HISTORIA DE LA CIRUGÍA

Autor: Dr. Alejandro García Gutiérrez* y Dr. Gregorio Delgado García **

* Doctor en Ciencias ( Ph.D), Especialista de 2do grado enCirugía Genera, Ex-Decano de la Facultad de Ciencias Médicas ''General Calixto García" del I.S.C.M.-H, Ex-Presidente y Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Cirugía,
Jefe del Grupo Nacional de Cirugía del Ministerio de Salud Pública, Miembro del Tribunal Nacional Permanente de Categorías Científicas, Delegado Nacional de la Sociedad Internacional de Cirugía ( ISS/ SIC), Miembro de Honor de las Sociedades: Iberolatinoamericana de Cirujanos, Alemana, Bohemoeslovaca, y Húngara de Cirugía, Brasileña de Cirujanos, Peruana de Cirujanos Generales, Colegio Dominicano de Cirujanos y Academia de Cirugìa del Distrito de Granada, España. Presidente de la Federación Latinoamericana de Cirugía ( FELAC), Es autor de numerosas publicaciones y presentaciones en Congresos Nacionales e Internacionales y ha realizado importantes investigaciones sobre la Cirugía del aparato digestivo y otros temas

** Doctor en Medicina, Especialista de 2do grado en Microbiología y Parasitología, Profesor Jefe del Departamento de Historia de la Salud Pública de la Escuela Nacional de Salud Pública de Cuba, Profesor Adjunto de Agentes Biológicos de la Facultad de Medicina "General Calixto García" Historiador Oficial del Ministerio de Salud Pública desde 1972, Director de Cuadernos de Historia de la Salud Pública desde 1972, Vicepresidente de la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina y de la Sociedad Cubana de Historia de la Ciencia y la Tecnología, Miembro de Sociedades de Historia de la Ciencia y la Medicina en Seattle (E.U.A.), Bulgaria y Bolivia, Profesor invitado del Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina de la Universidad
Autónoma de México, Entre sus libros publicados se encuentran, "La doctrina Finlaista"(1982), premio de la Academia de Ciencias de Cuba(1981) y "Conferencias de Historia de la Salud Pública en Cuba"(1996), premio nacional de salud pública, modalidad libro(1996)

Facultad de Ciencias Médicas "Gral. Calixto García", Ciudad de La Habana, Cuba

Dr. Alejandro García Gutiérrez

 

Introducción.

La historia de la cirugía se remonta a los orígenes de la humanidad. En sus inicios la cirugía no constituía una parte separada de la medicina, pero muchos de los tratamientos que aplicaban los primeros hombres que poblaron la tierra eran realmente quirúrgicos, pues tuvieron que curar las heridas y cohibir las hemorragias que se producían accidentalmente, o como consecuencia de su lucha contra otros hombres y contra los animales durante la caza, la que constituía uno de los medios para garantizar su difícil subsistencia.
El carácter y el nivel de desarrollo de la cirugía, como parte de la medicina, están determinados por las condiciones materiales de la vida de la sociedad, por el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y por el carácter de las relaciones de producción.
La cirugía no existe y se desarrolla por la simple aspiración del hombre de conocer la verdad, sino como parte de la actividad humana, la cual está estrechamente unida a la práctica social, al desarrollo técnico y tecnológico y a la lucha de clases en los terrenos ideológico, económico y político.
Por estas razones estudiaremos la historia de la cirugía en cada una de las formaciones económicas del desarrollo de la sociedad humana:
A. Comunidad Primitiva
B. Sociedad esclavista
C. Feudalismo
D. Capitalismo
E. Socialismo
Y, finalmente, haremos un estudio particular de la historia de la cirugía en Cuba.

Arriba

Desarrollo.

A. La cirugía en la comunidad primitiva

Durante el período paleolítico inferior, los hombres primitivos vivían en manadas u hordas al igual que sus predecesores y estaban completamente agobiados por las dificultades de su existencia, debido a la ardua lucha que debían sostener contra la naturaleza.
En el período paleolítico alto o neolítico su organización social era la tribu. En sus inicios y durante muchos milenios, 25 000 a 30 000 años a.n.e., las condiciones materiales de aquella época le dieron a la mujer el papel predominante, fue la época del matriarcado. Posteriormente, con el inicio de la agricultura y el pastoreo, cuyas labores eran realizadas por los hombres, el matriarcado fue sustituido por el poder del padre, el patriarcado.
Con el paso a la ganadería y a la agricultura se inició la primera división social importante del trabajo, con la cual, primero diferentes comunidades y luego, miembros aislados de ellas, se dedicaron a diferentes actividades de la producción. Unido a esto se perfeccionaron los métodos y útiles para procurarse los medios de vida y surgió la propiedad privada, la desigualdad en la posesión de los bienes, el intercambio de productos, la división de la sociedad en clases y la explotación del hombre por el hombre.
Inicialmente la concepción del mundo primitivo era espontáneamente realista, materialista, pero en el curso de varios milenios estas concepciones, estrechamente relacionadas con el trabajo, fueron sustituidas por otras idealistas y religiosas que reflejaban la impotencia del hombre frente a las fuerzas de la naturaleza, las que atribuían el origen de las enfermedades a la penetración en el cuerpo humano de espíritus malignos. De ahí se derivó el tratamiento de los enfermos mediante exorcismos, conjuraciones y el uso de amuletos. Para extraer el principio patógeno se chupaban las heridas y para que la enfermedad pudiera abandonar al enfermo, llegaron a practicar la trepanación, cuyos éxitos ocasionales se debían a la tendencia a la curación espontánea de muchas enfermedades.
Al comienzo en la sociedad primitiva los tratamientos quirúrgicos eran realizados por un miembro cualquiera de la horda o de la tribu, pero posteriormente, al surgir la división social del trabajo, aparecieron los primeros médicos o curanderos, que se dedicaban a practicar tratamientos rudimentarios. La actividad de estos primeros médicos al inicio no estaba relacionada con las prácticas religiosas, pero más tarde aparecieron los sacerdotes primitivos y se combinaron las funciones de ambos en la misma persona.
Hay pruebas de procedimientos quirúrgicos realizados por estos primitivos curanderos-hechiceros, pues existen pinturas rupestres donde se les representa en la curación de heridas y en restos humanos de la época neolítica se observan fracturas bien consolidadas y cráneos trepanados con signos de regeneración ósea en sus bordes, lo que indica que los pacientes sobrevivieron a la realización de esas técnicas. También han sido hallados cráneos trepanados en restos de las civilizaciones precolombinas del Perú. Asimismo, han sido encontradas agujas hechas de hueso de animales, que se supone eran utilizadas para suturar heridas con fibras vegetales.

