escritorios ya son capaces de tantas funciones que deberíamos pensar en una nueva forma de denominarlas, algunos proponen llamarlas "simuladores inteligentes".
Craig Barrett, de Intel, el mayor fabricante de chips del mundo, ha sintetizado esta idea al definir al ciberespacio como "un nuevo continente electrónico de cibernautas". Es que a esta altura la red es cosa de muchos: hay unos 250 millones de cibernautas en el mundo y en los próximos cinco años seremos más de 1000 millones. Cada nueva computadora trae consigo nuevos internautas y cada vez hay más actividades humanas que se están adaptando y recreando en el ciberespacio. Ciberdinero, ciberguerra, telemedicina, redes telemáticas, cibersexo o universidad virtual forman ya parte del lenguaje común.
Derrick de Kerckhove, Director del programa McLuhan de Cultura y Tecnología de la Universidad de Toronto plantea, "La red cambia todo ... y lo hace a la vez. Internet nos da acceso a un entorno real, casi orgánico, de millones de inteligencias humanas trabajando en algo conjuntamente. Es una nueva condición cognitiva: la inteligencia conectada."
Tales son las afirmaciones de Sherry Turkle (1995), psicoanalista, y profesora del MIT (Massachusets Institute of Technology), quien ha marcado un hito en el estudio de las dinámicas ciberespaciales, ella concibe la computadora como un "segundo self" (un segundo yo), incluso las define como un objeto "para pensar con", un "objeto evocativo"; lo cual pudiera provocar la deconstrucción del self y generar cambios en nuestra manera de concebir la vida, la sexualidad, lo animado e inanimado.
No cabe dudas que disponer de una computadora en nuestra actividad laboral o estudiantil y en nuestra vida diaria suele ser muy ventajoso, además, navegar por el ciberespacio puede llegar a ser una de las ocupaciones más fascinantes que ofrece la cultura contemporánea. Quien se conecta a Internet, tiene a su disposición una cantidad inconmensurable de opciones para el divertimiento, la educación, la información, la divagación sobre todo. Es una experiencia maravillosa. Pero todo no es color de rosas, también tiene sus riesgos --y no solamente en términos del costo que implica la tarifa telefónica y la contratación de los servicios comerciales -- el desarrollo de una dependencia a las tecnologías e incluso una adicción es posible.
Ni la ética ni las leyes, evitan que la navegación por las redes cibernéticas se convierta en vicio. No empleamos ese término de manera metafórica, sino para describir con exactitud la dependencia que, respecto de la computadora y sus conexiones, llegan a desarrollar algunos usuarios.

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Desarrollo.

Mucho se ha hablado y escrito sobre la finalidad de las computadoras. La mayoría de los usuarios señala que ésta es hacer la vida de los hombres más fácil y productiva, mientras que otros, los menos, consideran que la diversión y esparcimiento de los usuarios; debería ser la finalidad de los equipos de cómputo.
En el área productiva, la computadora es una útil herramienta laboral, educativa y de comunicación, que día a día gana adeptos. En este campo destacan los programas del paquete Office de Microsoft, que millones de usuarios utilizan todos los días en su lugar de trabajo y hogar, softwares interactivos, como enciclopedias y material de apoyo para estudiantes, y el correo electrónico, los mensajeros instantáneos y los canales de plática en tiempo real.
Pero empleada inadecuadamente puede ser generadora de trastornos de la conducta y del comportamiento que pueden llegar incluso a la adicción. De algunos de estos aspectos trataremos en este trabajo.
La mayor parte de la población ha tenido su primera experiencia informática en la escuela o en los campos universitarios. Dicha experiencia supone el aprendizaje del funcionamiento de los principios que regulan la máquina y supone un choque frontal con una cultura extraña.
La respuesta de las personas a este primer encuentro es muy variable y depende de múltiples factores, tales como la edad, el nivel cultural, las circunstancias concretas en que se produce, la motivación, los intereses profesionales o personales e incluso creencias y normas éticas de cada cual. Algunos se aproximan en busca de solución a un problema concreto relacionado con su ambiente laboral o estudiantil, tales como una búsqueda bibliográfica, la realización de una investigación que implica un proceder estadístico que puede ser realizado por un programa computacional o, a nuestro juicio la más frecuente, obedeciendo a una exigencia curricular para obtener un determinado grado científico.