B. La cirugía en la sociedad esclavista

La aparición de la propiedad privada y del intercambio de bienes materiales creó contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, que dieron lugar a la aparición del régimen esclavista, el cual significó un adelanto en relación con la comunidad primitiva, ya que permitió una mayor división del trabajo entre la agricultura y la artesanía y creó las bases para el florecimiento del mundo antiguo.
Como es bien sabido, el tránsito de un régimen social a otro no se produce súbitamente ni al mismo tiempo en todas las regiones. Así, mientras se instauraba progresivamente el régimen esclavista, coexistieron durante un período más o menos largo restos de la comunidad primitiva. A partir de 4 000 a 5 000 años a.n.e. apareció el régimen esclavista en el antiguo Oriente (China, Mesopotamia, India, Egipto y Asia Sudoccidental) y después se extendió a Grecia, Roma y Japón, hasta los siglos III ó II antes de nuestra era, en que aparecieron las primeras manifestaciones del régimen feudal en China.
En la sociedad esclavista la actividad médica también se segregó de las demás profesiones y principalmente estuvo en manos de los sacerdotes. Como consecuencia del aumento de las rivalidades y guerras entre las distintas comunidades fue necesario desarrollar métodos quirúrgicos más complejos, los que aplicaban tanto en el campo de batalla como en tiempo de paz. Los arquéologos han hallado numerosos instrumentos quirúrgicos de esta época (bisturíes, pinzas, tijeras) con los que extraían las flechas, cohibían las hemorragias y practicaban trepanaciones. Aprendieron también a emplear analgésicos durante las operaciones (opio, belladona, cañamo e infusión de raíces de mandrágora). El aumento de los conocimientos médicos impedía conservarlos en la memoria, por lo que al aparecer la escritura en los pueblos del Oriente Antiguo surgieron las primeras anotaciones que describían las enfermedades y su tratamiento.
En China durante este largo período histórico, se prestó gran atención a la prevención de enfermedades y promoción de la salud mediante medidas higiénicas generales, el masaje y la gimnasia. Se desarrolló la acupuntura y se practicaban operaciones en las grandes cavidades bajo anestesia, conocimientos que fueron conservados en la escritura jeroglífica que apareció en esta época.
En la India los conocimientos médicos fueron recogidos en el libro de la ley de Manú (siglos X a V a.n.e.) y en el manuscrito Ayurveda (siglo IX a.n.e.). En ellos también se da una gran importancia a las medidas de higiene personal y social. En el Ayurveda aparecen descritos 125 instrumentos quirúrgicos con los que se practicaban sangrías, amputaciones, herniotomías, litotomías, laparotomías, extracción de cataratas, operaciones plásticas de la cara, y procedimientos obstétricos, como la craneotomía y la embriotomía. En este texto también aparece la descripción de los síntomas y signos clásicos de la inflamación (rubor, tumor, dolor, calor y trastornos funcionales) que posteriormente fueron atribuidos al autor romano Celso.
En Mesopotamia el centro de mayor desarrollo en Medicina se encontraba en Babilonia. Las medidas curativas estaban regidas por las concepciones idealistas de que la vida, la salud y la enfermedad dependían de los espíritus (benignos y malignos, dioses y diablos) y que su evolución estaba dirigida por los cuerpos celestes. Así, tenían un calendario astrológico que usaban para seleccionar las fechas más favorables para las operaciones. Sus conocimientos en medicina y demás materias fueron recogidos en el código de Hammurabí, esculpido en escritura cuneiforme en un gran pilar de basalto (siglo XVIII a.n.e.) y en numerosas losas calcinadas encontradas por los arqueólogos en Babilonia y en Ninive, entre las que cerca de 1 000 contienen textos médicos.
En Egipto ya en el milenio III a.n.e. se habían obtenido grandes éxitos en la medicina y 2 000 a.n.e se habían desarrollado la especialización, con la aparición de médicos cirujanos. Sus conocimientos se han conservado en numerosos papiros y en los jeroglíficos inscriptos sobre los sarcófagos, las pirámides y otras obras de arte. El papiro de Edwin Smith (1550 años a.n.e.) está totalmente dedicado a la cirugía, la cura de las heridas y a la anatomía, se considera que es copia de un papiro más antiguo, atribuido a Imhotep, médico que fue deificado por los egipcios. Aunque en Egipto se reconocían las causas naturales de muchas enfermedades, los elementos místicos y religiosos fueron predominando progresivamente hasta que la medicina quedó finalmente en manos de los sacerdotes.
La Grecia Antigua fue receptora de los avances culturales del antiguo Oriente y de Egipto, los que se desarrollaron y extendieron a Roma y otros países del sur y occidente de Europa, por lo que tuvo una gran influencia en el desarrollo histórico posterior de la humanidad. El régimen esclavista apareció en Grecia en el siglo XII a.n.e. y ya en los siglos VI- IV a.n.e. estaba bien constituido en varias ciudades-estados de la península helénica.
En Grecia predominaba la práctica médica separada de la religión con una concepción materialista, existiendo escuelas donde se preparaba a los médicos, como la de Cos, en la cual se formó el famoso médico Hipócrates. Las primeras noticias sobre la cirugía en la Grecia antigua aparecieron en la Ilíada y la Odisea de Homero (Siglos VIII- VII a.n.e.) y en esculturas y grabados en vasos y otros objetos arqueológicos. En la Ilíada se describe la extracción de flechas y lanzas de los cuerpos de los heridos y el desbridamiento de las heridas. En las excavaciones se ha hallado numerosos instrumentos quirúrgicos de esa época: escalpelos, pinzas, agujas, ganchos paras las heridas, espátulas, sondas y otros.
Hipócrates (460-377 a.n.e.) fue el médico más destacado de la Grecia Antigua, él y sus discípulos recopilaron en 70 libros todos los conocimientos médicos de su época. En ellos sistematizaron los síntomas de las enfermedades, basándose en las observaciones junto al lecho del enfermo, resaltaron el papel del medio ambiente en la etiología de las enfermedades y el valor preventivo y terapéutico de los métodos higiénicos y dietéticos, e hicieron un análisis metódico de los procedimientos quirúrgicos, tales como los tratamientos de las heridas de la cabeza, de las fracturas y luxaciones y vendajes para diversas lesiones. Para practicar la hemostasia recomendaban elevar las extremidades y aplicar el frío, la presión y la cauterización. Sus doctrinas influyeron positivamente en el desarrollo de la medicina durante muchos siglos.
La influencia de la Grecia Antigua se extendió a Egipto, el Asia Central y sudocidental con las campañas de conquista de Alejandro Magno (Siglo IV a.n.e.), lo que facilitó la creación de varios centros políticos, económicos y culturales en esos territorios. El más importante de ellos fue Alejandría, donde sobresalieron los médicos Herófilo y Erasístrato (Siglo III a.n.e.), quienes realizaron estudios anatómicos sobre el cuerpo humano y, basándose en estos conocimientos, describieron los métodos de hemostasia por ligadura y torsión de los vasos sanguíneos, lo cual constituyó un gran progreso para el tratamiento de las heridas.
En el siglo I a.n.e., el centro político y económico del mundo antiguo se trasladó al Imperio Romano, que había conquistado los estados helénicos de Oriente. De estos y fundamentalmente de la escuela de Alejandría, recibió Roma su influencia cultural durante varios siglos.
Para sus guerras de conquista creó un servicio médico militar organizado con médicos permanentes, que estaban encargados de conservar la salud de sus legionarios y garantizar la asistencia quirúrgica en los combates, crearon hospitales militares (valetudinarius) y desarrollaron numerosos instrumentos quirúrgicos.
En Roma se mantuvo la contradicción entre las concepciones materialistas e idealistas en la medicina, al igual que en Grecia y los demás estados esclavistas más antiguos. En sus primeras etapas el ejercicio de la medicina estuvo alejado de los templos y regulado por el Estado, pero después de la creación del Imperio Romano y durante su evolución hacia la descomposición y decadencia de la sociedad esclavista, predominaron las doctrinas reaccionarias.
En este período se destacaron en la medicina Asclepíades de Prusa (128-56 años a.n.e.), como ejemplo de ideas materialistas con su concepción anatómica del organismo humano y Aulo Cornelio Celso (años 30-25 a.n.e. - 40-45 d.n.e.) y Claudio Galeno (121-201 años de nuestra era), como ejemplos de las concepciones idealistas. Asclepíades resaltó la importancia de las medidas higiénicas y el valor del ejercicio físico y en cirugía se le atribuye la invención de la traqueostomía. Celso escribió la obra "De Re médica", parte de la cual está dedicada a la cirugía y en ella recogió los conocimientos médicos de la Escuela de Alejandría y de otras obras de la medicina antigua que solo así han llegado hasta nosotros. Galeno hizo notables estudios anatómicos sobre los gladiadores heridos, los criminales ejecutados y los cadáveres de los guerreros y recogió sus observaciones y los conocimientos existentes en su época sobre anatomía, fisiología, patología, terapéutica y otras ramas de la medicina en numerosas obras que influyeron notablemente sobre su ulterior desarrollo.
Las explicaciones idealistas que daba Galeno a sus observaciones experimentales fueron convertidas en dogma por la iglesia católica, la que desechó el valor indiscutible de su método basado en la investigación y el experimento, sentando así las bases para el oscurantismo y la decadencia que predominaron en la medicina durante la Edad Media y que se extendieron hasta los siglos XV y XVI.