En otras ocasiones los impulsa una necesidad personal, por ejemplo, en nuestros médicos es bastante frecuente que se enfrenten por vez primera con el mundo de la informática cuando realizan una misión internacionalista y acceden al correo electrónico como una vía eficaz de comunicación, entre otras.
En este sentido hemos apreciado en nuestro medio, que los jóvenes de forma general, sienten mayor motivación por dominar y aprender cada vez más las nuevas tecnologías y las posibilidades que les ofrecen; mientras que las personas ya no tan jóvenes -- no precisemos edades para no herir sensibilidades - pueden manifestar en ocasiones cierta resistencia y en algunos casos, franco rechazo al empleo del ordenador.
Pensamos que estas personas sienten miedo natural ante lo desconocido lo que los lleva a despreciar el uso de esta tecnología como forma de justificarse ante la ignorancia y el temor al cambio. Estas afirmaciones las hacemos basándonos en nuestra experiencia personal y en las observaciones y entrevistas no formales que realizamos entre algunos profesores y profesionales de la salud de nuestros centros de trabajo.
A partir de las observaciones y análisis pudimos percibir que algunos profesionales de alto grado científico y académico ocultan el temor que sienten a quedar en ridículo ante los demás, sobre todo de los estudiantes que tienen un mayor dominio en el funcionamiento y empleo de las computadoras; con una conducta despectiva o evasiva hacia las mismas, y otros que confiesan estar viejos para aprender algo tan complejo.
Se plantea que asociado al desarrollo cada vez mayor de las NTIC ha existido un incremento del número de individuos que se muestran ansiosos o intimidados frente a las computadoras. Algunos autores consideran la ansiedad frente a los ordenadores como el resultado de un diálogo interno subyacente al sistema de creencias, acciones y conductas movilizadas en el trabajo con un ordenador.
Se puede considerar que el 25% de los usuarios sufren "computerphobia" leve y un 5% se ve afectado por la forma más severa de este trastorno. Según la experiencia de Verdu (1995) el 32% de los sujetos no graduados sufría estos problemas y un 55% de una muestra de adultos informó sentirse intimidado por los ordenadores.
La alfabetización en el uso de computadoras ha llegado a ser un importante factor en el éxito académico, sin embargo entre algunos estudiantes aparece el handicap de la ansiedad frente a ellas. Desde hace tiempo se ha relacionado la ansiedad en el uso de ordenadores con la ansiedad frente a las matemáticas y las actitudes hacia las actividades numéricas y de cálculo en general, característica esta muy común entre los estudiantes y profesionales de las ciencias médicas.
Investigaciones anteriores señalaron algún tipo de relación entre el éxito en el uso de computadoras (Fennema y Sherman, 1986) con el nivel de ansiedad general (Betz, 1988). Respecto a este último punto parece jugar un especial papel la variable de la autoconfianza o seguridad en sí mismo.
Otros autores han evaluado la influencia del locus de control frente a la interacción con un ordenador hipotetizando como los sujetos de control externo se beneficiaría de aquellos programas que marcan de modo automático el ritmo del trabajo, en tanto que los sujetos con un control interno preferirían aquellos programas en los que el usuario dispone de un mayor grado de influencia.
Maurer y Simonson sugieren algunos criterios para el diagnóstico de la ansiedad ante las computadoras, entre ellos tenemos la evitación de las mismas y de las áreas donde están colocadas, precauciones excesivas cuando se debe utilizar, comentarios negativos hacia la computadora cuando se está utilizando e intentos frecuentes para disminuir la duración de los períodos en que debe utilizarse una computadora.
Podemos considerar la ansiedad frente a las computadoras como una forma muy específica de ansiedad ligada a un objeto, extendida pero de intensidad moderada. Difícilmente encontraremos auténticos sujetos fóbicos con relación a los ordenadores y probablemente los casos que se den estarán muy mediatizados por trastornos del carácter. No obstante la comodidad y seguridad frente a la utilización de computadoras debería preocupar a los responsables organizativos por una doble vertiente; la salud laboral y la productividad. Ambos elementos justifican el desarrollo de programas, no sólo de formación, encaminados a integrar las modernas tecnologías en todos los niveles, otorgando un especial énfasis a la modificación de actitudes (técnicas cognitivas) y a la formación en conceptos de base que permitirán huir de situaciones de indefensión percibida, que se dan cuando la formación es parcial y ligada a actividades específicas.