C. La cirugía en el feudalismo

El proceso de tránsito del esclavismo al feudalismo se produjo en distintos períodos históricos para cada país. En China ocurrió entre los siglos III y II a.n.e., en la India en los primeros siglos de nuestra era, en el Asia Central entre los siglos IV y VI d.n.e. y en Europa Occidental entre los siglos V y VI d.n.e.
La división histórica entre la sociedad esclavista y la nueva formación feudal en Europa Occidental, o sea, entre la Edad Antigua y la Edad Media, corresponde a la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 d.n.e. La época del feudalismo (Edad Media) se extendió de 12 a 13 siglos.
El progreso del régimen feudal en Europa Occidental se produjo muy lentamente, pues hasta el siglo XI d.n.e. persistió la decadencia profunda de la economía y de las ciencias provocada por las rebeliones de los esclavos y las conquistas de las tribus célticas y germánicas y fue mantenida por el dominio de la iglesia católica y sus concepciones escolásticas en todas las esferas. En esta época el hacinamiento y falta de higiene en las ciudades y los movimientos de grandes masas de personas por las Cruzadas ocasionaron grandes epidemias, lo que dio lugar a la creación de hospitales adjuntos a los monasterios y a la aplicación de medidas higiénicas.
En el siglo XI se comenzaron a fundar universidades por las órdenes religiosas, la primera en Salerno sobre la base de una Escuela de Medicina creada allí en el siglo IX d.n.e. y después en París (1110), Bolonia (1158), Oxford (1167), Padua (1222), Praga (1348), Viena (1365) Heidelberg (1386). Todas ellas fueron fundadas por la iglesia católica y los estudios médicos estaban basados en el aprendizaje memorístico de los textos de Hipócrates y Galeno, se prohibía la experimentación y la enseñanza de todo lo que iba en contra de los dogmas de la iglesia, lo que causó el estancamiento de los conocimientos médicos en estos países.
La práctica de la cirugía fue relegada a un personal sin ninguna o escasa preparación científica que compartía su labor con otras de inferior categoría como las de flebotomianos, dentistas y barberos. Ellos sin embargo lograron el desarrollo de esta rama de la medicina, basados en la gran experiencia que adquirían en las numerosas guerras entre los señores feudales que caracterizaron esta época.
En el período feudal el mayor desarrollo económico y científico se logró en el Imperio Bizantino, con cuyo nombre se mantuvo hasta el siglo XV el Imperio Romano Oriental, después de la caída del Imperio Romano Occidental y en los Califatos Arabes, que comprendían un extenso territorio desde el Asia Central y el noroeste de la India, hasta el norte de Africa y la península Ibérica. En estos países no se produjo el decaimiento de la producción científica que ocurrió en la edad media en el occidente de Europa y allí se conservaron todos los conocimientos médicos del mundo antiguo, los que fueron enriquecidos y pasaron por último a los países del occidente de Europa.
En Bizancio se destacó en el siglo VII el cirujano Pablo de Egina (625-690), quien recogió en una obra enciclopédica todos los conocimientos de la medicina antigua.
En los Califatos Arabes los cirujanos más destacados fueron Razés (850-923) y Avicena (980-1037). Razés describió instrumentos para extraer cuerpos extraños de la faringe, utilizó algodón en los vendajes y usó hilos de intestino de carnero para suturar las heridas del abdomen. Avicena publicó numerosas obras, la más famosa de todas el "Canon de la ciencia médica", verdadero compendio de la medicina en Grecia, Roma, India y Asia Central, el cual sirvió para divulgar dichos conocimientos en Europa y otros países, ya que fue traducido al latín y al hebreo. El cuarto de los cinco libros del Canon está dedicado a la cirugía, donde se describen la litotomía, la traqueostomía y el tratamiento de las heridas y demás traumatismos. Utilizaba el pelo de mujer y la cerda como material de sutura. Es notable que para conservar la salud recomendaba medidas higiénicas y dietéticas y la práctica del ejercicio físico, reglas que conservan toda su vigencia en el momento actual. El crecimiento de las fuerzas productivas con el desarrollo de la artesanía y los progresos de la técnica, unidos al incremento del intercambio comercial, dieron inicio al desmoronamiento progresivo de la sociedad feudal entre los siglos XIV y XVI, comenzando por Italia y otros países europeos, donde aparecieron las primeras manifestaciones del régimen capitalista.
En este período, al igual que en las demás ramas de la economía y de la cultura, ocurrió un renacimiento en la cirugía basado en los conocimientos anatómicos de Andrea Vesalio (1514-1564) adquiridos directamente de disecciones en cadáveres, las que habían estado proscritas por la iglesia, con lo que puso fin a las falsas concepciones anatómicas de Galeno que prevalecían hasta entonces.
En el siglo XVI se produjeron grandes progresos en los conocimientos fisiológicos, caracterizados por el descubrimiento de la circulación pulmonar de la sangre por el médico español Miguel Servet (1511-1553), que fueron completados por la descripción de la circulación sanguínea por el médico inglés William Harvey (1578-1657) y de la circulación capilar, hecha por el médico italiano Marcelo Malpighi (1628-1694), ya en el siglo siguiente.
La expresión máxima del desarrollo de la cirugía en este período la constituyó Ambrosio Paré (1510-1590), quien rescató el prestigio de la profesión al lograr que le fuera otorgado el título de Doctor en Medicina por la Universidad de París. Paré demostró los daños de la cauterización y del uso del aceite caliente para el tratamiento de las heridas y los sustituyó con ventaja por el empleo de una mezcla de yema de huevo y trementina. Publicó muchas obras sobre anatomía y cirugía e introdujo en la práctica quirúrgica muchos métodos útiles que habían sido abandonados, tales como las ligaduras vasculares, la traqueostomía, la toracentesis y otros, al mismo tiempo que perfeccionó las técnicas de amputación y herniotomía y creó prótesis para los miembros extirpados.

D. La cirugía en el capitalismo

En la segunda mitad del siglo XV se produjo en los países de Europa Occidental una verdadera revolución técnica, caracterizada por la invención del molino de viento, la rueca automática, la noria, el proceso metalúrgico de los hornos, el uso de la máquina de imprimir y de la brújula, cuya importancia para el desarrollo del capitalismo solo fue superada por la revolución industrial del siglo XVIII. La burguesía, impulsada por la necesidad de dar mayor salida a sus productos buscó nuevas vías comerciales y extendió sus dominios a todo el mundo y ya a fines del siglo XVI y en la primera parte del siglo XVII el capitalismo constituía una fuerza poderosa en Europa Occidental, lo que dió lugar a las primeras revoluciones burguesas en los Países Bajos (1565-1579) e Inglaterra (1649-1688).
En el período de tránsito del feudalismo al capitalismo hubo una intensa lucha contra el predominio de la iglesia, la que intentó mantener sus privilegios apoyándose en la inquisición. La represión que la caracterizó costó la persecución y la vida a muchos científicos en este período. Se produjo sin embargo, conjuntamente con el crecimiento de las fuerzas productivas y el cambio cualitativo en las relaciones de producción, un florecimiento de la cultura y un desarrollo de la ciencia que ha recibido el nombre de Renacimiento en los pueblos de Europa Meridional.
Como parte de este proceso la medicina se separó de la iglesia, hubo un notable desarrollo de la anatomía, la fisiología y la anatomía patológica, así como de las ciencias exactas y del método experimental, con un predominio de las concepciones materialistas.
Los cirujanos de diversos países de Europa lucharon durante este período por conquistar iguales derechos que los médicos, dejando atrás el papel inferior en que habían sido mantenidos durante la etapa feudal y así obtuvieron el derecho a abrir escuelas de cirugía. En Francia, que desde la época de Ambrosio Paré había sido el centro del desarrollo quirúrgico en el mundo, se creó a mediados del siglo XVIII, la Academia de Cirugía, que fue equiparada pronto a las Facultades de Medicina y sirvió de base para la construcción del nuevo tipo de escuela de medicina, unida a los grandes hospitales, para posibilitar la adquisición de habilidades prácticas, después que la Revolución Francesa cerró las antiguas universidades y facultades por su carácter reaccionario.
A finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX la cirugía en Europa había conquistado su reconocimiento social igualándose a la medicina clínica, había mejorado su base científica, su vinculación a la anatomía y la fisiología y los métodos de formación de los cirujanos, pero su práctica se limitaba al tratamiento de los traumatismos y de afecciones externas y realizar amputaciones. El tratamiento de las hernias estranguladas, abscesos, aneurismas y de la litiasis vesical mediante la litotomía constitutían sus mayores éxitos, pues los demás intentos de operar en las grandes cavidades fracasaban generalmente debido a la infección, la hemorragia y el shock y estaban limitados por la falta de un método idóneo de controlar el dolor.
En la primera mitad del siglo XIX se sentaron las bases de la anestesiología, que al suprimir el dolor humanizó el tratamiento quirúrgico y permitió a los cirujanos realizar operaciones más laboriosas y tomarse el tiempo requerido para cumplir cabalmente con sus objetivos y en la segunda mitad de este siglo se desarrollaron la asepsia y la antisepsia, lo que constribuyó a disminuir notablemente el riesgo de infección local y generalizada que daban al traste con el resultado funcional de la intervención y ocasionaban la muerte a más de la mitad de los operados hasta esa época.
A lo largo de la historia de la cirugía se habían intentado muchos métodos para aliviar el dolor, tales como el uso del alcohol, el opio, la raíz de mandrágora, la compresión de las arterias en el cuello para provocar isquemia cerebral y la sangría para causar la pérdida de la conciencia, pero el éxito de la anestesia no se logró hasta 1842 en que Crawford W Long (1815-1878) en Georgia, E. U. A. empleó por primera vez el éter, cuyo uso fue popularizado por Guillermo Morton (1819-1868) en 1846 al emplearlo en ese mismo país con excelente resultado en la extirpación de un tumor del cuello .
En 1844 Horacio Wells (1851-1848), usó sin éxito el protóxido de nitrógeno o gas hilarante y en 1847 James Young Simpson (1811-1870) introdujo el cloroformo en Edinburgo, con buenos resultados, iniciándose así la época de la anestesia general por inhalación que ha permitido los grandes logros obtenidos por la cirugía hasta el momento actual. En 1884 se comenzó a utilizar por el farmacólogo Anrep en Petersburgo, Rusia, la infiltración local de una solución de cocaína, lo que dió inicio al empleo de la anestesia regional en numerosas técnicas quirúrgicas. Las anestesias intrarraquidea e intravenosa se introdujeron a comienzos del siglo XX.
Las bacterias eran conocidas desde fines del siglo XVII en que habían sido descritas por Antonj von Leeuwenhock (1632-1723), quien mejoró para ello el microscopio, pero su real función era desconocida. Antes de los descubrimientos de Pasteur y Lister, algunos cirujanos se percataron de que la sepsis local y generalizada tenía una causa orgánica, que era capaz de desarrollarse y reproducirse en los pacientes quirúrgicos. Entre ellos merece recordarse el famoso cirujano ruso Nicolai I. Pirogof (1810-1881), quien en 1841 creó una sección especial para los pacientes sépticos en su clínica de Petersburgo, a fin de prevenir la infección intrahospitalaria. Para tratar heridas empleaba la tintura de iodo y las soluciones de cloruro de calcio y de nitrato de plata. También en esa época, Ignaz P. Semmelweis (1818-1865), obstetra húgaro, atribuyó la elevada mortalidad de la fiebre puerperal a la transmisión del agenta causal con las manos y los instrumentos utilizados en el parto.
En 1847 comenzó a emplear el agua clorada para el lavado de las manos del obstetra y de los genitales de la mujer, con lo que bajó dramáticamente la mortalidad de las parturientas, e introdujo la antisepsia antes que Lister.
Pero fue realmente el genio del eminente científico francés Luis Pasteur (1822-1895) quien, estudiando el proceso de fermentación del vino y la cerveza, estableció en 1857 que era debido a la presencia de microorganismos específicos. También encontró organismos diferentes en los procesos de putrefacción y en diversas enfermedades infecciosas de los animales, lo que le permitió descubrir su naturaleza microbiana. Esto le hizo llegar al conocimiento de que la acción del calor era capaz de destruir dichos gérmenes
y la posibilidad de preparar vacunas preventivas como la que logró contra el carbunclo en 1881 y contra la rabia en 1885. Tales descubrimientos explicaron que la presencia de microorganismos era la causa de las infecciones de las heridas quirúrgicas.
El cirujano inglés Joseph Lister (1827-1912) (Fig.14) aplicó a la cirugía los descubrimientos de Pasteur, dándole el fundamento científico necesario a las medidas antisépticas que recomendó, a base del empleo del ácido fénico, las cuales disminuyeron notablemente las complicaciones sépticas de las heridas y la mortalidad a consecuencia de las intervenciones quirúrgicas, lo que hizo posible el desarrollo de la cirugía de las grandes cavidades, que se inició a finales del siglo XIX e hizo posible el logro de los grandes éxitos que se han obtenido en esta rama de la medicina durante el siglo XX.
A partir de 1880 y con el concurso de cirujanos y otros investigadores de distintos países se desarrolló la asepsia para impedir el acceso de los gérmenes al área quirúrgica. Se aprovecharon algunos métodos ya usados en la antisepsia, como la limpieza rigurosa de la sala de operaciones y el tratamiento con diversas soluciones de las manos de los cirujanos y del campo operatorio y se introdujo la esterilización de los instrumentos, de los materiales de curaciones y de sutura y de la ropa del personal de la sala de operaciones.
La esterilización por sustancias químicas continuó utilizándose para el paciente y el personal quirúrgico, pero fue sustituida por el uso del calor mediante la ebullición, el vapor de agua y el autoclave para el instrumental y demás materiales que se empleaban en las operaciones.
Para la esterilización por el vapor de agua se usó el método que Roberto Koch (1843-1910) aplicó desde 1881 para esterilizar los utensilios de laboratorio y los medios de cultivo y el empleo del autoclave se basó en la demostración de Heidenreich en 1884, de que se lograba una mejor esterilización con el vapor a presión, por lo que el cirujano francés Redar propuso usar el autoclave en 1886. Estos métodos físicos de asepsia conservaron su utilidad hasta el momento actual, en que van siendo sustituidos progresivamente por el uso del óxido de etileno en cámaras especiales y la erradicación con rayos gamma para la esterilización de los instrumentos y algunos equipos y materiales usados en cirugía.