La introducción de entornos gráficos puede ser una medida, que si se ve acompañada de las correspondientes precauciones formativas, reducirá de modo notable este tipo de trastornos. La renovación del equipamiento informático no debe considerarse por los gestores y administradores como una prioridad de nivel terciario, ignorando la aparición de cuatro generaciones de microprocesadores que han posibilitado los actuales entornos, pletóricos de botones, íconos y donde el usuario no debe esforzarse en comprender y memorizar una serie de convencionalismos dignos de otra época, en suma un avance que permite al individuo concentrarse en su tarea y no en "lo que debe hacer" para hacer su tarea.
Contrario a la situación anterior, se encuentran aquellos que desde su primer encuentro con un ordenador quedan fascinados por las maravillas que estos les ofrecen, quedando "enganchados" a la computadora y suelen tener largas sesiones de trabajo dedicadas fundamentalmente a conocer y aprender como acceder a los recursos y servicios que ésta le ofrece.
Esta conducta aparentemente sana puede convertirse en perjudicial, pues sin darnos cuenta vamos pasando cada vez mayor tiempo frente al ordenador, unas veces realizando una tarea, otras leyendo un tutorial sobre el funcionamiento de un software o estudiando un tema de clases en una publicación electrónica, algunas veces instalando y configurando algún programa que necesitamos emplear, en fin, siempre hay un motivo "razonable" para estar varias horas del día "ocupados" en la computadora.
Esto suele suceder a un porcentaje elevado de personas, en la medida que aprendemos y conocemos nuevas aplicaciones mayor número de tareas queremos resolver en el ordenador, a veces sucede que en vez de ganar tiempo lo perdemos Por ejemplo, en estadística para representar datos numéricos usamos gráficos, cuando no disponemos de una computadora lo hacemos manualmente, esto nos ocupa un espacio de tiempo muchas veces mayor que si lo realizáramos en el programa Excel (por citar algún programa), pero ¿cuál es la realidad?, sin darnos cuenta consumimos un tiempo mucho mayor en el ordenador que manualmente, pues en vez de dedicar unos minutos a pensar en cuál es la mejor forma de representar los datos en cuestión y determinar a priori el tipo y las características del gráfico que necesitamos, nos dedicamos a generar varios de ellos con diferentes colores, formas, dimensiones, etc. y al final seleccionar el más bonito.
Ejemplos como el anterior abundan en nuestro medio. De estas situaciones sólo se percatan algunos de los implicados, mientras que otros son dominados cada vez en mayor medida por la computadora y van perdiendo la noción de la vida en colectivo, desatienden la familia, los hijos, el trabajo, los estudios, etc. Algunos de los estudiantes de nuestras facultades eluden actividades propias de su curriculum académico por pasar tiempo extra en los laboratorios de computación, con no pocas implicaciones desfavorables en su rendimiento en otras asignaturas; por suerte no son la mayoría.
Otra arista del problema la constituyen los videojuegos. Estos son las aplicaciones más conocidas del área lúdica de la computación. En los últimos años, la industria desarrolladora de títulos de juegos de vídeo ha sido una de las más rentables, con un crecimiento aproximado de 75 por ciento anual, según datos de compañías que compiten es este particular mercado.
Es conocido por todos el fenómeno que se produce ante la adquisición de un sistema de videojuegos, apareciendo una curva de utilización caracterizada por elevadas frecuencias de uso en las primeras 3 - 5 semanas, curva que progresivamente va descendiendo hasta situarse de modo estable en valores, que constituyen una fracción de los iniciales.
Entonces surge una interrogante ¿Son perjudiciales los videojuegos?. Al respecto existen algunos criterios divergentes. La mayoría de investigaciones realizadas sobre la incidencia de los videojuegos en el comportamiento de los jugadores, coinciden en señalar la ausencia de consecuencias negativas sobre estos.
Existe una opinión prácticamente unánime entre los investigadores respecto a la no existencia de incidencias negativas derivadas del uso de videojuegos a este nivel. De este modo Brown y cols. (1992) señalan como la aceptación del videojuego como fenómeno de masas puede mejorar el rendimiento cognitivo y ayudar a los estudiosos de la percepción a una mejor comprensión de los mecanismos implícitos en el proceso de la información y en el conocimiento de las habilidades motrices.