Los progresos logrados en la anestesia, la asepsia y la antisepsia, así como en los conocimientos anatómicos y fisiológicos hicieron posible un notable desarrollo de la cirugía desde finales del siglo XIX, al que contribuyeron fundamentalmente los cirujanos europeos y de los E.U.A. Entre ellos merecen destacarse el cirujano alemán Theodor Billroth (1829-1894), quien realizó por primera vez la resección del bocio, del esófago, del estómago, la histerectomía y operaciones sobre el hígado; Theodor Kocher (1847-1917), nacido en Suiza, quien fue el primer cirujano que recibió el premio Nobel en 1909, por sus aportes al tratamiento quirúrgico del bocio, Nikolai V. Sklifosovski (1836-1904), cirujano ruso, quien se destacó por la introducción de la asepsia y la antisepsia en su país y su participación en el desarrollo de la cirugía abdominal y militar; el cirujano austríaco Aanton F. Von Eiselberg (1860-1939) quien hizo importantes aportes a la cirugía gástrica y realizó el transplante de las glándulas paratiroides en la tetania paratiropriva; William S. Halsted (1852-1922), cirujano norteamericano, quien señaló la importancia de manipular con delicadeza los tejidos y hacer una cuidadosa hemostasia con suturas finas, perfeccionó la técnica de la reparación de las hernias y del tratamiento del cáncer de la mama, e introdujo en 1890 el empleo de los guantes de caucho en cirugía; Johann Von Mikulicz (1850-1905) cirujano polaco que hizo grandes aportes a la cirugía abdominal y realizó la primera resección del cardias por vía abdominal en 1898; Teodore Tuffier (1857-1929), cirujano francés, quien describió la apicolisis en el tratamiento de la tuberculosis pulmonar y que hizo en 1898 la primera comunicación acerca del masaje directo sobre el corazón en el paro cardíaco y Frederick Treves (1853-1923) quien popularizó la apendicectomía en Inglaterra después de haber operado al Rey Eduardo VII de una apendicitis aguda en 1902.
También a partir de la segunda mitad del siglo XIX se generalizó la práctica de la cirugía experimental para la búsqueda de las bases fisiológicas de las técnicas quirúrgicas, en la que se destacaron fisiólogos de diversos países como Rudolf Heidenhain (1834-1897) alemán, quién creó la bolsa gástrica para estudiar la fisiología del estómago; Claude Bernard (1813-1878), francés, quién escribió un libro clásico sobre esta ciencia; Nikolai V. Eck (1847-1908) fisiólogo ruso quién realizó la fístula portocava experimental en 1877, y muchos otros que hicieron grandes aportes al desarrollo científico de la cirugía.
En el año 1895 el investigador alemán Wilhelm K. Röntgen (1845-1923) descubrió los Rayos X y en 1896 el físico francés Antoine Becquerel (1852-1908) la radiactividad del uranio, estudios que fueron seguidos a partir de 1897 por el físico francés Pierre Curie (1859-1906) y su esposa de origen polaco Marie S. Curie (1867-1934), con lo que se inició una nueva época en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades quirúrgicas, que ha mantenido su continuo perfeccionamiento hasta nuestros días.
En el siglo XX se produjo la consolidación del extraordinario desarrollo que se inició en la cirugía desde las últimas décadas del siglo anterior; se descubrieron nuevos métodos de anestesia que permitieron operar con mayor seguridad no sólo en la cavidad abdominal, sino también en la torácica; se desarrollaron nuevos conocimientos sobre el medio interno y la transfusión sanguínea, que permitieron prevenir y tratar el shock; se descubrió la quimioterapia y la antibioticoterapia, que hicieron posible el tratamiento efectivo de las infecciones y se crearon las bases experimentales y clínicas que posibilitaron la realización de los transplantes de órganos y tejidos, para mencionar solamente los progresos más notables que se han logrado en nuestro siglo.
Ferdinand Sauerbruch (1875-1951) en Alemania inició en el año 1903 sus experimentos para conservar el equilibrio de presiones en la cavidad torácica durante las operaciones en el tórax y creó las cámaras de presión positiva y negativa con ese fin, pero sus resultados eran poco prácticos. Alrededor de 1910 se introdujo la anestesia por insuflación endotraqueal, que constituyó un progreso en ese sentido, pero no fue hasta la década de 1930 que se logró un equipo seguro para el control de la respiración durante las intervenciones quirúrgicas. El concepto de medio interno referido a la sangre y los líquidos corporales había sido creado por Claude Bernard a mediados del siglo XIX, pero el empleo en la práctica de esos conocimientos se hizo en el siglo XX con el aporte de numerosos investigadores, como Karl Landsteiner (1868-1943), quien describió los grupos sanguíneos en 1900 e hizo posible las transfusiones de sangre con seguridad; Walter Cannon (1871-1945), quien creó el término homeostasia; Lawrence J. Henderson, con sus trabajos sobre el equilibrio ácido básico y Francis D. Moore (1913-), quién hizo grandes aportes al metabolismo de los pacientes quirúrgicos a partir de 1952. La quimioterapia tuvo su origen en el uso del arsénico para el tratamiento de la sífilis por Paul Erhlich (1854-1915) en 1910 y el principal aporte a la cirugía lo constituyó el descubrimiento del derivado sulfamídico prontosil rojo por Gerhard Domagk (1895- ) en 1935, mientras que la era de la antibioticoterapia se originó con el hallazgo de la penicilina por Alexander Fleming (1881-1955) en 1929, aunque su empleo terapéutico no se hizo hasta 1941, dando origen a una serie infinita de descubrimientos en esta esfera, la cual ha ampliado su espectro de acción hacia un número creciente de microorganismos y sus nuevas variedades resistentes.
Aunque los transplantes de tejidos eran conocidos desde la más remota antigüedad, cuando los hindúes empleaban el transplante de piel de la región glútea para reconstruir la nariz y las orejas y no dejaron de hacerse intentos a lo largo de la historia, como el transplante experimental de un espolón a la cresta de un gallo hecho por John Hunter (1728-1793) en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, fue realmente a partir de los trabajos de Alexis Carrell (1873-1944) entre 1902 y 1912 que se puso en evidencia su posible utilidad clínica y su principal obstáculo: el rechazo de causa inmunológica.
El trabajo de cirujanos de diversos países de Europa y de los E.U.A. aprovechando los avances logrados en el campo de la inmunología y de la farmacología de las sustancias inmunosupresoras, permitieron una mejor compatibilidad tisular entre el donante y el receptor y una satisfactoria prevención y tratamiento de la reacción de rechazo, hasta hacer una realidad en el momento actual el éxito clínico de los transplantes de riñón, corazón, pulmón, páncreas, hígado, córnea, e inclusive del tejido nervioso. Merecen destacarse algunos de los investigadores y cirujanos que han hecho posibles estos avances en diversos países, a lo largo de los últimos años.
Así, el primer transplante visceral que se realizó en el hombre fue el de riñón por J. Varonoy en la URSS en 1934, pero el paciente falleció a las 48 horas, no siendo hasta 1953 en que L. Michon y colaboradores, en Francia y J.E. Murray y colaboradores en los E.U.A., pusieron en marcha el uso clínico de este tipo de transplante, que no ha dejado de obtener éxitos crecientes en numerosos países, incluido el nuestro, y es el que mayor número de veces se ha realizado en el mundo hasta el momento presente. En 1963 se realizaron los primeros transplantes hepáticos y del pulmón en el humano por T.E. Starzl y colaboradores y J.D Hardy y colaboradores, respectivamente, en los E.U.A. y en el año 1967, se hicieron los primeros transplantes humanos de intestino delgado por, R.C. Lillehei y colaboradores, del páncreas por W.D.Kelly y colaboradores, ambos en los E.U.A. y del corazón por Christian Barnard, en la República Sudafricana.
En 1987 se inició una verdadera revolución en la práctica quirúrgica con la realización, por el ginecólogo francés Philippe Mouret de la primera colecistectomía por vía laparoscópica. Con ello se inició la era de la cirugía de mínimo acceso por vía endoscópica que se extendió rápidamente por todo el mundo.
Los progresos evidentes de la cirugía durante la etapa del capitalismo han sido limitadas por el carácter individualista y mercantilista del ejercicio de la medicina en esta sociedad, basado fundamentalmente en la práctica privada, lo que ha hecho inaccesibles sus beneficios a una parte importante de la población de estos países, aun en aquellos que han desarrollado diversos sistemas de seguridad social y cooperativa. Esto ha sido aún más evidente en la población de los países colonizados y dependientes, donde los niveles de salud han sido mucho más dramáticos, reflejados en sus altos índices de mortalidad infantil y general y en la limitada esperanza de vida al nacer, y la baja calidad de vida de un alto porcentaje de sus ciudadanos.

E. La cirugía en la época de la construcción del socialismo

Con el triunfo de la Revolución Bolchevique el 25 de octubre de 1917 en Rusia y más tarde la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, se inició una nueva etapa en el desarrollo de la sociedad humana, cuyo propósito ha sido la construcción del socialismo y del comunismo, teniendo como guía las ideas de Carlos Marx (1818-1883), Federico Engels (1820-1895) y Vladimir I. Lenin (1870-1924).
Por primera vez en la historia se erradicaron las condiciones que provocaban la explotación del hombre por el hombre y se generaron las premisas necesarias para el completo desarrollo de todas las fuerzas creadoras de las amplias masas de trabajadores.
Basadas en la teoría del socialismo científico se determinaron las características esenciales de la atención médica en general y de la cirugía en particular en la sociedad socialista, que están dadas por la responsabilidad estatal en el cuidado de la salud de la población, la organización en un sistema único de estos servicios, la erradicación del individualismo y el sentido utilitario en la medicina y su sustitución por el humanismo socialista y el trabajo colectivo, la prioridad a los aspectos preventivos, el carácter gratuito y la asequibilidad de la atención médica a toda la población y la participación de las organizaciones políticas y sociales en las actividades de promoción, prevención y recuperación de la salud. A esto se unió el apoyo al desarrollo científico en provecho del pueblo y la estrecha relación de la ciencia con la práctica social, para lo cual se crearon las instituciones que hacen posible el logro de estos fines.
En tan importante labor se han destacado por sus aportes científicos un considerable número de cirujanos, entre otros, los soviéticos Nikolai N. Burdenko (1876-1946), quien empleó la doctrina de Ivan P. Pavlov (1849-1956) al elaborar la teoría neurogénica de las úlceras y con sus colaboradores Spasokukotski, Polenov y Grekov estudiaron con gran éxito los problemas de la cirugía del sistema nervioso y de la intervención quirúrgica en los órganos de la cavidad torácica o los no menores aportes de Alexander V. Vishnevski (1874-1948) y su escuela, en el uso de la anestesia local y en el desarrollo de los transplantes de órganos y de la aplicación de la cibernética al diagnóstico, la investigación y la gestión en medicina y cirugía. Debe destacarse especialmente la creación en el año 1951 por la Academia de Ciencias Médicas de la U.R.S.S. del Instituto para Instrumentos Quirúrgicos Experimentales de Moscú, en el cual se desarrollaron innumerables instrumentos que han contribuido al desarrollo de las técnicas quirúrgicas, principalmente los modernos instrumentos de sutura mecánica, que han facilitado grandemente la realización de estas técnicas en las suturas pulmonares, cardiovasculares y digestivas, los que han continuado su desarrollo y ampliado su empleo con aportes hechos por los investigadores de los Estados Unidos de América, pero siempre conservando los mismos principios que sirvieron para su creación a los investigadores soviéticos.
La caída del sistema socialista en la antigua Unión Soviética y los países de la Europa del Este entre los años 1989 y 1991 no disminuye las enormes ventajas logradas en el campo de la medicina social en estos estados, que incluye la práctica de la cirugía y la sobrevivencia de las mismas en naciones que, aun con grandes reajustes económicos como China, Corea del Norte, Cuba y Viet Nam, mantienen dicho sistema social.