Parece constatarse, en algunos casos, una discreta ventaja intelectual de los jugadores de videojuegos sobre los no jugadores (Mcloure y Mears, 1984; Melancon y Thompson, 1985). Sin embargo dichas relaciones difícilmente pueden interpretarse como una relación causal y probablemente estén ligadas a modos diferentes de percibir la tecnología en función del rendimiento intelectual de los individuos.
La investigación de autores conductistas acerca del tema de la agresividad, y sus relaciones con modelos de aprendizaje vicario o imitativo sirven de base teórica para las hipótesis que sugieren la posibilidad de un incremento de los niveles de agresividad y hostilidad después de haber jugado videojuegos. Pero no arriban a conclusiones que aseveren la hipótesis planteada.
Acerca de los efectos a largo plazo, no se ha podido arribar a una conclusión, ya que una investigación de este tipo implicaría la exposición de los sujetos de investigación (generalmente niños) por períodos de 5 a 10 años, lo cual no es ético ni factible dadas las características del desarrollo de estas tecnologías que es muy acelerado y cambiante.
A pesar de lo planteado anteriormente, muchos autores coinciden en afirmar que la adicción al videojuego es un fenómeno que afecta a un porcentaje elevado de los usuarios que los emplean, y se manifiesta en ansiedad, nerviosismo, falta de atención a las actividades docentes (en el caso de los estudiantes), trastornos del sueño tales como insomnio, pesadillas, entre otras. Nosotros pensamos que en realidad los juegos no son perjudiciales, sino que lo perjudicial es el empleo que le damos a los mismos, es decir, si permitimos que nuestros hijos, o nosotros mismos, permanezcan durante mucho tiempo en esta actividad, con seguridad, les causará problemas, pero administrado adecuadamente tiene sus beneficios como lo demuestran algunas investigaciones.
Otro trastorno asociado al uso de la computadora, que es imposible pasar por alto, es la llamada adicción a Internet. Sin dudas estamos ante una verdadera revolución en el modo de tratar la información y la comunicación.
A pesar de que en nuestro país el uso de Internet no está tan difundido, en comparación con otros países, es cada vez mayor el número de personas que desde sus centros de trabajo o en los centros de información pueden acceder a este servicio, por lo tanto no estamos ajenos a las dificultades que puedan generarse de su uso.
En los últimos años producto de la globalización y el avance de los medios de comunicación surge Internet como el boom de fines del siglo XX. Su facilidad de manejo y versatilidad en pocos años ha rebasado los limites de lo inimaginable, haciéndose cada vez mayor la cantidad de usuarios que acceden a la red y que se benefician de su enorme variedad de servicios. La gran cantidad de información a la que se puede acceder contiene casi todos los conocimientos y pasatiempos del quehacer humano, por ende se le ha denominado la gran biblioteca de la humanidad.
Se ha podido comprobar empíricamente y a través de estudios hechos en el exterior la gran capacidad reforzante de su uso, lo que podría provocar un condicionamiento que haría cada vez mayor la necesidad de su utilización.
Debido a esto en los últimos 5 años se ha convertido en noticia el posible síndrome de dependencia de Internet. La base teórica con que cuentan los defensores de entidades como el IAD (Internet Addiction Disorder) son algunos estudios descriptivos acerca de los patrones de uso de Internet, de los que quizá resulte aventurado deducir que el uso masivo de los recursos on-line sea preocupante, y muy lejos de los 30 millones de afectados con los que especula el periodista Hughes Henry. Datos algo menos dramáticos ofrece la Dra. Kimberly S. Young, cifrando en unos 400.000 el número de norteamericanos afectados por el IAD (de una población de unos 20.000.000 de americanos conectados).
Se ha observado que algunas personas presentan verdaderos problemas derivados de su afición a los ordenadores y al ciberespacio. Cuando se es despedido del trabajo, se abandonan los estudios o una persona se encuentra inmersa en una demanda de separación a causa de esta actividad se puede sospechar la existencia de una adicción.
No obstante las "adicciones" en sentido amplio pueden ser saludables, patológicas o una mezcla de ambas. De este modo una persona que se sienta fascinada por su hobby y en el que invierte cantidades ingentes de tiempo tiene la posibilidad de aprender, fomentar la creatividad y comunicarse. La dificultad se sitúa en el punto en que debe trazarse la línea entre un uso intenso de la tecnología y la aparición de las consecuencias derivadas directamente de la actividad. Cabe, pues, plantearse si la eclosión de Internet desde finales de 1996 no está produciendo un fenómeno similar al acaecido con los videojuegos a principios de los 90.