F. Historia de la cirugía en Cuba

Los aborígenes en Cuba poseían una cultura menos desarrollada que sus contemporáneas de México y Perú, pero tenían sus médico-sacerdotes, llamados behiques, que conocían algunas enfermedades y empleaban principalmente como método de tratamiento la hidroterapia. Bañaban a los niños al nacer y también lo hacía la madre después del parto. Igualmente poseían algunos conocimientos quirúrgicos, pues realizaban sangrías y reducían fracturas. Algunos historiadores han señalado que practicaban la castración como pena para ciertos delitos.
Cuando Cristóbal Colón inició en octubre de 1492 la colonización de Cuba con 3 embarcaciones y 120 hombres, llegaron con él un cirujano (Maese Juan) y un médico (Maese Alonso), y en su segundo viaje, en septiembre de 1493, en que vino con 14 embarcaciones y 1500 hombres, le acompañó otro cirujano y un médico graduado universitario, el doctor Diego Alvarez de Chancas, que había ejercido la profesión en Sevilla y que asistió a Colón durante la travesía. En esa época los cirujanos tenían muy bajo nivel cultural y eran objeto de burla en los círculos científicos.
La población aborigen fue casi totalmente aniquilada en los primeros años de la conquista, debido a su lucha contra los colonizadores españoles, al trabajo esclavo a que fueron sometidos y a las enfermedades que les trasmitieron los conquistadores, por lo que para resolver la falta de mano de obra, en el siglo XVI, comenzó el comercio de esclavos africanos, quienes aportaron a nuestra isla su cultura y su propia medicina, que se sumó a las prácticas de los primitivos pobladores y a las de los monjes de ordenes hospitalarias, flebotomianos, boticarios, herbolarios, sangradores y barberos venidos de España, para integrar una medicina popular, que trató de cubrir las necesidades de atención médica de la población, las cuales no podían ser satisfechas por los escasos médicos y cirujanos españoles, pues aún en el siglo XVIII, en 1713, sólo había dos facultativos en La Habana.
Con el fin de acreditar a los médicos y cirujanos para el ejercicio de la profesión, fiscalizar el ejercicio de la medicina y orientar medidas sanitarias ante las epidemias, en 1711 reinició sus actividades el Real Tribunal del Protomedicato, el cual había tenido previamente una efímera existencia de 1634 a 1637. En el año 1832 las funciones de este tribunal fueron asumidas por la Junta Superior Gubernativa de Medicina y Cirugía, hasta al año 1842, en cuya fecha sus poderes para otorgar títulos fueron transferidos a la Universidad de La Habana.
El primer antecedente en nuestro país de la formación de cirujanos (cirujanos romancistas) se realizó por los hermanos de la Orden de San Juan de Dios en el hospital de San Felipe y Santiago, en una fecha no bien precisada entre 1711 y 1726 , pero la enseñanza formal de la medicina se inició con la fundación de la Universidad de La Habana por los frailes de la Orden de Predicadores o Dominicos en 1728.
Al inicio los conocimientos de cirugía se brindaron junto con los de anatomía, hasta que aquélla se independizó como cátedra en 1824, fundada por el doctor González del Valle y Cañizo (1803-1899).
A pesar de estos avances, la cirugía tuvo poco desarrollo durante el siglo XVIII y los comienzos del siglo XIX, ya que la enseñanza en la Universidad era teórica y muy limitada y sólo se practicaban operaciones externas, amputaciones y otras intervenciones en los miembros, abscesos, sangrías, algunas trepanaciones y el tratamiento de las heridas de guerra, como las ocurridas durante la toma de la Habana por los ingleses en 1762.
Hasta finales del siglo XIX no se realizaron en Cuba operaciones en las grandes cavidades, limitándose antes de esa época a efectuar operaciones externas y solamente existían como especialidades la medicina y la cirugía, pues las demás especialidades quirúrgicas no se separaron de la cirugía general hasta el siglo XX.
A partir de la fundación de la cátedra de cirugía en la Universidad apareció un número creciente de cirujanos destacados en nuestro país, que le dieron un carácter más científico a esta rama de las ciencias médicas.
Entre ellos brilló Nicolás José Gutiérrez y Hernández (1800-1890), quién ligó la arteria ilíaca interna por un aneurisma en 1848, siendo la tercera ocasión en que se realizó esta operación en el mundo; extirpó un tumor de la mama en 1848, empleando como anestésico el cloroformo, sólo unos meses después de haberse introducido esta sustancia con ese fin; creó la primera revista médica cubana, el "Repertorio Médico Habanero", en 1840; y en 1861 fundó la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. Además se destacaron entre otros, en este período Federico Gálvez Alfonso (1829-1889), quién realizó la primera talla perineal por cálculo en 1856 y José S. Pulido Pagés (1848-1890) quien hizo la primera desarticulación coxofemoral en 1869.
Durante la guerra de independencia de 1868 a 1878 muchos cirujanos se incorporaron a esa lucha. Mencionaremos entre ellos a Antonio L. Luaces e Iraola (1842-1875)(Fig.20), quien operó al Mayor General Ignacio Agramonte cuando fue herido en el combate del Salado y dio su vida por la Patria al ser fusilado en Camagüey después de ser hecho prisionero por los españoles; José Figueroa Véliz (1842-1877), quien operó al Generalísismo Máximo Gómez cuando fue herido en el cuello al atravesar la trocha de Júcaro a Morón y José María Párraga Fernández (1847-1892), quién fue herido en el combate de Najasa mientras operaba a un mambí y de quién dijo José Martí: "El médico en los años de la guerra vio de cerca la muerte sin temblar".
Después de esta guerra se realizaron operaciones de mayor complejidad, atribuyéndose el impulso que recibió la cirugía en esa época a un numeroso grupo de destacados cirujanos entre los que mencionaremos a Francisco Cabrera Saavedra (1850-1925), quien efectuó en 1878 dos ovariotomías con éxito y otras intervenciones abdominales; Ignacio Plasencia Lizazo (1843-1913), quien realizó, en 1881, la primera perineorrafia por el proceder de Emmet en nuestro país. En 1892 Joaquín Albarrán Domínguez (1860-1912) obtuvo la plaza de Profesor Agregado en la Universidad de París y años después llegó a ser Profesor Titular de la Cátedra de Vías Urinarias e hizo notables aportes a la Urología mundial, Raimundo G. Menocal y G. Menocal (1856-1917), quien realizó la primera gastrostomía en Cuba en la última década del siglo XIX y Julio Ortiz Cano (1873-1934), que operó la primera apendicectomía en nuestro país en 1899.
A finales de ese siglo se comenzaron a aplicar los métodos de asepsia y antisepsia en Cuba, por Gabriel Casuso Roque (1851-1923), con lo que disminuyeron notablemente los índices de mortalidad, pues anteriormente eran muy elevados, ya que en el Congreso Médico Regional que se celebró en La Habana en 1890, se presentó un informe que comprendía 25 fallecimientos en 62 laparotomías.
Cuando se lograban estos progresos en nuestra cirugía se reinició la lucha por la independencia de la Patria en 1895, inspirada por el Héroe Nacional José Martí y muchos de los más destacados cirujanos cubanos se incorporaron a esa lucha, al igual que había ocurrido en 1868, entre ellos Francisco Domínguez Roldán (1864-1942), Enrique Nuñez Palomino (1872-1916), Joaquín Castillo Duany (1858-1902) y Federico Incháustegui Cabrera (1838-1895), los que realizaron las más complejas operaciones en las condiciones más difíciles.
Al terminar la guerra en 1898 con la frustración de la independencia por la intervención norteamericana, la cual se mantuvo hasta el 20 de mayo de 1902, se reanudaron normalmente las actividades quirúrgicas en el país.
Durante la república liberal-burguesa (1902-1958) no existieron las condiciones óptimas para el progreso científico, pues la penetración de los intereses norteamericanos y las lacras heredadas de la colonización distorsionaron la vida nacional en todos los órdenes.
Sin embargo, durante este período se lograron algunos progresos debido a la constancia de cirujanos aislados, la mayor parte de ellos en la capital de la república y profesores de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, única existente en el país.
Entre ellos mencionaremos a Enrique Fortún André (1872-1947), cirujano del Hospital No.1, después Hospital General Calixto García, quien realizó en 1900 la primera operación por embarazo ectópico y que en 1905 extirpó con éxito un tumor del estómago; José A. Presno Bastiony (1876-1953), quien efectuó en 1901 las primeras colecistectomías e introdujo la anestesia raquídea y que, entre 1903 y 1918, operó histerectomía total, absceso hepático, gastroenterostomía posterior, neumotomía por caverna tuberculosa, tiroidectomía, trepanación del cráneo y extirpación de un quiste hidatídico del hígado; Enrique Nuñez Palomino, (1872-1916) el cual ligó por primera vez en Cuba el tronco venoso braquiocefálico en 1901 y que en todo el año 1902 realizó 97 laparotomías con un bajo índice de mortalidad; Raimundo G. Menocal y G. Menocal, (1856-1917),
quién extirpó una costilla cervical en 1902 y resecó un quiste del páncreas en 1906 y Bernardo Moas Miyaya (1863-1936) que fue el primer cirujano en Cuba y el segundo en América Latina que suturó una herida del corazón en 1907.
El 1906 se emplearon guantes para operar por primera vez y en 1911 se iniciaron con seguridad las transfusiones sanguíneas en nuestro país.
En 27 de enero de 1929 fue fundada la Sociedad Nacional de Cirugía, la que celebró su primer congreso en esa fecha.
A partir de la tercer década de este siglo se destacaron Ricardo Nuñez Portuondo (1893-1973), el cual creó una escuela de cirugía con numerosos discípulos notables, que situaron a Cuba en un lugar relevante en América Latina; Pedro Pablo Novo Gelats (1904-1950), quien realizó con éxito la primera esofagogastrectomía en 1944, Eugenio Torroella Mata (1896-1984), que realizó la primera lobectomía por absceso del pulmón en 1931; Roberto Guerra Valdés (1914-1979) y Eugenio Torroella Martínez-Fortún (1919-1984), quienes en la década de 1940 se contaron entre los iniciadores de la cirugía cardiovascular en nuestro país y José Antonio Presno Albarrán (1916-1978), la mayor autoridad en la cirugía del aparato digestivo en ese período.
Estos cuatro últimos maestros de la cirugía, junto con Enrique Hechavarría Vaillant (1912-1995), reconocido como el padre de la cirugía pediátrica en Cuba y Pedro Pablo Cabal (1908- ), todos fallecidos, integran el honroso grupo de los seis cirujanos (Los 5 primeros profesores de cirugía y el último de anatomia, de la antigua Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana) que se mantuvieron fieles a sus labores docentes y a nuestro pueblo después del triunfo revolucionario del 1ro. de enero de 1959.
A partir de diciembre de 1956 se inició la lucha en la Sierra Maestra contra la dictadura de Fulgencio Batista Zaldívar, lidereada por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y al igual que en nuestras guerras de independencia del siglo pasado, se incorporaron a esa lucha numerosos cirujanos generales, tales como José R. Machado Ventura (1930), René Vallejo Ortiz (1920-1969), Manuel Fajardo Rivero (1931-1960), Horacio González Menchero (1927) y Juan Páez Incháusti (1900-1976), entre otros, así como estudiantes de medicina, ejemplo de los cuales fue Octavio de la Concepción y de la Pedraja (1935-1967), quien entregó heroicamente su vida años después en las selvas de Bolivia, formando parte de la guerrilla del inolvidable Comandante Ernesto Che Guevara (1928-1967).
Los progresos logrados por la cirugía en Cuba desde la instauración de la república liberal-burguesa hasta el triunfo de la Revolución el 1ro de enero de 1959 no eran accesibles a las grandes masas del pueblo, sumidas en la miseria y el desempleo y más aún cuando habitaban en las poblaciones pequeñas y en las zonas rurales y montañosas, muy extensas, en las cuales no existía ningún médico, como fue denunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en su histórica defensa por el ataque al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953.
Esta situación se transformó radicalmente después del triunfo de la Revolución, que introdujo profundos cambios en la estructura económica, política y social del país, lo que permitió que Cuba se liberara de la dependencia de los Estados Unidos y obtuviera su plena dignidad y soberanía. Ello hizo posible establecer el principio de que la salud es un derecho del pueblo y una responsabilidad del Estado e incrementar el presupuesto dedicado a esos fines en más de 40 veces el que existía en 1958. Se estableció un sistema único de salud, se extendieron los servicios a todo el país con carácter gratuito, se priorizaron los programas preventivos y de promoción de la salud y se prestó la atención requerida a la rehabilitación, se creó el servicio médico social rural en 1960, se construyeron hospitales urbanos y rurales, policlínicos y otras unidades de salud en todo el país, se incrementó la formación de personal médico y técnico, para lo cual a partir de 1962, se crearon nuevas facultades de medicina, que han llegado a 22 en todas las provincias del país, agrupadas en 4 Institutos Superiores de Ciencias Médicas, además de un número creciente de escuelas de técnicos médios y politécnicos de la salud. También en 1962 se organizó el sistema de especialización y en 1973 el sistema de perfeccionamiento y educación continuada, para garantizar en forma permanente la más elevada calidad de nuestros especialistas y técnicos de la salud.
Otros de los principios de nuestro sistema nacional de salud es la integración de las actividades asistenciales, docentes y de investigación. En esta última esfera también se realizaron los mayores esfuerzos desde el triunfo de la Revolución, pues ya en 1966 se crearon 12 institutos de investigación y, al igual que ha ocurrido con la docencia, las investigaciones se han extendido progresivamente a todas las instituciones del sistema, incluyendo los consultorios del médico de familia, priorizándose las dirigidas a resolver nuestros principales problemas de salud.
Los ingentes esfuerzos realizados por la Revolución en el campo de la salud lograron no sólo derrotar los inhumanos propósitos del imperialismo norteamericano de privarnos de médicos, ya que en los primeros años después de 1959 estimularon y propiciaron el éxodo del 50 % de los 6 405 con que contábamos en ese año, sino que se ha logrado un incremento de todos los recursos humanos y materiales de nuestro sistema de salud, que han colocado al país a la vanguardia de las naciones del tercer mundo y aun por encima de algunos países de gran desarrollo industrial, lo que ha permitido a nuestros trabajadores del sector establecer el propósito de alcanzar los más elevados niveles de salud que se puedan lograr en el mundo.
Como ejemplo de los logros obtenidos basta mencionar que en 1999 alcanzamos las cifras de 64 863 médicos (1 por cada 171 habitantes) y de ellos 29 648 médicos de familia; 12 871 estudiantes de medicina; 276 hospitales con 61 756 camas (5,5 por 1 000 habitantes) y 442 policlínicos. En el aspecto cualitativo señalaremos que en 1997 la esperanza de vida al nacer de nuestra población fue de 75 años y que la mortalidad infantil fue de 7,2 por 1 000 nacidos vivos, indicadores que nos colocan al nivel de los países de mayor desarrollo económico.
La cirugía en nuestro país ha contribuido activamente a obtener estos logros en la calidad de los servicios y el desarrollo de la docencia y la investigación. En 1999 se alcanzaron las cifras de 1 291 especialistas y 290 residentes en cirugía general y 183 especialistas y 43 residentes en cirugía pediátrica, lo que no solamente garantiza las necesidades de nuestro país, sino que permitirá satisfacer las demandas de colaboración de otros países mediante la ayuda internacionalista, en la que han participado 24 765 trabajadores de la salud hasta 1997. En este último año participaron en dicha colaboración 1 253 en 54 países, de los cuales 101 fueron cirujanos.
Un logro importante de los cirujanos de nuestro país ha sido su participación en los transplantes de órganos y tejidos. Así, ya en 1969 contribuyeron al inicio de los transplantes renales, de los cuales se han hecho mas de 1 000 hasta el momento actual y, a partir de 1986, comenzaron a realizarse transplantes de páncreas e hígado y autotransplantes de tejidos con técnicas microquirúrgicas.
En 1991 se introdujo en Cuba la cirugía de mínimo acceso por vía video-laparoscópica, seguida inmediatamente después por la vía torascocópica y las de otras regiones, las cuales se han ido extendiendo progresivamente a los servicios quirúrgicos de adultos y niños en la totalidad de las provincias del país.
Todo esto indica el elevado nivel técnico alcanzado por nuestra especialidad hasta el momento actual y nos asegura el desarrollo futuro de la misma, basado en el gran número de cirujanos jóvenes formados por la Revolución.

Arriba

Recomendaciones:

Teniendo en cuenta la importancia de los conocimientos históricos para comprender e interpretar el desarrollo de la humanidad en general y de cada país y de cada una de sus manifestaciones en particular y para estar en condiciones de prever su evolución y progreso en el futuro, consideramos que este modesto acercamiento a la Historia de la Cirugía puede servir de base y estímulo a los lectores para continuar profundizando en estos importantes aspectos de nuestra cultura médica. Por tanto, les recomendamos que así lo hagan, en la seguridad de que ello contribuirá a convertirlos en médicos mas integrales desde el punto de vista científico y humano.

Arriba

Referencias Bibliográficas.

  1. Castro Ruz, F.: La historia me absolverá. Ed. C. O. R. del C. C. del PCC Instituto Cubano del Libro, 1973; La Habana, pág.46.
  2. Castro Ruz, F.: Informe Central al Primer Congreso del PCC. Ed. D. O. R. del C. C. del PCC. 1975; La Habana, Pag.133.
  3. Delgado García, G.: Los profesores Presno: 80 años de historia de la cirugía cubana. 1987; Cuadernos de Historia de la Salud Publica, 72: 285?315.
  4. Delgado García, G.: Doctor Nicolás J. Gutiérrez. Precursor y fundador científico en Cuba. 1987; Cuadernos de Historia de la Salud Pública, 72: 177?208.
  5. García Gutiérrez, A. et al.: Desarrollo de la cirugía general y pediátrica en Cuba. 1986; Ed. Palacio de las Convenciones. La Habana.
  6. García Gutiérrez, A. et al.: Empleo de los instrumentos de sutura mecánica en la cirugía del aparato digestivo. 1966; Rev. Cub. Cir.5:277-317, mayo-junio.
  7. Graham. H.: Historia de la cirugía. ,1942; Ed. Iberia ? Joaquín Gil, Barcelona.
  8. Llorens Figueroa, José A.: Evolución histórica de los servicios de salud en Cuba. lll Curso Internacional sobre metodología de la investigación científica en los servicios de salud. 1986; Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Central de Ecuador, Quito,22 de septiembre al 8 de octubre.
  9. Multanovski, M.: Historia de la medicina. 1967; Ed. Academia de Ciencias de Cuba, La Habana.
  10. Olch, P. D. Harkins. H. N.: A historical review of gastric surgery. En Surgery of the stomach and duodenum, Harkins, H. N. y Nyhus, LL. 1962; M., Little, Brown and Co. Boston, , pág.3.
  11. Presno Albarrán, J. A. et al.: Cirugía de Guerra. Tomo 1. 1969; Ed. Ciencia y Técnica. Ciudad de La Habana, pág. 7.
  12. Torroella Mata E. et al.: Cirugía, Tomo 1, 2da. Edición. 1978; Ed. Pueblo y Educación, Ciudad de La Habana,. Pág. 1.
  13. Sabiston, D. C.: Tratado de patología quirúrgica. 1985; Ed. Científico?Técnica, 11na. Edición, Ciudad de La Habana..pág. 1 .
  14. Ministerio de Salud Pública: Anuario Estadístico, 1996. Ed. Dirección Nacional de Estadística, MINSAP, 1997.

Arriba

Última actualización: 16 de Mayo del 2002
Copyright © 2001 Facultad de Ciencias Médicas "Cmdte. Manuel Fajardo"
cev2002@infomed.sld.cu
 
Se ve mejor con Internet Explorer 4 o superior