Se empieza a considerar como puede existir un núcleo común a todos los elementos psicopatológicos ligados con la informática, que es el uso abusivo de los ordenadores, considerándose las diferentes manifestaciones como formas clínicas diferentes de un único trastorno.
Se compara la adicción a Internet con el juego patológico, la adicción al tabaco, el alcoholismo o las compras compulsivas. Al igual que ocurrió con los videojuegos el paralelismo con el conjunto de las toxicomanías es tentador, sin embargo, ya de una manera superficial sólo es posible establecerlo con el juego patológico ya que en este caso tampoco existe una sustancia responsable de la conducta adictiva.
El llamado Síndrome de la Adicción a Internet está suscitando polémica. Hoy en día constituye todavía un interrogante la posibilidad de que una conducta semejante al IAD sea una realidad. El hecho que Internet se considere un medio de trabajo, de extraordinaria creatividad y una vasta fuente de información y otros recursos, pone en duda para muchos su carácter adictivo. Sin embargo, los partidarios de la existencia de este síndrome definen al "netdependiente" como aquel individuo que realiza un uso excesivo de Internet lo que le genera una distorsión de sus objetivos personales, familiares o profesionales. El Center for On-Line Addiction describe este tipo de adicción como un deterioro en su control y uso que se manifiesta en un conjunto de síntomas cognitivos, conductuales y fisiológicos.
La socialización y la comunicación parecen constituir los elementos últimos del efecto "adictivo" de Internet (Intercambio de correo, participación en grupos de discusión, conversaciones en tiempo real, juegos en red). Sin embargo, cuando estas mismas actividades prescinden de su soporte tecnológico pierden la connotación mórbida que se les ha querido dar. ¿Quién se preocupa por las prolongadas conversaciones de teléfono de los adolescentes tras haber estado juntos todo el día en el colegio? La lectura es otra actividad que puede captar completamente la atención sin que por ello se intente elevar a la categoría de diagnóstico.
Cuando se es un nuevo usuario o se descubre un nuevo recurso en Internet se produce una fase de encanto, que se caracteriza por elevados tiempos de consumo y cierta "obsesión". Tiempo después aparece una caída del uso que corresponde con una percepción más objetiva de lo que es Internet en sí o el recurso recientemente descubierto, apareciendo una fase de desencanto.
Finalmente aparece una fase de estabilidad donde el recurso o el uso de Internet en sí mismo halla su espacio natural en las actividades del sujeto. De este modo es esperable que una vez alcanzado el primer nivel se vuelva -episódicamente- al primer nivel, aspecto demostrado por los trabajos que presentan el carácter fásico en el uso de Internet y que tienen su antecedente en los realizados sobre el uso de videojuegos.
Oficialmente en el colectivo médico no está considerada la existencia de una adicción a Internet como tal. En los manuales diagnósticos tanto de psicología como de psiquiatría, todavía no está considerada como una adicción, como por ejemplo, sí está recogida la ludopatía. En el ámbito internacional tampoco está recogida como una adicción. Sólo existen sugerencias individuales o de algunas asociaciones que reivindican que ya debería indicarse como una adicción. Para que la adicción a Internet sea considerada como tal tendrá que ser considerada, en primer lugar, en el ámbito científico como una categoría adictiva en sí misma.
Pese al escaso y anecdótico bagaje clínico son numerosas las voces que proponen la inclusión de este supuesto trastorno en los manuales de clasificación (DSM-IV, ICD-10), aventurando borradores de criterios diagnósticos muy variados, no obstante, hasta el día de hoy no existe de modo oficial este trastorno, puesto que el conjunto de síntomas que se describen todavía no ha demostrado ni consistencia ni fiabilidad.
En nada se parece la famosa adicción a Internet a las adicciones que se describen en los manuales de psicología y psiquiatría. La adicción a Internet es esa necesidad imperiosa que tanta gente siente de conectarse a Internet nada más levantarse por la mañana. O sea, algo así como la adicción a leer el periódico, pues también hay mucha gente que necesita leer el periódico mientras desayuna y no le gusta nada quedarse un día sin periódico. ¿Que a algunos les quita mucho tiempo? Claro, pero las adicciones no se definen por el tiempo que nos ocupan. También ver la televisión o leer el periódico quita tiempo a la gente y sin embargo nadie es adicto al periódico o a la televisión. La nicotina, en cambio, es adictiva y no nos quita tiempo.
Los comportamientos compulsivos han existido siempre, pero pertenecen a una categoría diagnóstica muy distinta. El término "adicción a Internet" fue originalmente una broma de esas que acaban dando la vuelta al mundo varias veces por correo electrónico. En un foro de profesionales de la salud mental, Ivan Goldberg intentaba hacer una parodia del DSM IV. En el mensaje afirmaba Goldberg irónicamente haber descubierto un nuevo síndrome, el "Síndrome de adicción a Internet", y proponía crear nada menos que el primer cibergrupo de ciberadictos anónimos. Actualmente, prefiere sustituir el término de adicción a Internet por el de Uso patológico de Ordenadores.
Es cierto que dedicar muchas horas a una actividad se ha de traducir, por fuerza, en una disminución de las horas que dedicamos a otras actividades. Y esto a veces puede causar problemas. Pero no sabemos todavía qué es normal en este contexto, dice el doctor Leonard Holmes, que se pregunta cómo pueden algunos estar hablando de utilización patológica de Internet si ni siquiera sabemos todavía qué es un uso "normal" de Internet.
Algunos se aventuran a considerar como el valor más probable en cuanto al uso adaptativo del Internet se sitúe alrededor de las 7-14 horas semanales, otros autores lo amplían a un rango de 5-20 horas semanales. Existe un porcentaje de sujetos que realiza un uso de la Red que oscila entre las 30 y 40 horas semanales y que se sitúan en una zona de difícil clasificación.
Pensamos que al respecto es oportuno seguir investigando y aportando al estudio de esta conducta.

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Conclusiones

Existe cierta unanimidad en los autores en considerar los recursos interactivos de la Red como los potencialmente tributarios de producir conductas abusivas (chats, juegos en Red, Correo electrónico, cibersexo).
Las conductas dependientes del uso de los ordenadores pueden resolverse si realizamos una mejor distribución del tiempo que dedicamos a cada una de las actividades de la vida diaria. Debemos fomentar en nuestros estudiantes buenos hábitos de estudio que les permita un uso racional y óptimo de las NTIC.
El problema, en todo caso, será que las personas que no están dedicando el tiempo necesario a otros aspectos de su vida que también son importantes, por dedicarse al uso de los ordenadores, tendrán que aprender a distribuir mejor su tiempo si le interesa conservar también esas otras cosas. Pero un diagnóstico como ese no se parece en nada a un diagnóstico de adicción. Y su tratamiento también deberá ser muy distinto.
Quizá un tratamiento puede estar encaminado a mejorar algún aspecto de su personalidad, quizá una simple timidez que le impide relacionarse de otra forma con la gente, pues se dice que las personas mayormente más vulnerables a sufrir uso abusivo de Internet son personas introvertidas, con baja autoestima, y baja estimulación social. Quién sabe. Eso tendrá que determinarlo un profesional tras un diagnóstico individualizado. Lo único que está claro es que si seguimos metiendo en el saco de la adicción a Internet todos los problemas psicológicos que vayan apareciendo en la gente que utiliza la red, no haremos sino volver a la época en la que todo se explicaba acudiendo al mismísimo complejo de Edipo.
No obstante, pensamos que no se debe descartar la existencia de problemas de entidad clínica derivados del uso de la Red. Es preciso disponer de modelos teóricos de estas entidades clínicas, cuyas hipótesis etiológicas sean contrastadas en la investigación. Los criterios de diagnóstico que se definan deberán basarse en estos modelos y validarse, sin que resulte aceptable la adopción de criterios de otras entidades clínicas, conceptualmente similares.
No debemos minusvalorar el importante secundarismo percibido en algunos casos de los que se describen, resultando el abuso de Internet el emergente de un trastorno o situación disfuncional previa. La metodología de los trabajos que aborden estas cuestiones deberán revisarse en la dirección de superar los actuales déficit en los muestreos. Deberá estudiarse de modo específico a los sujetos que hacen un mayor uso de sus conexiones.
Puede parecer exagerado, en nuestro país, sugerir precauciones para tan modernas y extravagantes dolencias, pero vivimos en un mundo globalizado donde cada día es mayor la influencia de las culturas dominantes con todos sus "pros" y "contras" en los países en vías de desarrollo, por lo que debemos estar preparados para afrontar los nuevos retos que nos impone la modernidad en curso.

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Última actualización: 16 de Mayo del 2002
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